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Saluda A Tu Nueva Madre

Capítulo 3 

Palabras:540    |    Actualizado en: 01/07/2025

familia esa tarde, Sasha y los am

lemente me rodearon y

los, derramando su bebida sobre mi vestido. "Fuiste a l

o", escupió Sasha, su rostro contorsionado

. Pisotearon mis cosas, riéndose mientras yo p

del pelo, forz

para conseguir lo que quiere de su padre y

fici

Máximo cor

s y apartó a Sasha de mí. Su

ue están haci

ando su lugar", respon

o", dijo Máximo, su v

a una de las habitaciones de

mí. Su expresión ya no era de ir

n pañuelo, sus dedos ro

bien?",

n era una farsa, lo sab

do estar asusta

?", preguntó, su tono cambi

le canté. Parecía que le ayudaba con su dol

ojos llenos de un

su apoyo para tus ambiciones políticas. Si mi presencia allí te ayuda, si puedo

ón lo tomó p

amienta, una peón perfectamente leal y enamor

risa extendiéndose por su rostro. "Eso

ició la

dente. Haz que dependa de ti. Y cuando sea el momento adecuad

to, mi amor

rto en su plan. "Irás a la residencia presidencial todos

obedien

Se inclinó y me besó, u

na c

me quedé sola e

i rostro manchado de be

, limpiando el r

que me estás

te está usando a

o quedará nada de l

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Saluda A Tu Nueva Madre
Saluda A Tu Nueva Madre
“Estaba locamente enamorada de Máximo Castillo, el hijo del presidente. Era la noche de nuestra fiesta de compromiso, el inicio de lo que creí sería mi cuento de hadas. Pero en el salón privado de la mansión de los Castillo, mi foto era el centro de su juego macabro: Máximo lanzó un dardo, clavándolo en mi frente, anunciando que se casaría conmigo esa misma noche. Creí en sus palabras, en su mirada... hasta que, frente a toda la élite del país, brindó por "la verdadera novia de la noche": mi prima, Sasha Salazar, a su lado. Me humilló públicamente, diciendo que yo sería la asistente personal de su futura esposa. Luego, los amigos de Máximo y Sasha me arrastraron a un viejo silo de café, oscuro y maloliente, donde grité hasta que mi garganta sangró, hasta que mis nudillos se rompieron. Morí allí, sola y abandonada. ¿Cómo pudieron ser tan crueles? ¿Por qué mi amor, mi inocencia, se convirtieron en un arma para destruirme? ¿Por qué nadie me ayudó? Cuando abrí los ojos, la misma música sonaba. Estaba de vuelta en el salón privado de los Castillo, Máximo sostenía el dardo. Renací. Y esta vez, el juego no sería el mismo.”
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