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La Malicia Bajo Los Ojos Llorosos

Capítulo 4 

Palabras:592    |    Actualizado en: 03/07/2025

reuní a mi fami

nder la gravedad

"La hemos expuesto y la hemos echado. Su ego está herido y buscará ve

parecía p

hacer, hija? Es

que cometeríamos si la subestimamos. No es 'solo una chica'. Es inteligente, cruel

lentamente. La revelación sobre el dinero de

masiado confiados. La hemos tratado como

alar en ellos, pero aún no veían la verdadera mal

n que espe

nte, el caos llegó

ralm

entrada de nuestra ca

nas, hombres y mujeres de aspecto rudo qu

antiguos compañeros de la preparatoria,

estra residencia con un gesto dramático para su

ntentaron detenerla, pero ella los ignoró

s justo cuando entra

detrás de mí, páli

se dibujó en su rostro. Se dirigió a l

uy lista que mis padres becaron. Le dieron una oportunidad, la trajeron a vivir aquí p

su mentira era

e invertir los pa

sa, la becada desagradecida, y a ella

e miraron con una mezcla

lograba sembrar esa duda, podría destru

uieta, obs

toda velocidad, anali

casa o el dinero. Se trat

misma forma en que yo la

oz para que solo yo la oyera, aunque

rajo en una mueca

nte. "Sígueme la corriente. Solo por hoy. Diles que es verdad. Si no lo

le quedaba: la amenaza de poner a

ón emocional,

miento cara

chocó contra un

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La Malicia Bajo Los Ojos Llorosos
La Malicia Bajo Los Ojos Llorosos
“El sudor frío me empapaba mientras la multitud celebraba mi cumpleaños dieciocho. No era el calor del salón lo que me asfixiaba, sino el terror de un recuerdo tan vívido que me ahogaba: acababa de renacer. Hacía un momento, estaba tirada en un hospital solitario, abandonada por todos después de la ruina de mi familia. Ahora, observaba a Valeria, mi prima, la "invitada" que mis padres acogieron por caridad. Ella, sonriente y dulce, presentaba un collar de diseñador como regalo, una pieza reluciente que, en mi vida pasada, resultó ser una burda falsificación. Ese collar fue la primera ficha de dominó que Valeria empujó, una mentira que usamos con orgullo, sólo para descubrir su engaño cuando nuestra fortuna se desmoronaba. Esa humillación fue sólo el inicio de sus intrigas. Un nudo de amargura se formó en mi estómago. ¿Cómo pude haber sido tan ciega? Pero ya no más. Esta vez, el juego había cambiado, y la que movería las piezas sería yo.”
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