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De Amor a Monstruo

Capítulo 3 

Palabras:867    |    Actualizado en: 20/06/2025

dé par

ndome. El hijo de Don Alejandro, el prometido de

vantando las manos.

palabra cont

tablao se abrió de golpe. Era Isabela.

quejándose, y corrió haci

ás bien? ¿Qué

ra de cristal. Su mirada, cuando finalmente s

monstruo,

erpo, mientras yo me quedaba allí, solo,

l párroco, cancelar la boda. Pero la noticia de

gresión... es imposible. Sería admitir tu culpabilidad», m

pado en una red de mentir

un número que rara vez usab

al segu

e, h

grave y tranquila, como siem

propia voz se rompi

, la ceguera de Isabela, la trampa en el bar. Hablé

de la línea. No fue un silenci

nte. «Deja Sevilla. Vent

oda, el es

no puede quedarse en silencio por culpa de una niña tonta y un arribista. Coge t

La idea de verla, de estar en Madrid, lejos de est

ias,

s un Montero. Nunca

enorme se levantaba de mis hombros. Por

ger el resto de mis cosas.

uestro dormitorio. Sabía que ella estaría a

unto a la ventana. Mateo estaba sentado e

su voz cargada de ira. «¿Vie

mí, pero su mano acariciaba el pelo de Ma

jo, su tono volviéndose impe

na risa s

? ¿Tienes alguna prueba

za la de

do en ese bar te vio!

e querías ver. Viste lo q

Su realidad ya estaba construi

o rojo de rabia. «¡Claro, como eres un Montero, cree

que cualquier otra cosa. Porque venía de ella. La m

ya no vi a la chica con la que crecí, la que compartía mis sueño

río. Le había tocado una falseta que acababa de componer. Ella me había cogid

a era de

», dije, mi voz va

s guitarras en sus fundas. Era la a

incrédula. «¿Qué? ¿Me dejas p

Realmente no entendía l

ulación, empezó a llorar en s

lpa», sollozó. «Si yo

olo. «No, no, no es tu culpa. Es é

ealtad a él,

rra. Isabela me miraba, esperando que cedi

la amaba había mu

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De Amor a Monstruo
De Amor a Monstruo
“Javier está en la oficina del párroco intentando cancelar su boda. Un matrimonio de conveniencia, un compromiso sagrado que lo asfixiaba. Pero la verdadera pesadilla comenzó una semana antes, en la finca. Isabela, mi prometida de toda la vida, fue "salvada" por Mateo, un humilde auxiliar de veterinaria, de un novillo bravo. Desde ese instante, la gratitud de Isabela se convirtió en una obsesión. Lo trajo a vivir a nuestra casa, negándose a ver la manipulación de Mateo, ignorando mis objeciones. Me acusó de celos y arrogancia, defendiendo a su "héroe" con una ceguera perturbadora. Me fui de casa, dejándola con él, pensando que era el fin de mi tormento. Pero Mateo no se detuvo ahí. Días después, me tendió una trampa en un tablao de Triana, fingiendo que lo había agredido brutalmente. Isabela apareció, lo creyó, me llamó "monstruo" y me abandonó a la vergüenza pública. Me sentí acorralado, traicionado, humillado por la mujer que se suponía me conocía mejor que nadie. ¿Cómo pudo mi amor de la infancia caer tan bajo, cegada por un arribista? ¿Qué clase de gratitud es esta que destruye años de amor y confianza? La injusticia me quemaba, pero la rabia se transformó en una decisión inquebrantable. Tomé mi teléfono y llamé a mi padre, Don Alejandro Montero. Era hora de cortar los lazos con Sevilla y volar hacia mi verdadero destino. Madrid me esperaba, y con ella, un nuevo comienzo.”
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