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El Sabor Amargo de la Victoria

Capítulo 4 

Palabras:970    |    Actualizado en: 07/07/2025

llamada de Sofía fue más a

an abandonado a mi suerte, a morir j

ompió la quietud. Un crujido metálic

RA

ada de cuajo por una herramienta hidráulica. La lu

niformadas ent

quí abajo!", gri

e y sudor, temblando incontrolablemente. Otro param

aquí es un horno", murmuró

to a Camila. Su rostro profesional

tamos la camilla de reanimación, ya!

ientras me revisaban las manos quemadas y me ponían una vía intravenosa. Otro par

onstruoso", escuché decir a una joven

spondió su colega, sin dejar de bombear el pecho

con las sirenas apagadas pero las luces parpadeando en la tranquila

cidad, el conductor gritó por la radio: "¡Va

do dos cuadras cuando la am

", preguntó el param

de evento... la calle está ce

lla trasera y miré. Lo que vi hiz

pequeño escenario. Y sobre él, estaban Sofía e Isabella. Sofía hablaba

ullosa. Y en sus manos, sostenía el trofeo dorado de

lo la recuperación de mi hija Isabella, sino su increíble espíritu de superación. Este premio, que la nación

lo estaba entregando a Isabella, frente

ado, al ver la escen

que nos impidió entra

ulancia y saltó. Corrió hacia el

emos una emergencia crítica, es de

miró co

ntrevista muy importante para el bienestar emocional

migos de Sofía, empezaron

ora! ¿No ve que está e

aquí, irr

número y frustrado, regresó

encontraron con los de Sofía. Por un instante, su sonri

era una amenaza. Era una despedida. Un adiós a la mujer que había amado, a la fa

oído, con el rostro pálido. Probablemente le es

voz baja, negando con la cabeza, como si se n

camino. La ambulancia aceleró de nuevo,

gencias. Mientras me pasaban a una cam

bella había sido reemplazada

de mi casa, ahora rodeada de c

o identificadas como Ricardo Mendoza, un conocido empresario, y su hija menor, Camila Mendoza, quien esta misma mañana fue nombrada la Me

. Laura, su asistente, miraba su teléfono con una expresión

o, y luego, lentamente, a una comprensión pálida y terrible cuando la verdad de lo que h

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El Sabor Amargo de la Victoria
El Sabor Amargo de la Victoria
“La noticia de que mi pequeña Camila, mi orgullo, había sido nombrada la Mejor Estudiante de México, debería haber sido el momento más feliz de nuestras vidas. Pero Sofía, mi esposa, la miró, no con alegría, sino con una frialdad que heló mi sangre, murmurando: "Justo ahora, justo antes de los exámenes de Isabella". De repente, la celebración se transformó en una pesadilla cuando mi esposa nos arrastró al sótano. Abrió la pesada puerta de la cámara frigorífica, a -20 grados Celsius, para Camila, y luego la del sauna, a 60 grados, para mí. Nos encarceló, diciéndome: "Tú te sentarás aquí y verás. Verás lo que se siente cuando alguien que amas sufre". Con una calma que aterraba, Sofía nos abandonó, y escuché el sonido metálico de los cerrojos. Atrapados, separados por un cristal que ya empezaba a empañarse, la vida de mi hija se desvanecía. "¡Sofía, por el amor de Dios, abre la puerta! ¡Esto es una locura!", grité, golpeando el cristal. Ella, impasible, respondió: "Es justicia, Ricardo. Justicia para Isabella". La acusación de que Camila humillaba a su hermana lisiada era tan absurda que me quedé sin palabras. Entonces, el cintillo de 'ÚLTIMA HORA' en la televisión del sótano anunció: "Tragedia en Las Lomas. Las víctimas serían la galardonada estudiante Camila Mendoza y su padre, Ricardo Mendoza, quienes habrían fallecido en un aparente accidente doméstico". Sofía sonrió. Enloquecido por la furia, destrocé el cristal con mis manos quemadas para alcanzar a mi hija. Pero lo que encontré en su boca, agujas, decenas de agujas de coser, reveló una crueldad que iba más allá del castigo. Esto no era un castigo, era una tortura, un acto premeditado y horrible. "¡Tenía agujas en la boca, Sofía! ¡Agujas!", aullé por el intercomunicador, pero ella se burló de mí llamándola "manipuladora". La impotencia me invadió al enterarme de que Sofía había desviado el botón de pánico a Isabella, quien se negó a ayudarme. "Mamá dice que Camila es una exagerada y que solo quiere llamar la atención", dijo Isabella, colgándome. En mi desesperación, marqué 911, y mientras las sirenas se acercaban, Sofía, con una frialdad inhumana, impidió su entrada. Entonces, mi corazón se detuvo.”
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