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Tu Traición En Nuestro Gran Día

Capítulo 3 

Palabras:656    |    Actualizado en: 04/07/2025

l brazo como si mi piel quemara, pero su

, exclamó, levantando las manos

palabras salieron con todo el veneno que se

delicado, una pequeña mariposa de diamantes. Mi mariposa. El primer regalo que Ricardo me había hecho, en nuest

l cuello de la mujer que h

n cambió. Por un instante, vi pánico en sus ojos, pero

en, Cami. Ese c

Todas las piezas encajaron de golpe: las llamadas misteriosas que él cortaba cuando yo entraba en la habitación, las veces que Camila "casualmente" aparecía cuando teníamos plan

sin alegría esca

sarcasmo que ya no intentaba ocultar. "Se ven tan bie

el único objeto que había

que irme. No quiero interrumpi

habitación que se había vuelto sofocante. Pero Ric

arte, Sofía. Estás h

de mi camin

tó por los hombros, esta vez con m

¡Me estás l

ayudarme, soltó un p

ser preocupada, pero que solo echaba más leña al fuego. Era una táctica b

acia ella. Me soltó bruscamente, tan bruscamente que tropecé hacia atrás y caí al suelo, golp

rrió hacia Camila, tomándola por los brazos con

ó, su voz llena de una ternura que me revolv

anzándome una mirada fugaz por encima de su hom

A ella. Después de empujarme a mí. En ese preciso instante, entendí que no solo había perdido a mi prometido y a mi mejor amiga. Había perd

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Tu Traición En Nuestro Gran Día
Tu Traición En Nuestro Gran Día
“El sol brillaba con insolencia el día de mi boda, como si el universo conspirara para celebrar mi felicidad. Vestida de blanco, me excusé para tomar un respiro, un último momento como Sofía antes de convertirme en la Sra. de Ricardo. Pero en un rincón apartado del jardín, los encontré: Ricardo, mi prometido, besando apasionadamente a Camila, mi mejor amiga de la infancia. La imagen nítida de sus labios unidos me robó el aliento, tiñendo mi pureza nupcial con la humillante mancha de la traición. Ni siquiera se inmutaron, su sonrisa cínica sellando mi destino. Cuando los confronté, Ricardo lo llamó un "pequeño inconveniente", y Camila, con voz dulzona, lo justificó como un "impulso" por los nervios previos a la boda. ¿Un impulso? ¿Un error? El collar de diamantes con forma de mariposa, el primer regalo que Ricardo me hizo, brillaba en el cuello de Camila, revelando la premeditación de su engaño. "El traidor y la ladrona" , les espeté, el asco superando mi dolor. En el hospital, al borde de la muerte por su "olvido" de mis alergias, Ricardo aún la eligió a ella, llevándole rosas y croissants de almendra a Camila, para quien yo era solo un inconveniente logístico. Su "preocupación" por su cómplice era tan clara como su indiferencia hacia mi vida. Al final, supe que no había sido un error, sino un plan, una manipulación: Camila misma lo admitió, y me grabé. Con el video como mi arma, lo publiqué, haciendo añicos su reputación, mientras mis padres me daban la espalda por "destruir" su negocio. Ricardo, desesperado, me siguió a otro continente, escenificando una patética propuesta pública. Pero ya no era aquella Sofía ingenua. Denuncié su acoso a la policía, me despidí de mis crueles padres y de su amor condicional. Ahora, en una nueva tierra, libre de los restos de su traición, la única promesa que me importaba era amarme a mí misma.”
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