s, el destino de
to, a punto de graduarme. La libertad es
, la des
bía sido inf
ndo del cartel solo
n. Le hicier
l mismo lugar donde tantas
ta que su cara bonita se convirtió en una
n bate. El sonido del hueso al pa
etrás de una columna, temb
mbién est
balcón de su habitación, con
en su rostr
a y profunda
pia madre, la mujer a la que Sylvia
nda como a un perro sarnoso. D
o había t
donado, era la única persona
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