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La Medalla Perdida

Capítulo 4 

Palabras:1025    |    Actualizado en: 07/07/2025

ltó a Mateo con un empujón brusco y dio una orden silenciosa a sus hombres. Se retiraron, no con miedo, sino con la promesa de una violencia fu

pero ileso. La multitud, al ver que el drama había terminado, se d

Sofía sabía que solo había ganado una pequeña batalla, no la guerra. Había jugado

da ruido, cada sombra que pasaba por la ventana. Sofía no se atrevía a dejar a Mateo solo ni por

ez llegó una s

ilde casa. La calle polvorienta parecía encogerse ante la opulencia de los vehículos. Del auto principal desce

de inmediato: Lorena, la hija de un empresario rico con quien Vargas había estado haciendo negocios. Y detrás de ellos, el padre d

, la herramienta de jardi

ué gusto verte. Veo que has estado ocupada. Te presento a mi prometi

con una mueca de asco, como s

están haciendo tanto escándalo?" dij

escudo de latón, el emblema del regimiento del padre de Sofía. Era lo único que quedaba, aparte de

era reaccionar, Lorena

uego, con una fuerza sorprendente, lo arrancó de la madera y lo arrojó al suelo polvorriento. Lo pisó,

de la garganta de Sofía. "¡No

ás un mal recuerdo." Se volvió hacia Vargas y la multitud de aduladores. "No entiendo por qué pierden el tiempo con esta ge

oportable. Pero lo que

hacia los matones, sino hacia el escudo de latón abollado. Se arrodilló y lo recogió, trat

susurró, su vocecita

mirada, incómodo. Incluso Vargas pareció mostrar una fracción de segundo d

ena, un hombre corpulento y de cara roj

s, mocoso!" gritó. Y sin previo

ón volando de sus manos. Se llevó una mano a la mejilla, donde una marca roj

móil, viendo cómo su futuro suegro golpeaba a un niñ

o, se reveló como un monstruo. Y su silencio fue más cruel que el golpe mismo. Vio en los ojos de Vargas una indiferencia total, un vacío gélido q

físico, sino por la traición. La última pizca de fe infantil se extinguió en ese

azo de metal abollado y por una traición que ningún niño debería experimentar, la llenó de una furia tan

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La Medalla Perdida
La Medalla Perdida
“Me desperté con el corazón desbocado, el sudor frío y el eco de los huesos de Mateo rompiéndose. Era tan real que extendí mi mano buscando su cuerpo frío, pero solo encontré una cobija gastada. ¡Había muerto! Recordaba la desesperación, a los matones de Vargas pisoteando la condecoración de mi padre, mi grito ahogado. Pero aquí estaba, viva, en mi cama. Todo igual... hasta que apareció Mateo, mi hermanito de diez años, sonriendo, sin una herida. Mi padre, un héroe de guerra, nos había dejado su casa y su Medalla al Valor, nuestra única esperanza, nuestro último recurso. Pero cuando corrí a buscarla en el viejo ropero, el lugar donde debería haber estado la brillante medalla de oro, estaba vacío. Había vuelto al día en que todo comenzó... ¡pero la maldita medalla no estaba! Alguien se la había llevado. Mi única esperanza se había hecho pedazos antes de empezar, pero la imagen de Mateo herido me puso de pie. Sabía quién era el culpable: el Licenciado Vargas. Lo encaré en su oficina, solo para enfrentar la burocracia, la indiferencia y el desprecio, y ser humillada públicamente por sus matones y su aliada Doña Elvira. Me dijeron que mi padre era un ingenuo, que la casa y la medalla eran suyas por un préstamo fraudulento. Me acusaron de ser una mentirosa y una ladrona, y cuando el padre de su prometida abofeteó a Mateo, vi la indiferencia total en los ojos de Vargas, un vacío gélido que me dijo que no importábamos. En ese instante de furia pura y desesperación, al ver a mi hermano llorar por una traición que ningún niño debería sufrir, comprendí que la justicia no vivía en ese edificio de mármol frío. Me derrumbé, sintiendo que no había forma de combatir una injusticia tan vasta. Justo cuando la oscuridad invadía mi visión, una voz con autoridad absoluta resonó. Una Humvee militar frenó bruscamente y de ella bajó el Comandante Rivera, un amigo de mi padre. Mateo, con su vocecita llena de dolor infantil, le gritó al Comandante: "¡Miente! ¡Él dejó que me pegaran! ¡Dijo que la medalla de mi papá era chatarra!" .”
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