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Venganza, Amor y Traición

Capítulo 2 

Palabras:727    |    Actualizado en: 08/07/2025

oré por mi bebé, pero dejé que creyeran que eran las lágrimas de una madre en du

peñó su papel a

ras de consuelo con una cara de dolor tan convincente qu

ojos llenos de una falsa tristeza. "Sé que duele, pe

bofetada. Cada carici

n una sonrisa forzada y un pequeño bulto

, tengo una sor

zón se

un niño hermoso, de piel clara y cabello oscuro y fino.

regunté, con la

é que... que tener un bebé en casa nos ayudaría a sanar. A llenar e

encia que contrastaba brutalmente con la red de mentiras que lo rodeaba. Y en

ar que tenía

y su amante. El heredero de "pura

dre asesinada, para que lo criara. La crueldad de ese

lejos de mí. Pero me contuve. Mi pl

lejandro", susurré,

, aliviado por mi a

l doctor dijo que necesitas tomar esto para tu rec

na pastilla blanca y grande. Me

que me deja

e sabía lo que era. Pero vi sus ojos, fríos y calculadores detrás de la máscara

a. Era el precio

la aniquilación de mi futuro como madre. Pero ta

llevé la pastilla a la boca y

, una sonrisa de

mi amor. Siempr

giré la cabeza justo a tiemp

su contacto. No ah

dejándome a solas con el hijo de mi enemi

ue s

endio en m

s garras de hierro estuvieran retorciendo mis ovarios, arrancándolos de cuajo. El dol

ndo mi vientre ahora vacío, aho

en oleadas ardientes, una tortura químic

a de agonía, una última imagen se grabó en

uido todo lo

edero y una espos

creí

en la oscuridad, una llama de odio y

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Venganza, Amor y Traición
Venganza, Amor y Traición
“El dolor era una niebla espesa y punzante que me envolvía, cada hueso de mi cuerpo se quejaba, mi vientre era un eco vacío. Entre la neblina, filtré voces familiares, la tensa de Alejandro, mi esposo, y la cortante de mi suegra. "¿Estás seguro de que nadie sospecha nada, Alejandro? Un accidente en las escaleras, justo ahora... es demasiado conveniente.", dijo ella. "Tranquila, mamá. El médico es de confianza. Dijo que fue un resbalón desafortunado, común en su estado.", respondió él, y la verdad me golpeó. No tropecé, alguien me empujó. "¿Y el... problema? ¿El bastardo?", escuché a mi suegra sin pizca de emoción. Un silencio pesado. "El problema está resuelto, mamá. Ya no existe.", sentenció Alejandro con un susurro mortal. Mi bebé. Mi hijo. Mi mano voló a mi vientre, pero el bulto de ocho meses había desaparecido, dejando solo un vacío doloroso bajo la delgada sábana de hospital. Un sollozo roto escapó de mí. Mi amor y confianza en Alejandro se hicieron añicos. Todo era una farsa. "Bien hecho, hijo mío. Ese niño nunca debió nacer. Mancharía el apellido Vargas. Ahora solo queda el hijo de Camila, un heredero de pura sangre.", añadió Doña Elvira. ¿Camila? Su asistente. Ella tenía un hijo de él. "Para que no haya más... accidentes... ni sorpresas, el doctor le administrará un medicamento. Algo fuerte. La dejará limpia. Estéril.", escuché a Alejandro. Mi hijo me había sido arrebatado, y también la posibilidad de volver a ser madre. Luego, la segunda voz. "Nadie sabrá jamás que tú la empujaste por las escaleras." No fue él. Hizo que alguien lo hiciera. Pagó para matarnos. El dolor físico se volvió insignificante. Me mordí el labio, el sabor a sangre llenó mi boca. Tenía que fingir. Pero esa Sofía, la ingenua y confiada, acababa de morir junto con mi hijo. En esa cama de hospital, rodeada de traición, nació una nueva mujer. Debía escapar. Sobrevivir. Y un día, por la Virgen de Guadalupe, Alejandro Vargas y sus cómplices pagarían. Cerré los ojos, una lágrima silenciosa, esperando mi momento.”
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