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La Mujer Despreciada Por Su Familia

Capítulo 2 

Palabras:867    |    Actualizado en: 03/07/2025

en la nariz. Abrí los ojos lentamente, la luz blanca del techo del hospital me

en la habitación y s

rtó, señorita. Nos te

pero mi gargan

.. qué

muy fuerte. Sufrió una hemorragia interna. Tuvimos que intervenir de u

ara

e estaba embarazada. Un hijo de Ricardo. Un

tía, una pérdida abstracta y confusa. Pero debajo de eso, una ola abrumadora de alivio me recorrió. Un alivio tan

staba plano. Vacío. Y por primera vez en mucho

de vuelta a la casa que una vez llamé hogar. Ya no lo er

no duró mucho. Escuché risas provenien

inseguros. Y la escena que en

as Ricardo, de pie frente a ella, le daba de comer trozos de fresa con una ternura que n

una fracción de segundo antes de volverse

volviste! Estábamos tan preocup

nte me miró con indiferencia. "Ya era hora. La ca

despiadada. Vi la forma en que la mano de Ricardo descansaba posesivamente

imos dos días. Ella y Ricardo en nuestro restaurante favorito. Ella y Ricardo paseando al perro que me regaló por mi cumpleaños. El pie d

ra que el mundo la viera, mientra

subió por

¿El que robaron?" Mi vo

ueza. "Sofía, no sé de qué hablas. Ese

do directamente a Ricardo. "Por empujar

"¿Bebé? No seas dramática, Sofía. Fue un ac

uier sentimiento que pudiera haber albergado por él

je a Elena, mi voz era baja y p

"Sofía, esta también e

r un segundo. "¡Esta es la casa que yo decoré! ¡Esta es la bata qu

Cálmate, Sofía. Estás histérica.

e hacia Elena, "vas a ver cómo la fama que construiste sobre mis ruinas

uelta y subí las escaleras hacia nue

s que no habían sido manchadas por su presencia. Ropa, mis libros de diseño, mis cuadernos d

jos de ellos. Estaba cerrando un capítulo. Un capítulo podrido y dolo

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La Mujer Despreciada Por Su Familia
La Mujer Despreciada Por Su Familia
“El olor metálico de la sangre llenaba mis fosas nasales, espeso y mareador. Estaba tirada en el frío suelo de mármol de mi propio recibidor, con un dolor agudo que me partía el abdomen. Desde el suelo, vi sus pies: los carísimos zapatos italianos de Ricardo, mi prometido, y los tacones de aguja de Elena, mi propia hermana, posicionándose a centímetros de mi cara. "Ricardo, ¿está bien? Se golpeó muy fuerte" , susurró Elena, con una falsa preocupación que me revolvió el estómago, mientras la boca de Ricardo devoraba la suya, ignorando mi cuerpo casi inerte. El dolor de la traición era mil veces peor que el golpe. Dos días después, en el hospital, la enfermera me confirmó lo inevitable: "Lamento informarle que perdió el embarazo" . Regresé a casa, la escena de mi dolor, para encontrarlos en la cocina, riéndose, Elena con una de mis batas de seda, Ricardo dándole fresas con una ternura que nunca me había mostrado. Ellos me vieron, Elena puso su máscara de actriz y Ricardo, ni se molestó en fingir. Abrí Instagram en mi nuevo teléfono y vi la prueba de su traición documentada para todo el mundo, mientras yo yacía en un hospital: "Encontrando la felicidad en los lugares más inesperados. A veces, el amor verdadero tarda en revelarse" , decía una de las fotos. La náusea subió por mi garganta, y con ella, una pregunta que me quemaba la garganta: "¿Dónde está mi vestido? ¿El que robaron?". Ricardo se rio, cruel: "¿Bebé? No seas dramática, Sofía. Fue un accidente. Además, ¿cómo sabes que era mío?" . Esa fue la última gota. Mientras empacaba mis cosas, Ricardo bloqueó la puerta, exigiendo que me quedara, acusándome de estar "histérica" . Le di una bofetada. En ese momento, su teléfono sonó, era Elena, fingiendo un malestar para arrastrarlo de vuelta a su lado. Cuando él volvió a subir, mi hijo, Leo, apareció en la puerta, manipulado, repitiendo lo que Elena le había dicho: "¡Mi mamá está llorando! Dice que eres mala. Que la quieres lastimar. ¿Por qué eres tan mala, tía Sofía?" . Mirando a Ricardo, dije con una calma que lo desarmó: "No tenemos nada de qué hablar. Quiero el divorcio" . Él se burló: "¿Divorcio? Ni siquiera estamos casados. Y si te vas, te vas sin nada. Todo está a mi nombre, ¿recuerdas?" . "No quiero tu dinero. Quiero mi libertad" . Mi madre me llamó, furiosa, confirmando mi desvío como peón defectuoso: "¡Inútil! ¡Siempre has sido una inútil! ¡Tu hermana, ella sí sabe cómo conseguir lo que quiere! ¡Tú solo sabes dibujar tus garabatos estúpidos!" . Colgué. "Tú dejaste de ser mi madre hace mucho tiempo" . Con la maleta en la mano, me juré que no volvería a mirar atrás.”
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