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Corazón de Mariachi, Alma Valiente

Capítulo 3 

Palabras:657    |    Actualizado en: 08/07/2025

go, era una flor frágil

primera dosis de la medicina, el rugido de

ajarse, envió a sus dos matones a la

haciendo que Xóchitl saltara del

éndose delante de la cama para proteger

mismo que había escup

endo la pobre habitación. "El Jefe dice qu

iró con incredulidad. "¡Es solo

o amenazante hacia ella. "Todo el pueblo conoce la es

a era una historia familiar, un cuento para dormir, nunca pensó q

a historia de mi abuelo para entretener

de tela. Lo sostuvo como si fuera un arma. "Nos mandó a decirte que si no nos dices d

! ¡La única clave era l

ignoró y se d

ejor hay que romperlo par

se apoderó

licó, las lágrimas volviendo a sus ojo

el guitarrón a la pared, amenazando con estrellarl

ose completamente impotente. "Él nunca la

miraron, pareci

a estar conten

o digas tú" , r

an espesa que se podía cortar, la presencia del guitarrón en

mer matón pareció

s. "La tumba de la tal Dama de la Justicia, iremos allí, si no encontramos nada, volveremos, y p

y cruel, le robó e

n, llevándose el guitarrón y dejando t

naza contra su hija había encendido algo dentro de ella, el miedo segu

ncontraría allí, pero no podía dejar que destruyeran el último l

s piezas del rompecabezas de su abuelo flotaban en su mente, y p

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Corazón de Mariachi, Alma Valiente
Corazón de Mariachi, Alma Valiente
“El sol de la tarde apenas calentaba el polvo del pueblo, pero no secaba las lágrimas de Xóchitl. Con Luna, mi hija, ardiendo en fiebre, y mi Pedro ya no aquí, solo me quedaba su guitarrón. Era su alma, su música, la historia de nuestro amor. Lo llevé a la plaza, un último intento desesperado por venderlo y comprar la vida de mi niña. Pero mientras la esperanza se me escapaba, una camioneta negra se detuvo frente a mí. De ella bajó El Jefe, el hombre cuya crueldad se susurraba en cada esquina. "Así que la viuda del músico," dijo, y mi corazón se encogió. Me arrebató el guitarrón, no solo despojándome de él, sino también de la última pieza de mi esposo. "La música que contenía ya está muerta, como su dueño," se burló. Un dolor que no conocía me atravesó. ¿Cómo iba a salvar a la pequeña Luna ahora? Cuando creí que no me quedaba nada, los hombres regresaron. "El Jefe dice que el guitarrón de tu marido esconde algo," uno de ellos gruñó. Mencionar mi "estúpida leyenda familiar" y su "tesoro" me heló la sangre. "¿Cuál es el secreto de la melodía inconclusa?" preguntaron. No lo sabía. Pedro se había llevado su secreto a la tumba, o al menos eso creía. Pero la amenaza fue clara: "Tu linda hijita podría empeorar de repente." La rabia me encendió. Necesitaba ir al viejo cementerio, el lugar de la "Dama de la Justicia" . Algo me decía que allí, entre lápidas retorcidas, encontraría una respuesta, no para un tesoro de oro, sino para la libertad de mi pueblo y el legado de mi Pedro.”
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