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El Sabor Amargo de la Victoria

Capítulo 3 

Palabras:949    |    Actualizado en: 07/07/2025

lvió en una mezcl

susurrando su nombre una y otra vez, c

una salida, una esperanz

ón de

En varias habitaciones, incluyendo el sótano, había un pequeño botón rojo oculto q

El mundo giraba a mi alrededor. Fui a la pared donde recor

ncon

ulgar ensangrentado

ubo sirenas, no

a la oficina principal de la casa. Laura con

No entiende la pala

. lo presioné y no pasó nada

tó una c

da. Ahora todas las alertas se desvían al teléfono de la señ

rofundo del abismo. Me había quitad

uista, marqué la extensión

vez, do

hija mayor sonó, somnoli

papá...",

ndo un cuento muy bonito sobre una princ

de un mazo. Estaba siendo adoctrinada,

to que llames al 911. Tu her

dijo que no te crea nada de lo que digas. Por cierto, ¿cuándo van a irse de viaj

lg

a más opciones. N

ba una cos

quemaduras y el frío, marqué los tres númer

1-

ncia?", una voz calmada

usurro roto. "Mi esposa... nos encerró... en el sót

las palabras, antes de que el interc

echo, escuchando el silencio. Me concentré en mantenerme des

tos que pare

ces lo

inconfundible. Golpe

¡BUM

la puerta

a! ¡Abran la puerta!",

rrió, tan intensa que casi m

ue el sonido apenas salió de mi garg

lave?!", gritó el homb

saba la misma para todo.

abella! ¡2-5-0-8!", grit

teclado numérico siend

na! ¡Es incorrecta!"

o pod

cador y marqué el despacho de Sofía. Sabí

.. la clave... Dales la clave...

i mi llamada al 911 fuera una traición impensable. "¿Para qu

¡La clave, Sofía

esta familia alguna vez giró a tu alrededor antes de que decidieras

lg

o de la puerta debió escu

ahí? ¿Tiene

ía quedado conectado a la línea extern

esposa... tiene

ipo en mi casa. "Contacten a la propietaria,

paramédico volvió a sonar a través

a darnos la clave. Dice que es una falsa alarm

jana de Sofía, fría y autoritaria, hablando

ja menor es propensa a la histeria. Están perfectamente bien. Si entran

ic del teléfo

n la puerta

aterrador ll

z, se extinguió por completo, dejándo

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El Sabor Amargo de la Victoria
El Sabor Amargo de la Victoria
“La noticia de que mi pequeña Camila, mi orgullo, había sido nombrada la Mejor Estudiante de México, debería haber sido el momento más feliz de nuestras vidas. Pero Sofía, mi esposa, la miró, no con alegría, sino con una frialdad que heló mi sangre, murmurando: "Justo ahora, justo antes de los exámenes de Isabella". De repente, la celebración se transformó en una pesadilla cuando mi esposa nos arrastró al sótano. Abrió la pesada puerta de la cámara frigorífica, a -20 grados Celsius, para Camila, y luego la del sauna, a 60 grados, para mí. Nos encarceló, diciéndome: "Tú te sentarás aquí y verás. Verás lo que se siente cuando alguien que amas sufre". Con una calma que aterraba, Sofía nos abandonó, y escuché el sonido metálico de los cerrojos. Atrapados, separados por un cristal que ya empezaba a empañarse, la vida de mi hija se desvanecía. "¡Sofía, por el amor de Dios, abre la puerta! ¡Esto es una locura!", grité, golpeando el cristal. Ella, impasible, respondió: "Es justicia, Ricardo. Justicia para Isabella". La acusación de que Camila humillaba a su hermana lisiada era tan absurda que me quedé sin palabras. Entonces, el cintillo de 'ÚLTIMA HORA' en la televisión del sótano anunció: "Tragedia en Las Lomas. Las víctimas serían la galardonada estudiante Camila Mendoza y su padre, Ricardo Mendoza, quienes habrían fallecido en un aparente accidente doméstico". Sofía sonrió. Enloquecido por la furia, destrocé el cristal con mis manos quemadas para alcanzar a mi hija. Pero lo que encontré en su boca, agujas, decenas de agujas de coser, reveló una crueldad que iba más allá del castigo. Esto no era un castigo, era una tortura, un acto premeditado y horrible. "¡Tenía agujas en la boca, Sofía! ¡Agujas!", aullé por el intercomunicador, pero ella se burló de mí llamándola "manipuladora". La impotencia me invadió al enterarme de que Sofía había desviado el botón de pánico a Isabella, quien se negó a ayudarme. "Mamá dice que Camila es una exagerada y que solo quiere llamar la atención", dijo Isabella, colgándome. En mi desesperación, marqué 911, y mientras las sirenas se acercaban, Sofía, con una frialdad inhumana, impidió su entrada. Entonces, mi corazón se detuvo.”
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