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La Mujer Ciega en AMOR Despertó

Capítulo 4 

Palabras:796    |    Actualizado en: 08/07/2025

taba en una habitación de recuperación, sola. Un dolor sordo palpitaba en

entró, su rost

con tono clínico. "Tuvimos un pequeño susto. Parece que tuvo una reacción alérgi

", pregunté, la palabra sa

terminó el procedimiento. Dijo que t

ó. La sensación de abandono se sumó a la humillación y el dolor.

ra en la esquina de la habitación. "Mire, aqu

tas, apenas visibles. "Hemos logrado fertilizar ocho óvulos

tortura, la prueba de mi subyugación. No sentí ninguna conexión, ningu

e una mentira. No eran mis hijos. Eran el trofe

olor punzante en mi cuerpo. Caminé hacia la incubadora, tomé l

, esparciendo su contenid

ito de horror. "¡Señora

temblando de ira. "Díganle a Ricardo que no habrá hereder

uiabierta en medio del desastre. Me quité la bata de hospital, me p

alejarme de ese lugar era un paso hacia mi libertad. El dolor en mi abdomen era un

risión. En su lugar, conduje hasta un pequeño apartamento que había mantenido en secreto, un refugio que compré con el primer sueld

y proyectos a medio terminar. Era el santuario de la verdadera Sofía, la muj

o tiempo, respiré hondo. El plan de mi abuela ya no era solo una opci

Mateo. Dudé en contestar, pero una parte de

como loco buscándote", dijo, su v

mporta?", respon

calar a La Malinche para despejar la cabeza y se desató un

ndo una hazaña física para reafirmar su ego. Y yo, a pesar de todo, sentí una punz

ue haga yo?", pre

sas rutas como la palma de tu mano. Siempr

en mi infancia en México y que los Valdivia consideraban "poco femenino"

era el final que necesitaba. Una última acción p

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La Mujer Ciega en AMOR Despertó
La Mujer Ciega en AMOR Despertó
“Era nuestro tercer aniversario de bodas, y el vestido rojo que a Ricardo tanto le encantaba esperaba impaciente. Había preparado con esmero su cena favorita, soñando con una noche diferente, pero él llegó tarde, esquivando mi abrazo con una frialdad ya familiar. "Estoy ocupado, Sofía", murmuró, alejándose mientras mi esperanza se desvanecía y la puerta de su estudio se cerraba, dejándome sola con el aroma de la cena que se enfriaba. Mi súplica por un acercamiento se convirtió en burla: "Si tienes tantas necesidades, ¿por qué no buscas a alguien que te las cumpla?". Sus palabras me golpearon, pero la humillación se transformó en horrores al verlo a través de la rendija del estudio. Ricardo no estaba solo; Mateo, mi "hermano" adoptivo, el de la amabilidad fraternal, estaba en sus brazos, susurrándole con una ternura que nunca me había dado. Mi corazón se hizo pedazos al encontrar en su teléfono cientos de mensajes, planes secretos y burlas hacia mí. "La ingenua de tu hermana ya preparó otra de sus cenitas románticas. Qué patética", leía. "Sólo me casé con esta tonta por el dinero de su familia. Es una simple herramienta", me enteré. La vida que conocía era una farsa, una manipulación calculada. La Sofía inteligente y capaz, reducida a un peón. Las lágrimas ahogaron mi voz, pero un recuerdo lejano, la matriarca tequilera de Jalisco, mi abuela, se encendió en mi mente. Su voz, cálida y fuerte, me recibió: "¿Sofía, mi niña? Lo sé todo. Es hora de que vuelvas a casa. Tu imperio te espera. Es hora de mostrarles quién es Sofía Herrera." Al día siguiente, Ricardo me arrastró a una clínica de fertilidad; la familia Valdivia necesitaba un heredero, y yo era solo una incubadora. "No me importa. Vístete o te vestiré yo mismo", amenazó. En la fría sala de operaciones, me sentí violada, paralizada por el shock y el dolor mientras la aguja se hundía en mi brazo. Cuando desperté, los ocho embriones fertilizados, "ocho futuros Valdivia", fueron mi prueba de la tortura. En un arrebato de furia, tomé la placa de Petri y la estrellé contra el suelo: "He destruido la evidencia de su crimen. Díganle a Ricardo que no habrá heredero. Que se acabó. No voy a ser su fábrica de bebés." El dolor se convirtió en determinación. La llamada de mi abuela no fue solo un grito de auxilio, sino una chispa que encendió la mecha de mi venganza.”
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