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No Tengo Más Para Perder

Capítulo 1 

Palabras:2048    |    Actualizado en: 03/07/2025

upaba todos los titulares de espectáculos, junto a una foto de él besand

ía dejado en la mesa de la sala,

ada nueva "reina del espectáculo" se convertía en su a

irme, n

s de la tequilera de Ricardo para su tratamiento, y p

sonó, era

e su padre para este mes ya está vencido,

on calma, "haré la tran

uido un pequeño papel en una película de acción como doble de riesgo, una

usieron un arnés para una escena d

e acercó con una sonrisa dulc

voz melosa, "Ricardo me cuenta que

í, solo la mi

e cuidadas, se movieron con una rapidez ca

, gritó el

ensión del cable, pero en su

o desde tr

ravesó el vientre, sentí un líquid

eto que guardaba con la esperanza de que

o era peor, saqué mi teléfono con manos

gundo tono, su

, Esmeralda?

uchaba la risa c

gré decir con la voz en

luego una carcajad

inges un aborto para llamar mi aten

asó el telé

da de la actriz, "Ricardo está un poco ocupado

gemido coqueto antes de

desvanecía a mi alrededor, el dolor en mi

ital, blanca y estéril, el olor a

cara seria est

oz baja, "lamento informar

sin sentido, pero el vacío en mi v

se hab

a entró corriendo a la habit

padre... en el pabellón de al lado

e terminar

nte en mi cuerpo, llegué a la habitación de mi padre j

una tristeza infinita, y s

no sufras má

de su corazón most

, y la vida que u

idas p

Ricardo est

ía, como un cascarón hueco, me senté en

rostro era una máscara de desdén, en su mano s

con una sonrisa burlona, rompiendo el papel en

abajo, su mirada l

una chequera, "aquí tienes, un millón de pesos, suficient

po, una sonrisa genuina se dibujó en mis

rdo", le dije con una voz tranqu

peraba esa respuesta, arrojó el chequ

e, un hombre llamado Mate

rgas me ha pedido que le ofrezca un lugar para su padre en

, una disculpa, una

cesita su caridad hipócrita", lo i

ó en silenci

rio y sombrío, regresé a la que se su

isas provenientes de

pampanante, ambos bebiendo y ri

ó, se levantó y caminó hacia mí,

e llorar?", pregu

espo

ndo a un susurro venenoso, "porque tu padre mató a mi madre, la o

a risa ama

ás l

de ira, corrió hacia la chimenea, donde yo hab

en sus

urna sobre el suelo de mármol, "¿qué te parece

ó, un grito ahogado

ardo, por

jetó con una fuerza brutal

la caro, "te quedarás y me servirás como la criada que eres,

divertía con su amante, a servirles

guiente, el in

ajo a Sofí

ró con una sonr

como si ya fuera suya, "espero que hayas des

urló de mi dolor

a golpearla, pero Ricardo me detuvo, su

rra tocarla",

e, un amuleto ancestral que había pertenecid

ntregó

dijo, "un pequeño

irarlo, y luego, "accidental

se hiz

o con una

ró, su rostro

esto", m

nuevo giro, Sofía me siguió ha

ligrosamente al borde, "sería muy f

momento, Rica

hacia mí, "¿quieres matarla co

Ricardo", le supliq

spondió, "sé exactamente q

sola en el balcón, temblan

eo, el mayordomo, se

e engañar, el señor la ama, lo hace en

ente, tomé u

reabrir el caso de mi pad

recibí una llam

"vas a ir a un set de filmación y te vas a discul

o sabía, pero no

de repente, tres hombres salier

taca

gré escapar, pero no sin antes

algo terrible, Ricardo lo había p

n mensaje,

o odio, Ricard

había engañado, algo en su historia no cuadraba, corr

ó que me habían visto

lí, con el cora

dijeron que una muj

ilado, encontró mi ga

contraseña era la fecha de

ntró una gra

explicando

la grabación, "se suicidó por la infidelidad del padre de Ricar

fotos, cartas, pr

a verdad, su propio padre

sumido durante años esta

uido a la única mujer que, en

pero ya era d

tra Sofía, la expu

vacío y frío, en mi habitación, encontró un frasco

se dio cuent

izas de mi padre h

ba v

ueblo costero, yo, Esmeralda Ruiz,

hombre se

Rica

ncon

esó su amor, me contó l

as cicatrices en mi

z en mi brazo, "es de cuando me caí de

ñalando mi corazón,

en medio de la calle,

y seguí

, soñé que me ahogaba, que Ri

video de Ricardo arrodil

có un video editado de mi agr

ar la situación, mostré

isión, reveló toda la verdad,

ue con

mi diario, descubrió mi d

última vez, y promet

dej

tré una nota qu

icaría tanto sufrimiento para ti, habrí

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No Tengo Más Para Perder
No Tengo Más Para Perder
