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La Furia de Una Madre Herida

Capítulo 2 

Palabras:723    |    Actualizado en: 07/07/2025

preocupación. Era un hombre leal, de pocas palabras pero de una percepción agu

ncuentra bien?

estudio, cerrando la pu

tu ayuda y tu di

tió, es

, patrona, pero esa niña nunca ha sido agradecida. Siempre pide y pide, pe

para mi alma herida. Alguie

voz baja y seria. "Mucho más de lo que imaginas. Camila q

tas. No podía contarle la verdad completa, no

tuvimos contacto con ellos, casi nos destruyen. Se aprovecharon de nuestra hospitalidad, de nuestra

endo la gravedad de mi tono. No cuestion

ita que hag

na sonrisa sombría asomando en mis labios. "

entes y las cosas viejas. Le pedí a Arturo que buscara las latas de comida más viejas, esas que llevaban

nco, quizás seis años. Las guardamos pa

s más viejas, las que están apolilladas y llen

cta: comida incomible, ropa rota, herramientas oxidadas y un par de radios viejas sin baterías. Empacamos todo

Entró al estudio y sus ojos se abri

chísimo!" exclamó, c

rígida bajo

me encargar

ndo," dijo, su voz llena de una gratitud tan falsa como

amioneta para llevarles todo," dijo, ya s

una máscara de pr

oneta tiene una falla en el motor. Con la tormenta que se acerca, ser

de Camila s

cómo se supone que

s, mi expresión lle

una manera. Quizás puedas llamar a un t

ada de niña dulce se resquebrajó, revelando la ado

ra ponerme las cosas difíciles! ¡Siempre ha

sta vez, no me afectaron. No sentí culpa,

dije con calma. "Te di lo que p

ción, completamente derrotada. No tenía un plan B. Nunca l

días había

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La Furia de Una Madre Herida
La Furia de Una Madre Herida
“El olor a humo y a carne quemada me arrancó de la oscuridad de golpe, un grito ahogado en mi garganta. Mi corazón martilleaba, pero no había llamas, solo el frío familiar de la hacienda. Abrí los ojos, estaba viva. Estaba en mi cama. Mi calendario de escritorio marcaba el día, el mismo día en que todo se fue al infierno. El eco de la explosión final, el fuego devorándolo todo, aún resonaba. Vi a Rodrigo, mi esposo, caer en la nieve y el cuerpecito sin vida de mi pequeña Isabel. "¿Mami?" la voz de Camila, mi hija adoptiva y su preocupación ensayada, la misma de siempre. Sentí un escalofrío y la recordé, esa misma cara que me miró con odio mientras su padre, el líder del culto, nos despojaba de todo. "Estaba pensando en mis papás biológicos" , dijo Camila con esa voz suave de serpiente. "Necesitan comida. Y cobijas. Tal vez algo de dinero. Tú tienes tanto, y a ellos les falta todo." Mi estómago se revolvió. Esos animales nos encerraron en un almacén helado. Vi a Bernardo, su padre biológico, sonriendo mientras sostenía el cuchillo sobre mi Isabel. El grito de Rodrigo. Mi propio grito. El olor a sangre mezclado con tierra húmeda. ¿Cómo podía ser tan egoísta? La criamos como a una reina. Le dimos un amor que creí incondicional, un amor nacido de la culpa por perder a mi primera hija. Y para ella éramos solo un banco, un recurso inagotable. "Claro que sí, mi amor" , dije, mi voz extrañamente tranquila. Vi el destello de triunfo en sus ojos. Me levanté de la cama, mi mente trabajando a toda velocidad. El plan ya se estaba formando, frío y afilado. "Prepara una lista de lo que crees que necesitan" , le dije, "Yo me encargo de que tengan todo. Absolutamente todo lo que se merecen." Esta vez, no seremos las víctimas. Esta vez, yo seré la depredadora.”
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