icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Mi Bebé, Mi Venganza

Capítulo 4 

Palabras:662    |    Actualizado en: 08/07/2025

itidos suaves y rítmicos, el dolor en mi cuerpo era un recordatorio constante de la pe

irlo, pero de mi garganta solo salió un graznido débi

o después, su rostro joven mostraba una mezcla de

suavemente. "Qué bueno que de

ado, su toque era

incubadora, pero está respondien

gratitud por este hombre y de un amor abru

paz de expresar la inme

su mirada se posó brevemente en un portarretratos en

ción, supe en ese momento que él sabía, que él e

, escuché voces en el pasillo, una de e

móvil, aguz

andro con un tono de fastidio. "Un poco de dolo

z, "la Dra. López dijo que tuvo un p

cesitaba un poco de presión para sacar al bebé, Isabella, en cambio, ella

palabra era un nuevo clavo en

, era crueldad, un despr

abitación se abrió y él entró, son

es, un gesto tan hipócr

"Vaya susto que nos diste, tienes que

respuesta, una sonrisa,

dejando que todo mi odio y mi de

o con mi silencio,

n un jarrón. "Pero la buena noticia es que Isabella y su b

subió por

ijo," susurré

qué bien, cuando estés mejor iremos a verlo juntos, ahora d

l hedor de sus flores y la ver

remolinó dentro de mí, una tormenta emociona

menzó a acelerarse, sus pitidos

, como si mi corazón estuviera a punt

ras entraro

rápido! ¡Está teni

vo, las luces de la habitación se

o Morales antes de que la oscuridad me tragara una

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Mi Bebé, Mi Venganza
Mi Bebé, Mi Venganza
“El chirrido de los neumáticos fue el último sonido coherente antes de que el mundo se desgarrara, y el impacto lanzó mi cuerpo de ocho meses de embarazo contra el cinturón, con el instinto de proteger a mi bebé como mi primera y única verdad. El olor a metal quemado y a gasolina llenaba el aire mientras las sirenas se acercaban, y yo me aferraba a la vida, sintiendo cómo se me escapaba la presión y la calidez entre mis piernas, un terror puro que ahogaba el dolor físico. "Mi bebé", susurré con los labios secos, "salven a mi bebé", mientras me arrastraban del coche hacia el torbellino de batas blancas que me llevaría a la sala de urgencias, a los pies de mi esposo, el Dr. Alejandro Vargas, el cirujano más respetado, mi única esperanza. Pero justo cuando creí que su presencia traería alivio, su teléfono sonó, y la mención de Isabella, mi prima también embarazada, borró de su rostro toda preocupación por mí y por nuestro hijo. Cuando el ginecólogo advirtió sobre un desprendimiento de placenta y sufrimiento fetal, la vida de nuestro bebé pendiendo de un hilo, Alejandro, con una arrogancia que nunca le había visto, lo ignoró, ordenando que el anestesiólogo fuera a ver a Isabella porque "Sofía es una mujer fuerte, puede soportar un parto natural." "Deja de ser dramática, Sofía", susurró cruelmente mientras me abandonaba a mi suerte, "Isabella me necesita más." La oscuridad me envolvió al escuchar el monitor cardíaco sonar plano, la voz del Dr. Morales, un joven médico, rompiendo el silencio: "La perdimos." Pero mi hijo vivió, su débil llanto resonó en la habitación mientras escuchaba a las enfermeras hablar de Alejandro alardeando de su "hijo, sano y fuerte, el bebé más hermoso", que resultó ser el de Isabella. Una ira volcánica me quemó por dentro, eclipsando el dolor físico, no por miedo, sino por una furia fría y calculadora, arrancándome las vías con un grito ahogado. "Venganza", susurré, una promesa silenciosa para mí misma, forjada en la traición que nunca perdonaría: destruir a Alejandro Vargas, el hombre que me había dejado morir.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10