icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Recetas Robadas, Amor Traicionado

Capítulo 2 

Palabras:809    |    Actualizado en: 02/07/2025

pre defendía a Ricardo cuando yo me quejaba de su arrogancia en el circuito de chefs. Las llamadas misteriosas que terminaban abruptamente cuando yo entraba en la habitación. El nuev

dentro de mí, pero la controlé. La Sofía de antes habría corrido a enfrentarlo, a gritarle, a hacer

tras esperaba, mi teléfono sonó. Era Marco. Lo igno

estás? Vuelve a casa, tenemos que

, Marco. Te di

blando en serio! ¡Nuestros amigos, nues

te atreves", respon

z familiar a mis espaldas. "¡Marco!

abía seguido, estaba a unos metros de él. Al escuchar su nombre, Marco se sobresaltó

Qué coincidencia", dijo, aun

ástrofe. Habría gritado, acusado, llorado. Pero ahora,

e con calma. "Marco y yo solo v

erenidad. Ricardo entrecerró los o

es?", preguntó Ricardo, con u

l futuro". Mentí con una facilidad que me sorprendió a mí misma. "De hecho, qué bueno que te encuentro. Marco m

nsó. "¿Marco

apartamento es bastante grande. ¿Por qué no te mudas con nosotros temporalmente? Así ahorras e

mo si me hubiera vuelto loca. Ricardo estaba pálido, sin

a nerviosa. "¡Mi amor, qué generosa eres! Per

blecerte, y a mí me encantaría tenerte cerca. Podríamos intercambiar ideas culinarias". La iro

ar con una sonrisa forzada. "Bueno, si no es mol

riño, se hace tarde y la fila avanza. ¿Por qué no vas

ncómoda, asintió rápidamente. "Claro, sí, buena

bservándome. "No sabía que er

las cosas como realmente son". Le guiñé un ojo y me di la vuel

manipular. Pero ahora, el juego había cambiado. Al tener a Ricardo bajo mi techo, tendría el con

Y esta vez, yo iba a construir mi arsenal pieza por pieza, sonrisa a sonrisa, hasta que estuviera lista para el golp

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Recetas Robadas, Amor Traicionado
Recetas Robadas, Amor Traicionado
“El aire del hospital apestaba a desinfectante y a muerte, una mezcla que se me había metido hasta los huesos. Postrada en esa cama, los días y las noches se confundían. En la tele, siempre encendida, hablaban de Ricardo Vargas, el nuevo genio culinario de México, a punto de ganar "Sabor de México". Mi restaurante, "Alma", el sueño de mi vida, estaba en ruinas, a medias de construir y con deudas que me aplastaban. Todo por él, por Marco. La puerta se abrió y entró mi prometido, pero no venía solo; a su lado, con una sonrisa de suficiencia, caminaba Ricardo Vargas. Verlos juntos fue como si me echaran sal en una herida abierta. "Sofía, ¿cómo sigues?", preguntó Marco, con una formalidad vacía. Ricardo ni siquiera disimuló su desprecio. "Marco, no sé para qué venimos a verla, solo es una pérdida de tiempo. Tenemos que celebrar nuestro éxito". Mi éxito, el que me robaron. "Marco", susurré, la voz apenas un hilo, "mis recetas... el libro de mi abuela... ¿dónde está?". Él desvió la mirada. "Sofía, ¿de qué hablas? Estás delirando por la fiebre". "¡No estoy delirando!", insistí, intentando incorporarme. Ricardo soltó una carcajada. "Ah, ¿hablas de ese viejo cuaderno lleno de garabatos? Fue la inspiración perfecta para mis nuevos platillos". Sentí que el mundo se me venía encima; Marco, el hombre que amaba, se había aliado con mi mayor rival para destruirme. No solo me robó mi dinero y mi futuro, sino el legado de mi familia. "¿Por qué?", logré preguntar, las lágrimas mezclándose con el sudor frío. Él se encogió de hombros con una frialdad que me heló el alma. "Ricardo me ofreció más de lo que tú jamás podrías darme, Sofía. Fama, dinero... yo no nací para estar atado a una cocinera con delirios de grandeza". El monitor a mi lado empezó a pitar de forma errática. Mi cuerpo, ya debilitado, estaba llegando a su límite. "Bueno, nosotros nos vamos", dijo Ricardo, tirando del brazo de Marco. Se fueron, dejándome sola con el eco de sus risas y el sonido agudo de la máquina. Miré el tubo de oxígeno. No tenía nada. Con la poca fuerza que me quedaba, me arranqué la mascarilla de oxígeno. El pitido del monitor se volvió un chillido ensordecedor. Cerré los ojos, deseando solo una cosa: "Si tuviera otra oportunidad...". De repente, una luz brillante me cegó. El aire volvió a mis pulmones con una bocanada brusca y dolorosa. Abrí los ojos de golpe. No estaba en el hospital. Estaba en mi apartamento, el sol de la mañana entraba por la ventana. Miré mis manos, llenas de vida. Un calendario en la pared marcó la fecha: un año atrás. El día en que Marco y yo íbamos a firmar el préstamo final para el restaurante. El día en que mi infierno comenzó. Había vuelto. Una risa amarga escapó de mis labios. No era un sueño. Me habían dado una segunda oportunidad, y esta vez, no la iba a desperdiciar. Me levanté, llena de una determinación que no sentía desde hacía mucho tiempo. "¿Sofía? ¿Ya estás lista? Se nos hace tarde para ir al banco", la voz de Marco sonó desde la sala. Salí del cuarto y lo vi, sonriendo como si nada. "No vamos a ir al banco, Marco", anuncié con calma. "¿Qué? ¿De qué hablas?". "Nuestro sueño se acabó", respondí. "Voy a la oficina del registro civil. Voy a pedir el divorcio".”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 1012 Capítulo 1113 Capítulo 1214 Capítulo 1315 Capítulo 1416 Capítulo 1517 Capítulo 1618 Capítulo 1719 Capítulo 1820 Capítulo 1921 Capítulo 2022 Capítulo 2123 Capítulo 2224 Capítulo 2325 Capítulo 2426 Capítulo 2527 Capítulo 2628 Capítulo 27