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El Precio de la Humillación

Capítulo 4 

Palabras:435    |    Actualizado en: 30/06/2025

ia era simple,

Puse mi voz más dulce, la voz de l

. Son preciosos. Cuestan 450 euros. ¿Te parece si los c

lado de la línea. Pude oí

enso, nervioso. "Lina, ¿no crees que es un gasto innecesario ahora

dinero que me dio tu madre para estas cosa

e queda. Mejor guardarlo para imprevistos. No

ng

más le darían 450 euros? ¿Por qué se pondría tan nervioso por agotar

ue esos 500 euros eran lo único que había hab

el dinero. Era la mentira, la manipulación, la humillación. Me había hecho dudar

lvia inmed

. Ha picado

ción sombría. "Ese cabrón ha sido. Ahora,

. No voy a dejar que su madre le cuente a todo el mundo que su hijo me dejó porque era u

encio un momento. Lueg

idea. ¿Siguen con la idea de la 'pedida

eron. Para impresionar a

rama. Mi primo es DJ y organizador de eventos. Sabe cómo m

a no se trataba de recuperar mi hon

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El Precio de la Humillación
El Precio de la Humillación
“El aire de la Feria de Abril aún olía a azahar cuando Máximo me pidió matrimonio. Yo le di el "sí" más dulce, creyendo en un futuro perfecto junto al hombre de mis sueños. Una semana después, en la cena familiar oficial, su madre, dueña de media Sevilla, me entregó una tarjeta de débito con una "ayudita" de 20.000 euros para el ajuar. Parecía un cuento de hadas. Pero el sueño se desmoronó brutalmente en la tienda de novias más exclusiva. La dependienta, con voz discreta, anunció: "Fondos insuficientes." De 20.000 euros, solo quedaban 500; los 19.500 euros restantes habían desaparecido. Cuando intenté aclarar lo sucedido, Máximo y su madre, con sonrisas falsas y palabras melladas, me acusaron sutilmente de derrochadora. "¿Usado? ¿Cómo iba a gastar 19.500 euros en una semana sin que nadie lo notara?", grité, pero ellos insistieron, haciéndome dudar de mi propia cordura. Incluso mis padres, deslumbrados por el apellido Castillo, me pidieron que reflexionara y me disculpara, dejándome sola y humillada. ¿Cómo iba a aceptar ser acusada de algo que no hice? ¿Cómo pudieron mis propios padres dudar de mí? La rabia me quemaba por dentro. No podía ser. Alguien me estaba tendiendo una trampa. No iba a permitir que me pisotearan así. Con la ayuda de mi amiga Sylvia, decidí tenderles una trampa a ellos. Si querían jugar, íbamos a jugar. Y yo sería la ganadora.”
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