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Cambio Esposo, Cambio Destino

Capítulo 3 

Palabras:510    |    Actualizado en: 24/06/2025

familia me miraba con una mezcla de pena y resentimien

a no se rendiría tan fácilmente. Yo era su "

da tan definitiva que ni siquie

nces,

ruzaba el pueblo. Lleva

matador. El hé

anas. La herida no sanaba, la fiebre lo c

para él. Una mujer que le diera un heredero antes de

ba. Mi s

a la familia de Javier. Les ofrecí mi man

Elvira me encontraron. Me llevaron a la fuerza a la finca

o el acero. "Hasta que Ricardo esté completamente re

Me daban las sobras, la comida fría

un vestido rojo vibrante, una flor e

a que tus mentiras te hayan traído hasta aquí. Ricar

do una reacción.

có a mí, su perfume dulce y

, susurró. "Eres suc

s propios pies, cayendo al

rrándose el pecho. "Me ha empu

nta. Vio a Isabela en el suelo, a mí de pie junt

a seas!"

n. Me arrastraron al patio principal

látigo de mont

", siseó, sus ojos llenos de locura.

azo me cortó la

asustar a Is

undo l

es por

hasta sangrar, neg

ad calculadora. Bajó el látigo y me golpeó

dor explotó e

on veneno. "Ahora, me aseguraré

se volv

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Cambio Esposo, Cambio Destino
Cambio Esposo, Cambio Destino
“El día que Doña Elvira Montoya, una matriarca andaluza, apareció en mi casa rural, el aire ya preveía el desastre inminente. Me exigió casarme con su moribundo hijo, Ricardo, implorando la "Bendición de Vida" de mi linaje. Pero al oír sus palabras, mi mente se quebró y recordé: mi vida anterior. Recordé cómo Ricardo me usó, cómo entregué mi esencia para salvarlo, y cómo él, a cambio, me lo quitó todo: mis gemelos, arrancados violentamente de mi vientre y cruelmente sacrificados, y luego mi propia vida. Renací con el alma marcada por ese tormento. Mi rotundo "no" desató su furia. Ricardo e Isabela, su amante, se unieron para destruirme, humillándome públicamente. Fui encarcelada, golpeada, y él mismo se aseguró de que nunca más pudiera concebir, en un acto de crueldad inimaginable. Sumergida en una desesperación que pocos podrían soportar, el dolor y la injusticia ardían en cada fibra de mi ser. ¿Cómo podría escapar de este ciclo interminable de traición y sufrimiento? Pero esta vez, ya no era la ingenua Alma de antes. Observé a Javier, el matador moribundo, y una idea, fría y brillante, germinó en mí: usar mi don y mi astucia no para sanar un corazón ingrato, sino para forjar mi propio destino y desatar la venganza más dulce.”
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