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La Sustituta Escapada quiere La Libertad

Capítulo 3 

Palabras:464    |    Actualizado en: 24/06/2025

más tarde esa noche, cuando me encontró sola en la

olía a wh

potencia era un nu

entando respirar, lejos de

fresco, pero no calmaba

un empujón viole

o y caí al agua he

or salir a la superficie, mi vesti

agua, tosiendo y temblando, vi un

So

la luz de la fiesta, y en sus

sa inocencia. "Se m

e llevaron a mi habitación,

Sofía entró

"¿Crees que por ser su juguete n

, se rascó el brazo con sus pr

¡Isabela me atacó!

bitación, llorando y

segundos, su rost

uego me miró a mí, empapa

untó. N

, dije, mi voz era un hilo. "

de la atención que me dabas, Ale. ¡Inten

ió hacia mí, su d

e seguridad que habían aparecido en la puerta

as fueron

illos y me arrojaron a la

cerró con un

rió y la luz del pasillo d

a mí, su rostro

"Porque te pareces un poco a mí. Eres mi sustituta. Un ju

bras era

mis moratones se mezclaba con el frío del

ón se endureci

lo querí

aba des

a Montes muriera para

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La Sustituta Escapada quiere La Libertad
La Sustituta Escapada quiere La Libertad
“Yo era Isabela, la hija del ama de llaves, una sombra silenciosa en la grandiosa mansión Rivas. Mi vida transcurría entre trapear y recoger los pedazos de los cristales rotos de Alejandro, el heredero. Pero cuando su hermanastra Sofía se fugó, la furia de Alejandro se desató, convirtiéndome en su "asistente personal". Esa orden marcó el inicio de mi infierno personal. Fui el blanco de su ira, un objeto de humillaciones constantes y crueldades silenciosas en una jaula de oro. Lo peor llegó cuando, tras un embarazo del que intenté escapar, fui forzada a un procedimiento devastador. No solo perdí un hijo, sino que Sofía se aseguró de arrebatarme toda posibilidad futura de ser madre. El dolor físico era cruel, pero la imposibilidad de tener hijos me sumió en una calma helada. En ese instante, la última atadura se rompió; ya no sentía miedo, solo una resolución gélida. ¿Cómo la vida podía quitarme tanto, reduciéndome a un mero objeto de la crueldad ajena? Entonces, una idea se arraigó: Isabela Montes debía morir para que yo, por fin, pudiera vivir.”
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