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La Receta Perfecta para la Venganza

Capítulo 3 

Palabras:587    |    Actualizado en: 30/06/2025

is pulmones del aire viciado de Madrid. Mi pueblo natal no había cambiad

vieja bodega de mi familia, ahora e

chica delgada con la que corría por los viñedos era ahora una mujer con una confianza que se notaba en su post

me resultó familiar y reconfortante. "He

una década de tensión empezaba a di

productivo con estas uvas. Mi cadena de vinotecas va bien.

refrescante. "A e

Un número desconocido. Lo ignoré. Vibró

iseñé. Estaba sonriendo a la cámara, con un brazo posesivo alrededor de la cintura de Lu

zado. Me habría emborrachado, habría lla

te borré el mensaje

de mi rostro. "¿El pasa

odo. La ruptura, la rueda de pre

ira en mi nombre. Cuando terminé, simplemente dijo: "Esa

tal y el conocimiento del mercado. Aquí, en Logroño, no hay nada como lo que tú puedes cre

Era una oportunidad de recl

endo por primera vez en años u

tamente de quién provenían), empezaron a especular que mi fría declaración en la rueda de prensa se debía a que ya

ontramos un local perfecto en el centro de Logroño. Pasamos semanas

La gente estaba hambrienta de algo nuevo, algo auténtico. Mi cocina, inspirada en las tradiciones riojanas pe

s de nuestro amigo en común, Patrick, el guitarrista. Estaba

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La Receta Perfecta para la Venganza
La Receta Perfecta para la Venganza
“El aire en el lujoso piso de Madrid se cortaba con la tensión mientras Luciana, la mujer por la que sacrifiqué una década de mi vida, me extendía un acuerdo de separación. Su voz, antes melodiosa, ahora contenida, me exigía que firmara, que aceptara ser el "rompehogares" para salvar la carrera de su "hermanito" Leon. Un escalofrío me recorrió: esto ya lo había vivido. En mi vida anterior, me negué, grité, supliqué. Ella, manipulada por Leon, me destrozó públicamente, me acusó de ser un maltratador y un alcohólico. Mi reputación se hizo cenizas, el estrés desató una enfermedad latente y morí solo, en un hospital, mientras ella seguía de gira protegiendo a su supuesto hermano. Pero ahora he renacido, justo en ese mismo instante. El dolor, la rabia y la humillación de aquella vida pasada ardían en mi alma, pero esta vez, no habría gritos ni súplicas. Tomé el bolígrafo con una calma que la desarmó, preguntando: "¿Dónde firmo?".”
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