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La Hija Pérdida De La Familia

Capítulo 4 

Palabras:706    |    Actualizado en: 04/07/2025

unque el médico que la había visitado dijo que era solo un moretón. Recibía toda la atención de Isabe

y ensalada. Comió con la misma concentración y velocidad que el primer día. No era un acto de desafío, era u

de abundante. Luego un tercero. Comía de forma metódica, sin disfrutar, casi

a rodar por sus mejillas, silenciosas al principio, luego en sollozos ahogados. Cada bocado que Elena se llevaba a la boca era un re

...", susurró, tapándose

esprecio se resquebrajó. Vio a Elena no como una intrusa, sino como una ext

metálico resonó en el comedor silencioso. Se levantó br

e. Pero no sintió nada. La culpa de ellos era una carga que no le pertenecía. Termin

ijo al aire, y se levantó

ifícil de leer. En su mano, sostenía una tarjeta de crédito de platino y un fajo de billetes. Los dejó s

nca. "La tarjeta no tiene límite. El efect

tento de pagar una deuda que no se podía saldar

voz neutra. "Lo usar

si quisiera decir algo más, pero las palabras no salieron. Final

tarjeta de crédito sin límite, más efectivo del que había visto en toda su vida. Eran

da, brillante y llena de promesas. Conectó el cable de red que un t

ar con ella, con los ojos todavía hinchados

de iniciar una conversación emocional. "Con esto tengo todo lo que necesito. No tienen

ni su culpa. Eran proveedores, no una familia. Y ella era una estudiante, no una hija pródiga. Con sus nuevas he

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La Hija Pérdida De La Familia
La Hija Pérdida De La Familia
“Elena, una joven forjada en la miseria, cruzó el umbral de una mansión que olía a dinero y promesas vacías. Era el hogar de sus padres biológicos, Ricardo e Isabel, quienes, junto a su hijo Javier y la perfecta Sofía, la recibían con lágrimas fingidas y abrazos huecos tras dieciocho años de abandono. Pero esta cálida bienvenida pronto reveló su verdadera naturaleza: acusaciones de "salvaje" y "mercenaria" por parte de Javier, mientras Sofía, con una sonrisa dulce y ojos calculadores, orquestaba una trampa, culpandola de un "accidente" que la dejó con el brazo herido. Ricardo e Isabel, en lugar de creer a Elena, exigieron una disculpa y la sometieron a humillación pública, forzándola a asistir a clases de etiqueta y a la fiesta de Sofía, un castigo que la obligaba a perder un tiempo precioso y a someterse a una farsa social. Con una calma gélida, Elena aceptó el trato: se disculparía, asistiría a la fiesta y tomaría las clases, pero no sin antes transformar cada imposición en una oportunidad para adquirir los recursos necesarios para su verdadera meta: estudiar derecho y escapar de esa pesadilla.”
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