“La noticia del romance de Ricardo Vargas, el magnate tequilero, con Sofía, la estrella de telenovelas, acaparaba los titulares. Lo vi en la tableta que él dejó, y solo apagué la pantalla. Cinco años de matrimonio, cinco años de amantes pasajeras, me había acostumbrado a ignorarlo. No podía irme; mi padre, con leucemia, dependía de los recursos de Ricardo para su tratamiento. Acepté un papel minúsculo como doble de riesgo, una de sus muchas formas de humillarme sin saber que llevaba tres meses de embarazo. En el set, mientras esperaba para una caída, Sofía se me acercó. "Esme, qué valiente eres," dijo, "Ricardo me cuenta que harías cualquier cosa por dinero." Sus dedos, con uñas perfectas, manipularon el cable de mi arnés. Luego, solo sentí el vacío. Caí. Un dolor agudo me desgarró el vientre, el líquido caliente escurrió por mis piernas. Marqué a Ricardo, temblando. "¿Qué quieres, Esmeralda? Estoy ocupado," dijo con impaciencia, de fondo la risa coqueta de Sofía. "Ricardo... caí... el bebé..." Una pausa, luego su cruel carcajada. "¿Qué nuevo truco es este? ¿Ahora finges un aborto? Madura, Esmeralda." Sofía tomó el teléfono: "Ricardo está ocupado, ¿te importa si te llama después?" La llamada se cortó tras un beso y un gemido. Desperté en un hospital estéril. "Señora Vargas, ha perdido al bebé," dijo el médico. En ese instante, una enfermera pálida tartamudeó: "Señorita Ruiz, su padre... se enteró de su accidente..." Corrí. Él me miró, con tristeza infinita. "Hija... ya no sufras más por mí..." Luego, el monitor marcó una línea plana. Mi padre, mi bebé, y la vida que soñé. Tres vidas por una. Mi deuda con Ricardo estaba saldada. Regresé a la casa, sintiéndome vacía; Ricardo entró con el certificado de defunción de mi padre. "Así el viejo se rindió," dijo con una sonrisa burlona, rompiéndolo, "qué conveniente." Me ofreció un millón de pesos para que me callara. Sonreí, una sonrisa vacía. "Ya no necesito nada de ti, Ricardo." Su rostro se contrajo de rabia, arrojó el cheque y se fue. Luego, Mateo, su asistente, ofreció un lugar para mi padre en el mausoleo Vargas. "Dile a tu jefe que mi padre no necesita su caridad hipócrita," le dije. "Lo enterraré yo misma." Después, Ricardo me miró con odio: "¿Sabes por qué te odio tanto, Esmeralda? Porque tu padre mató a mi madre." Me reí. "Estás loco." Él tomó la urna de mi padre. "¿Qué te parecería si tu querido papito se une a la fiesta?" Grité, corrí, pero él me sujetó. "Te quedarás aquí y me servirás como la criada que eres." Al día siguiente, Sofía llegó. "Buenos días, Esme," dijo con una sonrisa triunfante. "Hoy vas a estar muy ocupada." Tomó el amuleto de jade de mi padre. "Accidentalmente" lo dejó caer. "Limpia esto," ordenó Ricardo, con un rostro inexpresivo. Esa noche en el balcón, Sofía dijo: "Sería muy fácil para mí decir que me empujaste." Ricardo apareció. "¡Asesina! ¿Quieres matarla como tu padre mató a mi madre?" "Revisa las cámaras, Ricardo," supliqué. "No necesito ver nada," respondió. "Sé exactamente qué clase de persona eres." Me dejó sola, temblando. Mateo susurró: "El señor la ama, su odio es más fuerte." Al día siguiente, decidí reabrir el caso de mi padre. Ricardo me llamó: "Prepárate, irás a un set a disculparte con Sofía." Era una trampa. En el set, tres hombres me atacaron. Luche, escapé, pero recibí golpes. Le envié un mensaje: "¿Por qué tanto odio, Ricardo? ¿Por qué?" Ricardo, al ver mi sangre en el set, corrió al acantilado. Unos pescadores dijeron que una mujer saltó. Encontró mi teléfono, lo desbloqueó con la fecha de nuestro aniversario. Descubrió la verdad: su padre engañó y maltrató a su madre, empujándola al suicidio. El odio, la mentira. Había destruido a la única mujer que amaba. Se arrepintió. Sofía fue arrestada. En mi habitación, encontró mi jazmín y la urna cambiada. Estaba viva. Tres meses después, en mi posada, apareció Ricardo. Me rogó perdón, me confesó su amor, las cicatrices de mi cuerpo y alma eran mi respuesta. "Esto," señalé mi brazo, "cuando perdí a nuestro hijo." "Esto," señalé mi corazón, "por mi padre." Se arrodilló, llorando. Ignoré su súplica. Esa noche, la pesadilla: Ricardo me ahogaba. Al día siguiente, su video se hizo viral. Sofía, desde la cárcel, publicó un video editado mío, difamándome. En vivo, mostré mis cicatrices. Ricardo intervino, desenmascaró a Sofía. Luego, en mi diario, leyó mi depresión, mis pesadillas. Me pidió perdón y prometió irse. Lo dejé ir. Encontré su nota: "Si hubiera sabido que conocerte significaría tanto sufrimiento para ti, habría preferido no haberte conocido nunca."”
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