icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

El Precio del Perdón Negado

Capítulo 4 

Palabras:916    |    Actualizado en: 07/07/2025

a de la familia Robles era larga y oscura. Mientras caminaba por el largo camino de entrad

grito de furia, sino un murmullo controlado, casi seduct

ca que conocía bien. Primero la to

enía que decir," respo

crees que irás? ¿Quién te dará trabajo? Sigues siendo un Robles, y tu escándalo

sin posibilidad de reparación. ¿O es que ahora te pr

bloqueando la salida en el gran portón de hierro forjado. Doña Elena bajó del coche, seguida por

do los brazos. "Si quieres irte, bien. Pero no te llevar

dinero," respo

daré. Tu regreso a la empresa está fuera de discusión. Los socios no aceptaría

a emocional, era una amenaza de negocios. Mi puesto, mi traba

anta y se acercó, extendiéndome de nue

dad. Te comprometes a no hablar públicamente sobre... asuntos fa

i silencio. Pagar para que su im

firmé en la línea de puntos sin dudar

Un suspiro casi imperceptible escapó de los labios de Doña Ele

olví la

Tienen lo que querían

, pero mi madre se i

cosa

ando la siguie

Siempre te di todo, Armando. Tuviste la mejor educación, los mejores lujos. A él no le di nada más q

, que me dejó sin aliento. Ella realmente creía en esa narra

entos por la noche, que me había curado las rodillas raspadas. No encontré nada. Solo

susurro. "Se trató de ti. Yo solo quería una madre.

recuperó rápidamente. La verdad era un a

tema. "Tu actitud es el problema. Y no te

correcto' ?" pre

so al frente, s

"Ve al coche y pídele perdón por el dolor que le has causado. Quizás enton

a no podían distinguir la realidad. Me pedían que me disculpara por un crimen que no cometí, con la víct

la situación e

tamente, una sonrisa

je en voz baj

iedad, buscando una salida que no fuera el portón principa

espalda. "¡No puedes simplemen

mí, sí habí

por comenzar. No tenían idea de la bomba de tiempo

Obtenga su bonus en la App

Abrir
El Precio del Perdón Negado
El Precio del Perdón Negado
“La cena de gala anual de los Robles, un escaparate de poder y opulencia, era el último lugar donde quería estar. Pero mi madre, Doña Elena, siempre maestra de las apariencias, había insistido para demostrar la "unidad" familiar. Apenas entré, los susurros me persiguieron como sombras: "Ahí está Armando Robles... dicen que estuvo preso... no, en una clínica por drogas... qué terrible, parece un monstruo". Ignoré las miradas de lástima y desprecio, y me acerqué a la barra. Allí, mi hermanastro Diego apareció, con su sonrisa de mártir. Me ofreció champaña, insistiendo en un brindis "por el pasado". "No bebo", respondí secamente. Él sabía por qué. "¿Todavía me culpas por ese pequeño... accidente?", preguntó con falsa inocencia, refiriéndose a la noche en que Sofía, mi exesposa, me había desfigurado con ácido. En ese instante, Sofía se acercó, y para mi sorpresa, le dijo a Diego que me dejara en paz. Pero Diego, el eterno manipulador, se deshizo en lágrimas, atrayendo la atención de todos. Sofía, cayendo en su trampa habitual, se volvió hacia mí, con el rostro endurecido. "Armando, ¡ya basta! ¡Discúlpate con él y tómate esta copa! ¡Ahora!". Me aferró la nuca y me obligó a abrir la boca. El champaña helado quemó mi garganta dañada. Me doblé, tosiendo, y un chorro de sangre salpicó el impecable mármol. Un silencio sepulcral llenó el salón, solo roto por un parpadeo en la pantalla gigante. La imagen cambió de un niño sonriente a un video granulado. Era una celda oscura, y yo, atado a una silla, siendo torturado. El sonido del látigo, mis gritos ahogados, las risas crueles de los guardias... todo llenó el salón. Caí de rodillas, suplicando entre sollozos, reviviendo mi infierno ante cientos de miradas. Cuando mis ojos encontraron los de Sofía, le dije: "Quiero el divorcio ahora. Y no quiero nada de ti. Quiero ser libre de todos ustedes. Me han quitado todo". Mi madre, en su pánico, intentó negar lo que se veía en pantalla. Diego, el vil, me acusó de haber filtrado el video para dar lástima. Y Sofía, tan predeciblemente, dudó de mí. "Armando... ¿tú... tú hiciste esto?". Esa pregunta. Fue el golpe final. Esa noche, encerrado en mi antigua habitación, supe que mi única salida, mi verdadera libertad, no era vivir. Era escapar.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10