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Leche, Sangre y Furia en Gamarra

Capítulo 1 

Palabras:1033    |    Actualizado en: 30/06/2025

vuelta al taller en Gamarra después de la licencia de maternidad. Dejé el bolso con las fotos de mi bebé en mi pues

bor, una de las costureras más antiguas, una viuda de unos cinc

, dijo, su voz era una mezcla rara

era hora», respondí,

conspirador. «Necesito un favor. Un fav

izás tenía una nieta recién nacid

aerte un poco mañana. Us

disgusto. «No, no, no. El extractor mata la fue

a fuerza vital? Yol

por completo. «Es vida. Es cura. Mi niño la necesita. Ti

n que se formó en mi cabe

antar a tu bebé? Yolanda, eso

on una seriedad que me heló la

ler y se sentaba en un rincón, un hombretón corpulento con la mirada perdi

voz temblando de increduli

sformó. La desesperación s

radas de las otras costureras. «¡Mi hijo está en

tando de mantener la calma. «Y definitivamente no voy

e abalanzó sobre mí, sus dedos

illó, tratando de d

en mi piel. El shock inicial se convirtió en rabi

se aferró a mi ropa. El forcejeo

e grité, sintiendo cómo la

Con un movimiento brusco, la agarré de las muñecas. Era sorprendenteme

ciones. Ahora era yo quien la tenía

, apretando sus muñecas hasta que gimió de dolor.

intiendo una amarga satisfacción. «¿Qui

tados, una mezcla de odio y miedo

seó, forcejean

, le exigí, apre

unc

emos así hasta que v

olor en sus muñecas y la humi

ó entre dientes, sin

de veneno antes de escabullirse hacia su puesto de trabajo. Las otras co

latiéndome a mil por hora. No había ganado nada, solo había

la principal. Su mirada pasó de mí a Yolanda y de vuelta a

, Scarlett?», preguntó,

sde la petición grotesca hasta el ataque. Ella escuchó pacie

beza», dijo Sasha cuando terminé

é, con

er un bebé. Yolanda le hizo lo mismo. La acosó, la persi

le diagnosticaron esa discapacidad severa. Ella se aferró a él, convencida de que podía "curarlo". Ha probado de todo: curanderos, chamanes, dietas extraña

, pero no sentía ninguna lástima. Su t

etí, una sensación de frío recor

lla. El dueño habló con ella. Amenazamos con despedirla. Se calma por un tiempo, pe

a no se detendría. El ataque de

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Leche, Sangre y Furia en Gamarra
Leche, Sangre y Furia en Gamarra
“Volví al taller en Gamarra después de mi licencia de maternidad, sintiendo el aroma a tela nueva y el alivido de volver a trabajar. Pero mi primer día se convirtió en una pesadilla cuando Yolanda Trebor, una costurera mayor, me hizo una extraña y grotesca petición: quería mi leche, pero no para un bebé. La exigía para su hijo de diecinueve años, Máximo, creyendo que lo "curaría" y solo si se la daba directamente. Cuando la rechacé, su amabilidad forzada se transformó en pura furia. Me atacó en público, intentó rasgar mi blusa y luego, al día siguiente, me acorraló en un almacén oscuro con Máximo. Él intentó asaltarme mientras ella grababa con su teléfono, prometiendo humillarme si hablaba. Logré defenderme temporalmente, pero el horror y la humillación me invadieron. Acudimos a la policía, pero el oficial desestimó todo como una "disputa vecinal", alegando que Yolanda era una "pobre viuda con un hijo discapacitado". Ella se salió con la suya, intocable, burlándose de mí en la calle y prometiendo que conseguiría lo que quería. La injusticia me carcomió: el sistema me había fallado, dejándome a merced de su locura, sin protección. En ese momento, entendí que si la ley no me defendería, yo misma lo haría, y si la debilidad era su escudo, usaría la mía. Fue entonces cuando recordé a mi abuela, Doña Inés, una vendedora ambulante ruda, y a mi sobrino adolescente, Patrick, un boxeador en ciernes. Ambos, a los ojos de la sociedad, también eran "débiles" e intocables. Decidí que haríamos que Yolanda probara su propia medicina, usando sus mismas reglas. Mi guerra acababa de empezar.”
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