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Promesas Rotas en Polanco

Capítulo 3 

Palabras:491    |    Actualizado en: 30/06/2025

ierna era una punzada constante y brutal. La herida era profunda

tró Máximo. Su rostro e

nfrontó sin preámbulos. "

lor físico no era nada compara

ando? Ella me arras

en la habitación de al lado, en esta

on él, con la voz rota

iñas. Me ha atormentado toda mi vida. Me ha quitado todo lo que he querido. Y

gando saliva para c

arriesgó. Porque contigo, ella nunca corr

lpeó con una claridad devastadora. Para

itación contigua, se escuchó

ónde estás?

ejando a Lina sola en la habitación, ahogándose

Sasha en la habitación de al lado. Escuchó cómo él le prometía que todo es

u abuela. Una suma que para ellos era insignificante

a recuperado milagrosamente de su "shock". Se pa

terminas herida, ¿verdad?"

la cama, su rostro

debí haberte empujado

l. Pero Lina conocía esa mirada. Era la misma mirada que tenía cu

harta del dolor, Lina leva

ó en la habitac

os muy abiertos por la sorpresa. Luego, una sonr

que lo h

pánico que trajo a Máximo y a s

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Promesas Rotas en Polanco
Promesas Rotas en Polanco
“Hace seis años, en Oaxaca, mi abuela agonizaba y solo un costoso tratamiento podía salvarla. Desesperada, acepté un trato con un coleccionista de arte, sin saber que era una trampa orquestada por mi media hermana, Sasha. Fui drogada y agredida, el dinero desapareció y mi abuela murió. Para proteger a Máximo, mi idealista novio, mentí, diciéndole que me había vendido. Él me miró con desprecio y se fue, destrozando mi corazón y mi vida. Seis años después, siendo una artista reconocida a punto de escapar de México, Máximo, ahora un frío "tiburón" de las finanzas, me citó. Creí que era una oportunidad para explicarme. Pero fue una cruel puesta en escena: Sasha y mi padre me acusaron de malgastar el dinero y dejar morir a mi abuela, con Máximo creyendo sus mentiras. Incluso me arrojaron al sótano, donde un hombre intentó ultrajarme. La confusión y el terror me llevaron a aferrarme a él, sin saber que mi desesperación lo confundiría aún más. Cuando fui a denunciar a Sasha, ella simuló un accidente para que Máximo, ciegamente devoto, donara su sangre por ella y me obligara a retirar los cargos. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude confiar en un hombre que, a pesar de todo, siempre elegía creer las mentiras de su manipuladora prometida? Cansada de la perfidia, retiré la denuncia y subí al avión hacia una nueva vida. Pero antes, envié un último mensaje a Máximo con toda la verdad, sabiendo que quizás nunca lo leería, pero necesitaba liberarme. Barcelona me esperaba. Por fin era libre. Pero, ¿podría el destino o el arrepentimiento cambiar lo ya sentenciado?”
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