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Ya no te Amaba: El Heredero

Capítulo 2 

Palabras:405    |    Actualizado en: 23/06/2025

avapiés, que siempre me había parecido un

cocina. No lloré. Las lágrimas s

squé el número del

ción voluntaria del embarazo," dije, c

fecha para la semana sig

ió esa noche, su

bolsa vacía sobre la mesa. "Lo he perdido

scara de indiferencia. Él esperaba

eocupes,"

rlo más que cualquier grito.

lo sient

y mi voz fue tan afi

"trabajo" con un paquete envu

aído," dijo, inten

te de jamón ibérico de

o si fuera lo más normal del mundo.

eas del embarazo, que había aprendido a controlar, volvieron con un

lor a carne me hacía enfermar. Pero

o arroz blanco para que él pudiera comprar sus "materiales de arte". Recordé cómo ve

payasa. La más e

staba en el sofá, enviando

eguntó sin levantar

" me

cama, me giré y le di la espalda. Sen

enfado me dio una extraña se

taba cambia

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Ya no te Amaba: El Heredero
Ya no te Amaba: El Heredero
“La segunda raya en la prueba de embarazo, por tenue que fuera, inyectó una frágil esperanza en mi entumecido corazón. Años de limpiar casas ajenas y pagar las "deudas" de mi pareja, Mateo, me habían costado nuestro primer bebé. Pero esta vez, creí, todo sería diferente. Él juró cambiar, y yo le entregué mis últimos ahorros. La verdad me golpeó poco después. Seguí a Mateo y lo encontré con su "amiga" Isabel, riéndose. Mi vida entera, mis sacrificios, incluso la pérdida de nuestro hijo, todo había sido una "prueba" cruel, una farsa orquestada para ver si una "inmigrante pobre" lo amaba desinteresadamente. Y planeaban continuar la mentira un año más. No derramé una lágrima. Solo pedí cita para abortar. Él siguió fingiendo pobreza, mientras yo descubría que era el heredero de un imperio, Mateo Ríos. Me vio, vestida de limpiadora, con glacial indiferencia. Al llegar a casa, Isabel usaba los patucos de mi bebé como posavasos. Mateo me humilló. Colapsé. ¿Todo, cada dolor, cada sacrificio, había sido una manipulación despiadada? ¿Mi hijo solo una herramienta en su juego de vanidad? La traición me dejó un vacío abrumador, pero también una furia helada. Desperté en el hospital, escuchando a Mateo rogar por "este también". Me confesó su riqueza, suplicando. Con una calma escalofriante, le dije que nuestra relación terminaba, que era por dinero. Dejé que me despreciara. Lo bloqueé de mi vida, destrocé su mansión y me marché con su fortuna, para ser por fin libre.”
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