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El Regreso de la Leona de Casa Vargas

Capítulo 3 

Palabras:679    |    Actualizado en: 25/06/2025

Sofía dormía agotada en mi

co. Les pedí que enviaran a un mensajero de confianza a prim

eguridad, un hombre leal que

s últimos seis meses. Especialmente las del día de la Quinceañera. Me han dicho que se borraro

abía construido, el santuario que había creado para mi f

siguiente,

voz resonando en

¿Dónde estás? ¡Te

scaleras l

de una marca de lujo. Carmen, la madre de Lucía, salía de la coci

neció, reemplazada por una m

ué haces aquí?

tras tú celebrabas una Quinceañera par

erfume barato y dulzón, el perfu

es a

había un collar de diamantes. Lo reconocí. Era uno

de tu amante en las redes sociales, y por qué le co

eó, buscando

o... somos amigos. Y las chicas, Sofía y

"¿Sofía comparte los golpes? ¿Comparte la humillación? ¿

éfono y marq

as tarjetas de crédito asociadas a m

teo se contor

! ¡Necesito esas tarj

o. Tú solo eras el encar

y empecé a sub

Isabela," gritó detrás de mí.

í sin mirarlo. "Y solo estoy

recibí do

ados del laboratorio. Mis mano

se usa para engordar ganado. Causa aumento de peso, acné severo, de

te contenía vari

portátil. Eran las grab

crueldad en la cara de Lucía, la diversión en los rostros de sus amigas. Vi a

cia, con una copa de tequila en la mano, sin move

esde la cocina, con sonrisas

n sistemático para destruir

. Pero debajo del dolor, el fuego de l

el por

la verdad h

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El Regreso de la Leona de Casa Vargas
El Regreso de la Leona de Casa Vargas
“El aire puro de los Alpes suizos había calmado finalmente el fuego de mi enfermedad. Después de dos largos años lejos de mi amada destilería "Casa Vargas" y de mi única hija, Sofía, por fin estaba lista para volver a casa, a México. Estaba a punto de compartir la buena noticia con mi esposo Mateo, cuando una publicación de Instagram lo cambió todo. Era la fastuosa Quinceañera de la "heredera de Casa Vargas" en mi propia hacienda, pero la chica de la foto no era Sofía. Era una desconocida, Luicía, con mi vestido diseñado para mi hija, y mi corazón se detuvo al ver el video: mi Sofía, la que fue una vibrante bailaora de flamenco, arrodillada, obligada a lamer pastel del suelo por Lucía y sus amigos. Mi hija estaba irreconocible, sucia, temblorosa, con el cuerpo hinchado y un rostro cubierto de acné y lágrimas. Mateo, su padre, observaba desde la distancia, sin mover un dedo, mientras Carmen, la madre de Lucía y mi ama de llaves, e incluso Leo, el amigo de Sofía, eran cómplices del horror. ¿Cómo era posible que mi propia hija sufriera tal infamia en su propia casa? ¿Por qué Mateo, su padre, permitía tal crueldad? La furia consumió mi ser y, de inmediato, reservé el primer vuelo a Guadalajara. Isabela Vargas, la paciente de recuperación, había muerto. La jefa, la madre, la vengadora, había regresado para desatar el infierno.”
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