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Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo

Capítulo 2 

Palabras:769    |    Actualizado en: 08/07/2025

ando mi guitarra. No me saludó. Simplemente se paró en la puerta, c

saques tus cosas de mi habitación hoy mismo. Puedes

do desalojada, desterrada a la parte más lejana de la casa para hacerle espacio a mi reemplazo. El

" respondí, mi

Esperaba lágrimas, gritos, una escena. Quería disfrutar de

rme públicamente antes de desecharme. Quería que todos en la hacienda, desde los sicarios hasta el personal de servicio, vieran cómo la poderosa Ximen

ose más duro. "Sofía es una chica delicada. No quie

is libros, mi música, las fotos que habíamos tomado, los regalos que me había hecho en los

con una calma q

tú digas

, pareció pensar que iba a suplicar o a confrontarlo. En su lugar, pasé

palpable. Me sigu

i espalda. "¿'Lo que tú digas, Diego'? ¿Despué

uerta de la habitación

car en tu boda? ¿O que te felicite por encontrar a alguien 'puro'? Ya dej

adiendo mi espacio personal. Su olor, una mezcla

ómo funciona este mundo. Ambos lo construimos. No hay lugar pa

baja pero firme. "No me diste nada que no me hubier

a en su cara. Escuché un golpe sordo, su puño contra la mad

o con tristeza, sino con una eficiencia fría y metódica. Metí mi ropa en maletas, sin doblarl

egalo que Diego me dio: una sencilla medalla de plata con una guitarra grabada. La tomé

su voz llamándome

mi palma. Caminé hacia la ventana, la abrí y, sin dudarlo un se

a declarando la guerra. Cada caja que cerraba, cada recuerdo que desechaba, era un paso más en mi plan. Él quer

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Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
“El sonido de mi guitarra, mi pasión, resonaba hueco en la hacienda que por diez años llamé hogar, un desafío silencioso a Diego, el hombre al que entregué mi alma y mi genio para construir su imperio de tequila. Pero su respuesta fue una traición helada: "Ximena, deja de hacer numeritos y sube a mi despacho. Ahora" . Y allí, sentado tras su imponente escritorio de caoba, me soltó la humillación más grande: "Quiero que tú y tu mariachi toquen en mi boda" . La boda que me había prometido a mí. No solo me descartaba por otra mujer, Sofía, sino que me exigía ponerle banda sonora a mi propia aniquilación, a mi propia traición. El golpe más cruel llegó en un susurro venenoso desde el pasillo, de boca de su lugarteniente, "El Chato", pero con las frías palabras de Diego resonando: "Ximena es buena para el negocio, para la guerra, para la calle. Pero para casarme, necesito algo... más puro. Una niña bien, educada, limpia. Ximena ya está muy corrida, muy vivida" . Cada palabra era un puñal que me desgarraba: "Sucia", "corrida", "vivida". Así me veía el hombre a quien le había dado todo, solo una herramienta para desechar cuando ya no le servía, valiendo menos que la inocencia fabricada de una desconocida. El dolor fue insoportable, pero en el fondo de ese abismo, algo se encendió: la rabia. La humillación se transformó en una determinación inquebrantable. Me levanté, la cabeza alta, y con una sonrisa forzada le dije: "Claro, Diego. Será un honor tocar en tu boda" . Pero esa no era Ximena, la víctima; era Ximena, la guerrera, a punto de desatar su venganza.”
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