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Renacida En Mi Matrimonio Segundo

Capítulo 2 

Palabras:867    |    Actualizado en: 03/07/2025

tómata, sus emociones encerradas bajo una capa de hielo. Mateo la evitaba, pasando sus días en

el jardín, mirando a la nada, su teléfo

a por 1,000,000 de pes

de su humillación. Sin siquiera pensarlo, transfirió el d

a risa que conocía demasiado bien. Bajó las escaleras len

a había elegido, bebiendo el vino caro que le habían regala

la, su voz llena de un regodeo venenoso. "La reina del drama. ¿T

siquier

en paz,

a, pasando una mano por su pecho. "Después de todo, ahora

rabia, dolor, celos. Pero no sintió nada. Era c

Sofía, su voz era monót

orprendida por su

erd

tu actuación. Es bastante

, acercándose a Sofía hasta que sus rostr

a es mía. Toda su fortuna será mía. Tú no eres na

ó directamen

sura," dijo tranquilamente

o a tiempo para ver a Isabella estrellar un jarrón de cristal contra el suelo y luego, con una rapidez increíble,

loca!", gritó Isabella, cayendo al

io a Sofía de pie, el fragmento de vidrio en el suelo cerca

sa?!", rugió, abalan

ayó hacia atrás, su cabeza golpeando violentamente contra el borde afilado

, Mateo! ¡Te lo dije!", ge

bella, levantándola en

anquila. Estoy aquí. Ll

re comenzando a bajar por su sien. Lentamente, Sofía se sentó. El dolor en su cab

brazos por el empujón de Mateo. Vio el corte en su cabeza reflejado en el espejo osc

s de emergencia, la vio. Por un momento, una extraña

o?", le preguntó S

ó el te

hacer, Sofía. Te estás v

la, una risa sin alegría. "Tú m

u cabeza, luego los mo

s todo. Isabella, en cambio, está r

acia Isabella, quien continuaba con su actuación de víctima moribunda

s ido," le espetó. "Voy a llamar a

Sofía se miró en el espejo. Vio a la mujer con la cabeza sangrando, los ojos vacíos y los labios apretados e

reflejo. "El que se va a

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Renacida En Mi Matrimonio Segundo
Renacida En Mi Matrimonio Segundo
“A mis treinta y nueve semanas de embarazo, la ansiedad me ahogaba: Mateo, mi prometido y un torero famoso, no respondía, y la imagen de Isabella, la bailaora de flamenco, me atormentaba. El teléfono por fin sonó, pero era mi abuela, con su voz teñida de preocupación, y casi al instante, Mateo irrumpió en casa, ignorando mi avanzado estado y obligándome a ir a la Plaza de Toros para "salvar su carrera", porque supuestamente, yo, y no él, había "creado un malentendido". En medio de una multitud indiferente, y bajo la mirada triunfante de Isabella, sentí un dolor agudo y terrible: el bebé se venía, pero Mateo, con ojos de acero, me obligó a arrodillarme y pedir perdón, justo antes de perder el conocimiento. Desperté en un hospital, el vientre vacío, mientras las noticias mostraban a Mateo y a Isabella besándose; no solo había perdido a mi hijo, sino que era la villana en su farsa. Mi abuela me ayudó a escapar de esa pesadilla, y con la ayuda de Carlos, un amigo incondicional, forjé una nueva identidad en un pueblo costero, lista para renacer, pero sabía que mi pasado no me dejaría tan fácilmente.”
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