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El Postre Más Dulce: Vivir Libre

Capítulo 2 

Palabras:595    |    Actualizado en: 26/06/2025

mblan, proyectando sombras largas y danzantes sobre las caras de la gente. Mi madre

un ángel, apenas visible en una esquina del trono. En su mente, no es

usurra, acercándose

r el gentío. Odia las multitudes, pe

separes," dic

eve con una rapidez sorprendente. En un segundo, sus dedos ágiles se deslizan, cogen la estatuilla y

y me guiña un ojo, cómplice.

o ha co

trol de seguridad rutinario para acceder a la zona de la Cat

ueja mi padre. "Como si

densa que casi

ro. Nada. Mi madre

re. Pone su bolso en l

lla, estriden

o se acerca inmediatamente. "Seño

sforma. Pasa del fastidio a

rror! ¡Yo no h

bolso, po

ardia mete la mano y saca la estatuilla de plata. B

a gente nos mira. Susur

ido!" grita mi padre, mirando a m

a. "Yo... yo no sé nad

, en voz alta y clara para que todo

aras," dice el g

e, con su cara de beata, cogiendo la figura y metié

rrible y hermoso. La gente graba, comenta. "Funcionario de

io es pesado. Mi padre conduce con los nu

con una voz que es apenas un susurro

uería una bendición

ira y la golpea. Una bofetada que resuena

lo. No siento pena. No siento nada. Solo e

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El Postre Más Dulce: Vivir Libre
El Postre Más Dulce: Vivir Libre
“Miro el billete de tren en mi mano, Sevilla-Santa Justa. El tren avanzaba, pero sentía un frío gélido que nada tenía que ver con el aire acondicionado. Era el frío de la muerte, ese que ya había conocido. En mi vida anterior, este viaje fue el principio de mi fin. Mi madre, Carmen, me sonreía desde el asiento de enfrente, su sonrisa de mártir era el preludio de que iba a arruinarme la vida, como siempre. Mi padre, Ricardo, se ajustaba la corbata, ajeno a todo, preocupado solo por la imagen. Recuerdo la otra vida, ese mismo viaje. Mi madre, con su devoción retorcida, metió una estatuilla robada en mi bolso. Me acusaron de ladrona, mi carrera como chef pastelera fue destrozada. Luego vino el diagnóstico falso, la enfermedad crónica que no tenía, otra oportunidad perdida. Y finalmente, la Feria de Abril, el callejón oscuro, el olor a vino y a muerte. Morí sola, deprimida, por su "bien". Pero ahora, he vuelto. He renacido en este preciso instante, en este mismo tren. Y esta vez, el infierno no será para mí. Esta vez, el juego es mío y las reglas han cambiado.”
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