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Cuando el Amor Se Paga

Capítulo 1 

Palabras:400    |    Actualizado en: 25/06/2025

mbre, de música en garajes sucios de Medellín. Yo era su mánager, s

trella del reguetón. Y yo soy la pa

llenó el espacio entre nosotros. Era un ritual nuestro, una forma de cele

añamente tranquila, "mi ál

ue esto no era una celebraci

mi imagen. Ya sabes, el c

o, sin humor. "¿Y yo

é de la cama, recogí mi ropa del suelo. Me sentí ex

tamento", dijo finalmente, apagando el

ía de hace diez años habría gritado, habría roto cosa

n",

ina. Una chica joven, con cara de no haber

uerta de nuestro apartamento

los hombros de la chica. "Es diferente, Sofía. Tú podías agua

miraba con ojos grandes y asustados, como un ciervo atra

dije. Mi voz

emos ser amigos, ¿verdad? De

gos" se sintió

ndí, mi sonrisa era p

lic suave. Afuera, el cielo de Bogotá se oscurecía, prometiendo lluvia. Me

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Cuando el Amor Se Paga
Cuando el Amor Se Paga
“Llevábamos diez años juntos, Jairo y yo. Diez años de noches sudorosas en garajes sucios de Medellín, construyendo un sueño a fuerza de talento y hambre. Yo era su mánager, su musa, su mujer: "La Jefa" de la escena underground. Pero un día, después de hacer el amor, él lo soltó. Con una voz extrañamente tranquila, me dijo que su álbum salía la próxima semana y que el sello quería "limpiar su imagen". Fue entonces cuando la risa seca de Jairo resonó en la habitación: "¿Y yo soy la parte sucia?". El silencio fue la respuesta abrumadora. Luego, la oferta: dos semanas para irme, una suma de dinero obscena por diez años de vida y de lucha compartidas. ¿Diez años reducidos a una transacción? ¿Nuestro amor, nuestra sangre, nuestro sudor, tenían un precio? Me ofreció dinero por nuestros recuerdos, por el sacrificio de cada día, por la pulsera de plata que me regaló cuando no teníamos nada, esa misma que prometió me protegería. Pero la humillación no terminó ahí. Al día siguiente, apareció con ella: Valentina, su nueva "musa" pura e inocente, presentada justo en "nuestra" puerta. ¿Por qué? ¿Por qué ahora, después de todos esos años aguantando penurias juntos? ¿Cómo se atrevía a borrarme así? ¿Qué hay detrás de esta traición tan fría y calculada? Justo cuando el mundo se derrumbaba a mi alrededor, bajo la lluvia incesante de Bogotá, un paraguas negro apareció sobre mi cabeza. Era Mateo, el hombre del que huí hace una década, diciéndome con una calma perturbadora: "Siempre he estado aquí. Esperando a que terminaras de jugar." El juego no había terminado, apenas estaba comenzando.”
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