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Navidad Robada: La Traición Familiar

Capítulo 1 

Palabras:762    |    Actualizado en: 08/07/2025

o podía ocultar su emoción, hablaba por teléfono con esa vo

nos un gusto este año, ya sabes, los niños crec

medias, mi prima Lucía, la hija de la hermana de mi padre, siempre llamaba

, qué maravilla, tía. Usted

e a mí siempre me supo a veneno, mi madre, en su i

o no hace daño, ¿verdad? Reservamos una mesa grande para toda la fam

servación, y sentí un nudo en el estómago, era una sensación familiar, una

tanto gusto por ustedes, de

se giró hacia mí con

pre tan atenta, se alegra

una so

má. Muy

ces de la ciudad, una decoración elegante y un ambiente festivo, mi padre, Roberto, mis abuelos paternos, Don Rica

de servir una copa d

lsa pintada en la cara, seguida de su esposo, Miguel, un hombre corpulento y de

sorpresa encon

a una feliz coincidencia, mi padre frunció el ceño, yo crucé los brazos, solo

idad! ¿Ustedes tambi

lástima, "pero parece que está todo lleno, no hay ni un

con las manos en los bolsillos y una mirada

n su voz rasposa, "¿no nos podrían h

a estaba puesta para diez personas, nosotros

la era incapaz de decir que no, su generosid

usta...", comenzó a decir mi

puchero, "Mire, podemos apretarnos un poquito, l

de mi hermana, como si fueran objetos, bultos que se podían

n la voz más firme que pude, "ellos tienen

puro rencor, pero enseguida

a broma, solo queremos pasar la Navi

sillas de otras mesas vacías, sin pedir permiso, el mesero se ace

peón, somos familia,

ro espacio, robándose la paz de nuestra cena navideña, mi madre

luta, que la armonía era lo úl

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Navidad Robada: La Traición Familiar
Navidad Robada: La Traición Familiar
“Navidad se acercaba, y todo en casa olía a alegría, mi madre, Isabel, radiante como siempre, ultimaba los preparativos para nuestra gran cena familiar. Pero la llamada de Lucía, mi prima, esa misma noche, trajo consigo una sensación agridulce, su voz melosa, siempre tan interesada, escondía algo que me revolvía el estómago. Inesperadamente, lo que prometía ser una noche mágica en "El Mirador del Valle" se convirtió en una invasión, Lucía llegó con su familia, sin invitación, reclamando un lugar en nuestra mesa. "Familia, ¡qué sorpresa encontrarlos aquí!", exclamaron, como si no supieran de antemano el nombre de nuestra reserva, la cual habían investigado con antelación. Mi madre, en su infinita bondad, se dejó llevar, intentando mantener la paz, incluso cuando Lucía y Miguel, su esposo, empezaron a desplazar a mis abuelos a un rincón, mientras sus hijos campaban a sus anchas, molestando a todos. Sentía una impotencia enorme al ver a Miguel encender un puro en medio del restaurante. Sus groserías y burlas hacia mi familia nos hirieron profundamente. "¡Todavía con tu tiendita esa de cosas para bebés? ¿Sí deja para vivir o es nomás un hobby para no aburrirte en la casa?", preguntó Miguel con ironía. La humillación alcanzó su punto máximo cuando Miguel, sin reparo, le arrebató un trozo de comida del plato a mi abuelo. Pero el colmo fue cuando Leo, el hijo de Lucía, empujó a mi hija al suelo, hiriéndola, mientras su madre, lejos de disculparse, se burlaba: "¡Fue un simple empujón de niños, ni que la hubiera matado!". Ver a mi hija herida, la burla de Lucía y el cinismo de Miguel, encendió una chispa en mi madre, Isabel, esa mujer dulce y paciente que creía conocer. Un grito desgarrador brotó del alma de mi madre: "¡La sangre no te da derecho a abusar de mi bondad, a humillar a mis padres, a golpear a mis nietos y a insultar a mis hijas!". Lucía, con una sonrisa torcida, contestó: "Te voy a demandar, tía, vamos a empezar con una compensación de... ¿qué te parece medio millón de pesos para empezar?". No solo admitía la extorsión sobre la que tanto había planeado, sino que además, reveló su verdadero objetivo: "El abuelo dice que tienes que dármela para reparar el honor de la familia!". Fue entonces cuando lo impensable sucedió, mi madre, con una fuerza que nunca le había visto, agarró su teléfono y lo estrelló con furia contra la cara de Lucía. "Esa es mi contraoferta", sentenció mi madre. Esa noche, la batalla por la cena se transformó en algo mucho más grande: la lucha por la dignidad, por la familia que sí nos importaba y por la verdad que Lucía y Miguel intentaron esconder. ¿Sería este el fin de años de abuso o apenas el comienzo de una guerra familiar por venir?”
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