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Regreso al Infierno: Mi Dulce Venganza

Capítulo 4 

Palabras:683    |    Actualizado en: 08/07/2025

uiente, un sonido agudo y penetrante que co

a

preocupación. Mi madre se retorcía las manos, ensayando una sonrisa compasiva. Me obli

o Lópe

, sino en silencio, acompañado solo por un hombre

que no podía ocultar la fuerza de su cuerpo. Pero eran sus ojos los que dominaban la habitación. Eran de un gris frío, como el ace

oz temblorosa. "Encontramos a su esposa... bueno, creemos qu

esde el pasillo, vestida con un sencillo vestido bla

la palabra cargada de

o, ni alegría, ni reconocimiento. Solo una observación fría y analít

e alargó, pes

n paso vacilante hacia él. "No... no r

"La hemos estado cuidando. Mi hija Sofía aquí presente, que

ardo López sobre mí, intensa y penetrante. Bajé la vista, si

era profunda y resonante, sin rastro de

logré

su atenció

uvo el aliento, esperando la validación. "... es una mujer

aliviados. Creyeron qu

sola palabra congeló las sonrisas en s

bía permanecido en silencio junto a la puerta, salió y regresó un

sa para cadávere

de nuestra sala de estar c

hampán barato de la noche anterior fu

rosamente suave, "mis hombres encontraron el coche

hó y tiró de la cre

estaba

e inmóvil, con los ojos vidriosos fijos en el techo

rdadera E

único sonido en la habitación. Mi

, su perfecta imitación de Elena desmoronándos

polvo inexistente de sus pantalones y

su voz era un susurro mortal que resonó en cada r

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Regreso al Infierno: Mi Dulce Venganza
Regreso al Infierno: Mi Dulce Venganza
“Mi hermana, Daniela, siempre tuvo una ambición tan grande, que se sentía en el aire de mi laboratorio. Sus ojos brillaban con una luz especial, mientras me señalaba la pantalla holográfica. "Quiero su cara, su vida, todo", me dijo, refiriéndose a la discreta esposa del magnate tecnológico Ricardo López. Mis vellos se erizaron, a pesar del calor del equipo. Le advertí que no era un simple filtro de redes, sino una clonación biométrica completa, ilegal y peligrosa. "¡No me importa!", siseó, con una fuerza sorprendente en su agarre. "He secuestrado a la verdadera. Nadie lo sabrá. ¡Solo tienes que hacer tu magia, hermanita!" Un recuerdo amargo me golpeó: la vez anterior, le di la misma advertencia. Le rogué que no lo hiciera, que Ricardo López no era tonto, que era un genio paranoico y cruel. Ella pareció escuchar, me abrazó y me dijo que lo pensaría. Esa misma noche, un pinchazo agudo en el cuello, una neurotoxina digital que frió mi sistema nervioso. "¡Perra, no quieres ayudarme porque me tienes envidia!", escupió Daniela, mientras se cernía sobre mí, con el rostro deformado por el odio. "¡Si yo no puedo ser la esposa del magnate, tú tampoco vivirás!" El último recuerdo fue su sonrisa triunfante, antes de que la oscuridad me tragara. Pero desperté en mi laboratorio, mi corazón latiendo a mil, justo cuando Daniela entraba con su petición demencial. Había regresado, había renacido en el día que lo cambió todo. La miré, a mi hermana, a mi asesina, y una calma helada se apoderó de mí. Esta vez, si Daniela estaba tan empeñada en correr hacia su destrucción, no solo le abriría la puerta, le construiría una autopista directa al mismísimo infierno.”
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