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Un trago amargo de verdad

Capítulo 2 

Palabras:649    |    Actualizado en: 07/07/2025

e bloques de cemento. Un oficial joven, con una expresión de incómoda comp

ra del vehículo fue un borrón

sinfectante y a una triste

a sábana blanca, Armando sin

u Jua

uieto. Tenía un rasguño en la mejilla y un pequeño corte en el labio. P

no temblorosa y tocó la

...", susurró, y enton

, un sonido animal de pura agonía. Se aferró a la plancha

mano en el hombro, pe

do en un océ

un autómata, el sol comenzaba a despuntar en el hor

cardo, a unas pocas cuadras de la

uelo y un enorme arreglo de flores, de esas caras, con liri

ue se usan para las

lpeó con la fue

e mediocre, mientras su hijo no tendría ni un

ermosas y tan fuera de lugar,

la calle de tierra, sin importarle la

rostro al c

hijo, gritó su dolor,

una y otra vez, tratando de sacar

speración, que escuchó voces prov

a pared, hasta quedar deba

pero sonaba diferente

es por el dinero. Tú sabe

Ricardo, arrogan

nta lana? Creí que el pescador e

e como veneno en lo

. Una farsa para que Armando no me esté chingando y se la pase trabajando. Él y el otro... así

se quedó

le congeló

fa

extra de Juanito en esa motocicleta

ada mentira para c

el ácido de la traición, creando una emoción tan

te, cada hueso de s

abía lá

oscuridad que comenzaba a

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Un trago amargo de verdad
Un trago amargo de verdad
“El aroma a sal y pescado en el muelle siempre había sido el perfume del trabajo duro para Armando, hasta el día en que se mezcló con el luto que el aire traía consigo. "Su hijo... no sobrevivió", le dijo la monótona voz del policía, y cada palabra fue un golpe seco, pero la realidad, la muerte de su Juanito, su campeón, aún no se asentaba en su mente. Con el teléfono temblándole en la mano, llamó a Sofía, su esposa, buscando compartir este dolor que amenazaba con partirlo en dos. Pero en lugar de la voz preocupada de una esposa, un estruendo de mariachi y risas le respondió: "¿Qué pasa con Juanito? ¿No te pagó lo de la semana o qué? Dile que mi primo necesita más promoción", dijo Sofía, irritada, y colgó. El pitido final fue más doloroso que cualquier golpe, pues mientras su único hijo yacía en la morgue, ella seguía en una fiesta, una fiesta para celebrar la carrera del primo Ricardo, financiada con las deudas por las que Juanito había muerto trabajando. ¿Cómo era posible tanta frialdad, tanta indiferencia? ¿Cómo la mujer que compartía su cama, la madre de su hijo, podía ser tan ajena a la tragedia, tan preocupada por un parásito que su propio hijo? Armando apretó el teléfono, sintiendo el crujir del plástico bajo sus dedos, y una certeza helada, más allá del dolor, se instaló en su pecho: el tiempo de la sumisión había terminado, y ahora, la verdad saldría a la luz.”
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