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El Banquete de Mi Despertar

Capítulo 4 

Palabras:768    |    Actualizado en: 07/07/2025

vado, con una mascarilla de oxígeno colocada de forma decorativa a un lado

jo con una voz débil y melodiosa. "Me harás

"Se está rebelando. Se negó a darme el dinero y rompió los pa

No te preocupes, amor. Tú siempre has salido adelante. Tu talento es más grande que cualquier pro

rativa de él como el salvador y ella como la damisela frá

a pondré en su lugar. Yo construí este imperio con

tión silenciosa, a mi habilidad para negociar con proveedores, a mi forma de calmar a l

l Banquete: La Misteriosa Mujer que Salvó al Crítico Armando Vargas". El artículo, aunque breve, me describía como una heroína serena y c

lar y sonreí. Don Armando

los en el hospital, habiendo sido convocada bajo la amenaza de un escánd

te, Sofía? ¿Pagaste par

e la cama, to

lla se aprovechó de la situación para llamar la atención. S

mí, con los ojos llenos de una furia justiciera. "Esto es inaceptable. Vas a llamar a ese bloguero y v

olo, estupefact

, logré

aba por teléfono. Que ella, a pesar de su enfermedad, te guio paso a paso pa

e reí. Valeria me miraba desde la cama con una sonrisi

ije con

?", Ricardo a

limentar tu fantasía y la suya. Lo q

no eres nadie sin mí! ¡Eres un estorbo,

movimiento fue tan brusco que mi cabeza se golpeó contra

ue te destruiré! ¡Haré que todos en esta ciudad p

mantuve firme. Lo miré a los ojos, sintiendo el ardor en mi

un desafío que lo dejó sin palabras. "

u rostro era puro, animal. Pero antes de que su mano pudiera co

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El Banquete de Mi Despertar
El Banquete de Mi Despertar
“El aire del salón de banquetes se sentía pesado, cargado de promesas y el perfume que usaba Ricardo, mi esposo, el chef estrella. Todo estaba a punto de desmoronarse, igual que en mi vida pasada. Él había desviado toda la comida, todo el personal, meses de esfuerzo, para un platillo especial para su "alma gemela", Valeria Ríos. "Está enferma, Sofía, no lo entiendes. Necesita esto", me había dicho antes de que todo explotara. En esa otra vida, corrí como una loca, humillándome, vendiendo mis joyas, sacrificando todo para salvar su reputación, solo para ser desechada como una cáscara vacía. Morí sola, miserable, mientras ellos celebraban sus triunfos. Pero esta vez, cuando Ricardo entró gritando: "¡Sofía! ¿Dónde diablos estabas? ¡Tienes que arreglarlo!", algo había cambiado en mí. Me agarró del brazo, como siempre, pero el miedo ya no me paralizaba. La mujer que murió en la miseria ya no existía. Lo miré y dije con una calma helada: "¿Arreglarlo yo?" "¡Claro que tú! ¡Siempre lo arreglas todo!", espetó, justificándose con la "emergencia" de Valeria. "Lo siento, Ricardo", mentí, adoptando mi vieja máscara de fragilidad. "Pero... no me siento bien. Estoy mareada". Me soltó, llamándome "¡Inútil!". Los murmullos de los invitados alrededor, que antes me mortificaban, ahora sonaban a música. En ese momento, Don Armando Vargas, el crítico gastronómico, se desplomó. Y supe exactamente lo que tenía que hacer. Mi abuela siempre dijo: "Cada planta tiene su propósito". Esta vez, no iba a mover un solo dedo por él. Iba a construir mi propio camino sobre sus ruinas.”
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