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Cuando la Venganza es la Única Opción

Capítulo 2 

Palabras:547    |    Actualizado en: 23/06/2025

La pieza estrella era una pulsera de Carrera y Carrer

lizaba todo lo que yo era: elegan

lado. Le susurré al

que no había visto en toda la n

n un golpe final. La pulsera era nuestra. Sentí una oleada de tr

ando encontrar la caja de terciopel

querría dármela en

eléfono vibró con una notificación de Instagram. Era Isabel, la l

a apli

e dejó si

llando bajo la luz de la oficina, estaba la pulsera

a una obra maestra

nsas. Un jefe que sabe valorar el esfuerzo no tien

y precisa. No gr

é al director de nuestro hote

to privado esta tarde. Un cóctel de

ña Sofía. ¿Para c

oficina central de de la Vega Co

s que trabajaban con mi marido. Las saludé a todas personalmente. Isab

a mesa de terciopelo, había docen

l micr

para Alejandro, para el éxito de nuestra familia. Y l

ueño detalle como muestra de

pendientes, pulseras. Todas elegantes,

o fue in

Las fotos inundaron In

era jefa por reconoc

de clase, co

ya. Una foto de su nuevo collar

Jefa

al en nuestro círculo. Era una humillación púb

o más fuerte de todos. Su foto de la pulsera de serpiente

e nuestro mejor Albariño y observé cómo se desarrollaba

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Cuando la Venganza es la Única Opción
Cuando la Venganza es la Única Opción
“Siempre creí que mi matrimonio con Alejandro de la Vega era un pacto perfecto, una fusión inquebrantable de la vieja aristocracia y el nuevo poder. Este acuerdo se basaba en el respeto, el poder y, por mi parte, una creencia inquebrantable en nuestros límites. Pero esa fe se hizo añicos la noche en que él permitió a su joven becaria, Valentina, ocupar mi lugar en el asiento del copiloto de su coche clásico. Luego vino la pulsera de subasta, que debía ser mía, pero apareció orgullosamente en la muñeca de Valentina, una humillación pública que mi marido defendió. Él la protegió incluso despidiendo a mi leal asistente, Isabel, y se mudó de casa, mostrándola públicamente en eventos de élite como su nuevo trofeo. Me convertí en el hazmerreír de nuestro exclusivo círculo, la esposa abandonada y humillada. Sin embargo, mi rabia no fue ciega; fue metódica y fría, alimentada por la comprensión de que Alejandro me usaba para proyectar su propio complejo de salvador y mi sufrimiento era su castigo personal. Ya no había espacio para la conmiseración; solo quedaba la certeza de que había subestimado el daño que había causado. Así, en una Nochebuena que marcaba el clímax de su traición, le lancé la bomba de un 'embarazo' con una cronología estratégica, despojándolo de su orgullo y revelando el abismo de nuestra farsa. Mientras él se desmoronaba en la desesperación, le entregué los papeles del divorcio, cuidadosamente preparados, sellando el fin de su tiranía. Tres años después, convertida en una mujer poderosa y felizmente independiente, Alejandro descubrió en un reencuentro casual que el hijo que crié solitariamente era suyo, un golpe devastador para su alma. Aunque su ruego de perdón llenaba el aire, mi rechazo fue total y sereno: mi futuro, por fin, era solo mío, libre de la sombra de un 'nosotros' que él mismo había destruido.”
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