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Mi Esposa, Mi Peor Engaño

Capítulo 4 

Palabras:922    |    Actualizado en: 08/07/2025

anca y fluorescente me lastimaba los ojos. Me dolía todo el cuerpo, pero el dolor más agudo ve

ó, señor Morales. Nos dio un buen susto. Tuvo suerte, solo una p

logré decir, con

arreglar unos asuntos urgentes", respondió la enferm

olvió. No

n analgésicos. El dolor del alma, no. Sofía apareció al tercer día, por la mañan

eguntó, desde la pu

aldad. "¿Qué asuntos urge

as de la casa. Pagar l

nt

escuché hablar por teléfono en voz baja en el pasil

xplicarle esto a mis papás... Ricky se puso como un loco, mi amor, fue horrible... No, no te preocupes, yo me encarg

eocupación era por él. Yo era el escándalo,

de rabia. Se acabó. Se acabó la tristeza, se acabó

a habitación, mi cara era u

n tus padres?

eren que vayas a la casa en cuanto te de

o venir de una familia rica, ahora quería "cuidarme". Quería

mis ojos. "Diles que estaré allí para la fiesta d

r su juego, a pretender que todo estaba bien para salvar las

fuerte para lo que venía. Sofía venía a visitarme todos los días, cumpliendo con su papel de esposa abnegada. Me traía re

de noche. Era un mensaje. El nombre en la pantalla era "Mateo". La curiosid

Había docena

a ese? ¿Ya le dijiste

ento adecuado. No podemos tener un escánda

ue seas solo mía, Sofía

un poco más de paciencia. Una vez q

n mi propio teléfono. Pruebas.

fono en su sitio y tenía los ojos cerrados, fingiendo d

ieron el alta, me negu

je. "Necesito ayuda con la pierna, y

vemos el sábado en la fiesta de tu papá"

e esa casa contaminada por su traición. Y necesita

armario y encontré lo que buscaba. Una caja de madera que yo mismo había tal

fec

difícil convencerlos de que era el "padre" y que necesitaba una copia de toda la documentación para "asuntos legales". Me dieron

a de madera, el informe oficial, y el pequeño

a a ser un d

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Mi Esposa, Mi Peor Engaño
Mi Esposa, Mi Peor Engaño
“Llevábamos cinco años de casados y creía conocer a Sofía, mi esposa, en cada suspiro. Pero mi mundo se vino abajo cuando, buscando una cerveza, encontré una caja de laboratorio en nuestro refrigerador. Era una "muestra biológica" a nombre de Sofía Pérez. Abrí la caja temblando y dentro, un informe de clínica de fertilidad. El diagnóstico: "Interrupción voluntaria del embarazo. 8 semanas de gestación". Y el padre... no era yo. Era Mateo Rojas, su "mejor amigo" de la universidad, a quien siempre odié en silencio. El aire se me fue de los pulmones. ¿Abortó a nuestro hijo? ¿Y con su amante? ¿Y por qué guardó el embrión en nuestra nevera, como un maldito trofeo? Al ver esa pequeña vida, el hijo de otro, mi furia crecía. Y justo en ese instante, Sofía llegó a casa, canturreando "¡Mi amor, ya llegué!", como si nada. Su sonrisa se congeló al ver la caja abierta en la barra de la cocina. Se puso pálida, las bolsas de compras cayeron al suelo. "¿Qué es esto, Sofía?", pregunté, mi voz un susurro ronco. Ella se abalanzó sobre la caja, intentando ocultar la evidencia, gritándome: "¡No toques mis cosas, Ricky! ¡Te he dicho que no andes de metiche!" "¿Tus cosas? ¿Esto es tuyo y de Mateo?", le solté, con una risa amarga. Sus ojos se abrieron, el pánico se convirtió en furia. "¡No sabes nada! ¡Suéltame!" Se abrazó a la caja con odio, y supe que todo había terminado. El amor se convirtió en cenizas. "Vete de aquí", le dije, mi voz firme y fría. "Duerme en el cuarto de huéspedes. No quiero verte". "¡Esta es mi casa también!", chilló ella. "No. Esta era nuestra casa. Ahora es solo un lugar donde guardas tus secretos asquerosos". ¿Todo era mentira? ¿Alguna vez me amó? Me levanté. El dolor se transformó en una furia pura y helada. Ella no solo me engañó, me humilló. No. Esto no se quedaría así.”
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