icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

El Taller Como Campo de Batalla

Capítulo 1 

Palabras:1390    |    Actualizado en: 07/07/2025

en mi feed mientras tomaba mi café matutino. Era una foto del taller de mi abuela, o más bien, una versión extraña y distorsionada de él. En el c

uela había pulido hasta dejarla suave como la seda, y la apuntab

como si alguien hubiera esparcido virutas de madera a propósito para la foto. Mis bocetos estaban clavados descuidadament

y el apoyo del señor Diego Domínguez. Trabajaré duro para estar a la alt

omínguez

n lugar que me había legado no solo como un espacio físico, sino como un refugio sagrado de nuestra herencia. Cada marca en el suelo d

ol blanco de la cocina. No era solo la invasión de mi espacio, era el des

eces antes de que contestara, su voz pas

, Sofía? E

Ahora." Mi voz era fría, sin rastro

a, luego una

a. El chico solo está emocionado. Es bueno para

igroso. "Ese es mi taller. El taller de mi abuela. Ni tú ni él tienen derecho a poner un

un espacio vacío la mayor parte del tiempo. Le dije que podía usarlo. Necesita

ientos, fue la última gota. La ira se transformó en una clar

aja. Colgué antes de

e rara vez usaba pero que tenía memorizado

, soy

hija. ¿T

os japoneses para el contrato de exportación de agave azul. Diles que hemos encontrado problemas de con

a el silencio de la comprensión. Mi padre conocía mi temper

o," dijo simplemente. "Te l

erdo de exportación de varios millones de dólares que había estado negociando durante casi un año. Estaba in

o, su voz despojada de cualquier rastro de somnolencia o condes

!? ¡Acabo de recibir una llamada de Isao T

de mi taller," respondí con calma,

o taller! ¡Este es un negocio de millones

ada colección. "Tiene todo que ver con el taller. Tiene

ré lo que quieras!" su voz se quebró,

que publique una disculpa pública, etiquetando a Artesanías Rojas y reconoc

é ahora mismo! Pero por favor, llama a t

las llaves del taller en la mesa de la

: una serie de estantes de vidrio iluminados que albergaban su colección de esculturas prehispánicas. Eran su orgullo y alegría, piezas raras y va

él podía profanar lo que era sagra

usábamos para colgar cuadros. Regresé a la vitrina. La primera pieza que toqué era una figu

y violento en el silencio de la casa. El vidrio se hizo añicos, cayendo en cascada sobre la alf

é caer a

edazos con un ruido

la muerte azteca. Una máscara funeraria teotihuacana. Cada golpe del martillo, cada estallido de arcilla antigua, era

omo yo había exigido. La publicación de disculpa de Mateo ya estaba en línea, llena de un lenguaje humillante y

olor mientras contemplaba la devastación. Sus preciosas escultura

en medio de las ruinas de su colección, c

que algo fundamental se había roto entre nosotros. Nuestro matrimonio, esa unión estratégica de dos grandes familias, se

Obtenga su bonus en la App

Abrir
El Taller Como Campo de Batalla
El Taller Como Campo de Batalla
“El taller de mi abuela Rojas, mi santuario personal y legado familiar, era mi refugio. Una mañana, una foto en Instagram me heló la sangre: Mateo, el nuevo aprendiz de mi esposo Diego, posaba sonriente con mis herramientas sagradas. El pie de foto, "Taller Domínguez. Legado", era una profanación directa, borrándome a mí y a mi linaje. Intenté exigirle a Diego que Mateo saliera de mi taller, pero él, ciego por su ambición, lo justificó diciendo: "Es solo un espacio vacío la mayor parte del tiempo". Su condescendencia y la minimización de mi herencia me dejaron helada, transformando mi ira en una claridad peligrosa. Cuando colgué, supe que no discutiría más, sino que actuaría. "Papá, soy yo," marqué, "necesito que canceles el contrato de exportación de agave azul con Domínguez." Mi padre lo hizo sin dudar, cortando el sustento de Diego y activando mi plan. Diego me llamó, su pánico palpable: "¿Qué hiciste, Sofía? ¡El trato está cancelado!" "Tiene todo que ver con el taller," le dije, "tiene que ver con el respeto." Le impuse mis términos: Mateo fuera y una disculpa pública reconociendo a Artesanías Rojas. Mientras esperaba su cumplimiento, la calma fría me guio hacia su preciada colección de esculturas prehispánicas. Tomé el martillo de latón que usábamos para colgar cuadros. La primera pieza, una figura de Tláloc, la dejé caer al suelo, partiéndose en tres pedazos. Metódicamente, una por una, destruí cada escultura, mi furia materializándose en cada estallido de arcilla antigua. Cuando Diego llegó a casa, encontró las llaves y la disculpa, pero también las ruinas de su orgullo a mis pies. Nos miramos, y en sus ojos, vi el horror y un nuevo tipo de miedo, sabiendo que el matrimonio se había roto y la guerra, apenas comenzado.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10