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Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo

Capítulo 4 

Palabras:1002    |    Actualizado en: 08/07/2025

e servicio corrían de un lado a otro. Me encerré en mi nuevo y anónimo cuarto de huéspedes, pero no

decía al Chato. "Nadie entra ni sale sin mi permis

n Ximena, patrón?"

z de Diego se volvió

e se quede en la puerta. No quiero que ande rondando por ahí, incomodando a Sofía. Maña

dido,

se. Así que ese era el plan. Usarme, encerrar

rada parecía cansada, con ojeras y el peso de diez a

i larga cabellera negra, mi orgullo, la que a Diego tanto le gustaba, y la corté. Mechón por mechón, el pelo cayó

ación. La Ximena que él conocía, la que él

ié, deshaciéndome del último rastro de la mujer que había sido. Estaba lista para irme. Mi p

lona con lo esencial, la puerta de mi habitación se abr

siseó, entrando en la habitación y

opa. Una mueca de despre

y vistiéndote como una sirvienta? Déjame decirte algo, gata. Tus

o a su lado para agarrar mi bolsa. "Te lo puede

en mi camino, bl

mi boda, y vas a ver cómo me convierto en la señora de esta casa

no, Sofía," dije, mi

suficiente. La rabia que había mantenido a raya durante días finalmente explotó. La empujé de vuelta, con

a allí, su rostro una máscara de furia. Vio a Sofía en e

pasó. No esperó

fuerza brutal. El impacto me lanzó hacia un lado, y mi cabeza golpeó

ostro contorsionado por la rabia. "¿T

levantarse, abrazándola y sus

oy aquí. No dejaré que esta

aba con el dolor helado que se extendía por mi pecho. Me había golpeado. En diez años, a pesar de las peleas y la vio

as audible. La incredulidad luc

mí, sus ojos llen

ta que te llame para la boda. Y si te vuelves a acerca

al que había amado, y ya no reconocí

amor. Caminé por el pasillo, sintiendo las miradas de los sirvientes y los

suelo, mi espalda contra la madera. El último fragmento de esperanza,

ndo finalmente salió a la superfic

or

tanta crueldad? ¿Qué le habí

abía hecho nada. Simplemente, ya no le servía. Y e

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Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
“El sonido de mi guitarra, mi pasión, resonaba hueco en la hacienda que por diez años llamé hogar, un desafío silencioso a Diego, el hombre al que entregué mi alma y mi genio para construir su imperio de tequila. Pero su respuesta fue una traición helada: "Ximena, deja de hacer numeritos y sube a mi despacho. Ahora" . Y allí, sentado tras su imponente escritorio de caoba, me soltó la humillación más grande: "Quiero que tú y tu mariachi toquen en mi boda" . La boda que me había prometido a mí. No solo me descartaba por otra mujer, Sofía, sino que me exigía ponerle banda sonora a mi propia aniquilación, a mi propia traición. El golpe más cruel llegó en un susurro venenoso desde el pasillo, de boca de su lugarteniente, "El Chato", pero con las frías palabras de Diego resonando: "Ximena es buena para el negocio, para la guerra, para la calle. Pero para casarme, necesito algo... más puro. Una niña bien, educada, limpia. Ximena ya está muy corrida, muy vivida" . Cada palabra era un puñal que me desgarraba: "Sucia", "corrida", "vivida". Así me veía el hombre a quien le había dado todo, solo una herramienta para desechar cuando ya no le servía, valiendo menos que la inocencia fabricada de una desconocida. El dolor fue insoportable, pero en el fondo de ese abismo, algo se encendió: la rabia. La humillación se transformó en una determinación inquebrantable. Me levanté, la cabeza alta, y con una sonrisa forzada le dije: "Claro, Diego. Será un honor tocar en tu boda" . Pero esa no era Ximena, la víctima; era Ximena, la guerrera, a punto de desatar su venganza.”
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