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Venganza, Amor y Traición

Capítulo 3 

Palabras:714    |    Actualizado en: 08/07/2025

les a mi alrededor. Mantenía los ojos c

nfianza de los Vargas. "Los fármacos que se le administraron eran extremadamente agresivos. Dañaron permanentemente el

Elvira. "Asegúrese de que el informe oficial solo

sto, señor

ero escucharlo así, de forma tan clínica y fría, le dio una finalidad demoledora. E

lado, sosteniendo mi mano de nuevo. Su rostro mostra

alivio. "Nos diste un susto terrible. Tuviste una complicació

se le quebr

do, ya no podremos tener más h

acción. Esperando mis lá

xactame

, sino por la magnitud de su crueldad. Lloré por mi hijo perdid

ostro en su hombro para ocultar el odio en mis ojos. "

elajaba contra el mío. Se

iando mi cabello. Llamó a una enfermera y le dio

bebé. Alejandro lo tomó en brazos con

stro hijo. Él nos

ré al niño, el recordatorio viviente de la traición

arlo", pedí

equeño y cálido cuerpo fue extraño. No sentí el torrente de amor que esperaba con mi propio hijo, sino u

Alejandro, sonriendo. "Necesito hace

beso en la frente y

mi máscara se desvaneció. Miré al bebé en

y afilada por el dol

esposa sumisa y rota que él quería que fuera. Lo dejaría bajar la guardia,

godeaba en su victoria

dócil, cada caricia forzada ser

despertado algo dentro de mí que no sabía que exi

cansado. Se quitó el saco, aflojó su corbat

argo", suspiró, c

la voz más dulce que pude fingi

da y regular. El hombre que había ordenado la muerte de su p

a era na

espiración, asegurándome de que

to había

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Venganza, Amor y Traición
Venganza, Amor y Traición
“El dolor era una niebla espesa y punzante que me envolvía, cada hueso de mi cuerpo se quejaba, mi vientre era un eco vacío. Entre la neblina, filtré voces familiares, la tensa de Alejandro, mi esposo, y la cortante de mi suegra. "¿Estás seguro de que nadie sospecha nada, Alejandro? Un accidente en las escaleras, justo ahora... es demasiado conveniente.", dijo ella. "Tranquila, mamá. El médico es de confianza. Dijo que fue un resbalón desafortunado, común en su estado.", respondió él, y la verdad me golpeó. No tropecé, alguien me empujó. "¿Y el... problema? ¿El bastardo?", escuché a mi suegra sin pizca de emoción. Un silencio pesado. "El problema está resuelto, mamá. Ya no existe.", sentenció Alejandro con un susurro mortal. Mi bebé. Mi hijo. Mi mano voló a mi vientre, pero el bulto de ocho meses había desaparecido, dejando solo un vacío doloroso bajo la delgada sábana de hospital. Un sollozo roto escapó de mí. Mi amor y confianza en Alejandro se hicieron añicos. Todo era una farsa. "Bien hecho, hijo mío. Ese niño nunca debió nacer. Mancharía el apellido Vargas. Ahora solo queda el hijo de Camila, un heredero de pura sangre.", añadió Doña Elvira. ¿Camila? Su asistente. Ella tenía un hijo de él. "Para que no haya más... accidentes... ni sorpresas, el doctor le administrará un medicamento. Algo fuerte. La dejará limpia. Estéril.", escuché a Alejandro. Mi hijo me había sido arrebatado, y también la posibilidad de volver a ser madre. Luego, la segunda voz. "Nadie sabrá jamás que tú la empujaste por las escaleras." No fue él. Hizo que alguien lo hiciera. Pagó para matarnos. El dolor físico se volvió insignificante. Me mordí el labio, el sabor a sangre llenó mi boca. Tenía que fingir. Pero esa Sofía, la ingenua y confiada, acababa de morir junto con mi hijo. En esa cama de hospital, rodeada de traición, nació una nueva mujer. Debía escapar. Sobrevivir. Y un día, por la Virgen de Guadalupe, Alejandro Vargas y sus cómplices pagarían. Cerré los ojos, una lágrima silenciosa, esperando mi momento.”
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