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Hechizo de Celos: Obsesión Fatal

Capítulo 4 

Palabras:812    |    Actualizado en: 08/07/2025

to, con el cuello rígido y el sabor a

hice fue revi

nundadas de mensajes de apoy

riendo, con hashtags como #F

ia, publicando fotos de ella en el hospital, con ca

momentos difíciles. Eres el ho

a náusea

miré en el espej

ofundas y una p

algo nuevo, una dureza

o para ocultar los moretones qu

ir a ver a

pequeña casa en las

y las emociones fue

lo que había pasado en la

ntré sentada en su sil

o esta

frente a ella, sirvié

nrisa radiante y falsa. "Vine a ver cómo es

sonrió, aj

aba contando lo bien que le está yendo en la

el aire

de la taza de té, sus o

os problemas últimamente, pero no se preocupe

ro veneno env

madre supiera, de la manera más cruel

mas?" preguntó mi madre,

escándalo de plagio, y luego... bueno, la acusaron de intentar culpar a Rica

mí, esperand

a mano al pecho, su respi

qué estás

soport

la tomé del brazo y la sa

en la calle. "¡No te atrevas a

su rostro se co

és de todo lo que hemos hecho p

l coche de Ricardo se d

, con el rostr

? ¡Sofía, te he

Sofía, a mi madre asomada a la

ar, sin dudar

demonios te pasa? ¿Ahora t

ás, protegiendo a S

do a mi madre en tu cont

pre mientes! ¡Eres una envidiosa, un

olsillo y sacó un peq

dmites que necesitas dinero, donde aceptas mi ayuda, ¡cu

ahogado y se desplomó e

Mam

ella, pero y

cerrados, su rost

aralizados, el horror finalme

s manos temblando tanto que ap

as horas pasaron

aban en un rincón, su

ico salió de la sa

ro era

e directamente. "Hicimos todo lo q

do se

hospital se disolvió e

, reemplazado por un zu

e rod

ísica, una bestia que m

acercándose, su rostro una máscara de arrepentimiento inútil, y a Sof

o que habí

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Hechizo de Celos: Obsesión Fatal
Hechizo de Celos: Obsesión Fatal
“Don Ramón me miró fijamente, sus ojos pozos oscuros en un rostro de arrugas, cada una contando una historia. Su tiendita en el mercado de Sonora olía a hierbas, a cera, a algo antiguo que se pegaba en la ropa. "Ese amuleto que trae tu novio no es para la buena suerte, mija." Me reí nerviosa, apretando las correas de mi mochila, donde llevaba mis bocetos, mi vida. "Don Ramón, Ricardo no cree en esas cosas, es solo un regalo de su familia." Él negó con la cabeza lentamente. "Hay familias que regalan bendiciones y otras que regalan maldiciones, Ximena, el problema es que a veces se parecen mucho, ese amuleto no da suerte, la quita, la intercambia." Un escalofrío me recorrió a pesar del calor pegajoso de la Ciudad de México. Últimamente, mis lápices se rompían, mis telas se manchaban misteriosamente, y una fatiga inmensa me impedía sostener una aguja. Lo atribuí al estrés de la universidad, a la presión por mantener mi beca completa. Esa noche, Don Ramón volvió a mi mente, su voz urgente al teléfono. "Ya empezó, ¿verdad? Sientes cómo se te va el talento, cómo se te apagan las ideas." Le dije que estaba loco, que solo estaba cansada. "Para revertirlo, la persona que te lo está haciendo debe ponerse el amuleto, pero solo funcionará si esa persona te considera de su familia, si te quiere de verdad." Colgué, el corazón latiéndome. ¿Ricardo? ¿Mi Ricardo, el de toda la vida? ¿Y Sofía? ¿Mi mejor amiga, mi hermana del alma? Era imposible. Entonces, la presentación final del semestre. Abrí mi portafolio. Mis diseños no estaban. En su lugar, bocetos burdos, infantiles, y una copia exacta de diseños franceses. Era plagio descarado. La directora, la señora Elena, me miró con decepción que me partió el alma. "Ximena, no esperaba esto de ti." Mientras me acusaban, vi a Sofía presentar sus diseños, ¡mis ideas! Ricardo a su lado, sonriendo con orgullo. Salí corriendo, humillada, las lágrimas cegándome. Me escondí en un pasillo vacío y los escuché. La voz de Sofía, llena de una alegría maliciosa. "Funcionó, Ricardo, funcionó a la perfección, ¡nadie sospechó nada! El amuleto es increíble, siento todas sus ideas en mi cabeza, ¡soy un genio!" Luego, la voz de Ricardo, mi Ricardo. "Te lo dije, mi amor, con esto, tú tendrás la beca y yo te tendré a ti, sin que la sombra de la 'gran diseñadora' Ximena nos estorbe, ya era hora de que supiera cuál es su lugar." Me quedé helada. La traición, un sabor amargo en mi boca. No sentí tristeza, solo un frío glacial. No había ingenuidad, no había confianza. Solo una certeza: Don Ramón tenía razón.”
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