icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Promesas Eternas Ardido en Cenizas

Capítulo 2 

Palabras:537    |    Actualizado en: 20/06/2025

casa con una torpeza

cesita algo?", pregu

fá en el salón, con el pie e

como mi "asistente personal". Le pagaba

era inso

do mi matrimonio ahora me

darme a sentarme. "Con

ron en el momento justo. Caí de nuevo sobre el sof

!", exclamó, llevándo

s dientes pa

infierno come

a de té. "Para que se

o "tropezó". El té hirviendo se

e insoporta

jeció al instan

rar. No por mí, si

é torpe soy! ¡Lo s

nstante, Javier

a, mi rostro contr

para Sofía, que llor

lla, no hacia

ila. No ha sido culpa tuy

ia mí. Su mirada e

s cómo está? La

olor de la quemadura era nada c

asustado y

Y tú ni siquiera te

Qu

es con Sofía. Ahora." Su

a que yo, su esposa, herida y humi

con un hi

ombreció. Se acercó a mí

voz baja, para que solo yo lo oyera. "Sería una pena q

n vil, tan bajo, q

de sus lágrimas, vi u

llación era un veneno q

", musité. "Ha si

los brazos de Javier, que me

ojeando, sub

acea. Saqué la déci

enco. Me la escribió después de la muerte

qué a l

ino se consumía, r

cayeron sobr

sin llamar. Vio el último troz

preguntó, fru

aer la

eshaciéndome de

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Promesas Eternas Ardido en Cenizas
Promesas Eternas Ardido en Cenizas
“Era nuestro quinto aniversario de bodas. Javier había reservado la mesa más romántica de Sevilla, con vistas a la Giralda. Pero su silla permaneció vacía. A medianoche, recibí un mensaje hiriente: "Algo importante surgió en el trabajo". Sabía que era una mentira. Su "trabajo" tenía nombre: Sofía Vega. La misma "inocencia" que lo fascinó se convirtió en mi pesadilla más oscura. Las traiciones de Javier escalaron sin pudor. Lo vi exhibirla en galas, reemplazando la pintura de mi madre por un tosco boceto de ella. Intentó humillarme con mi propia reliquia familiar. Luego vino la violencia física: me empujó por las escaleras, fracturándome el tobillo. Sofía se instaló en mi casa como mi "asistente personal", su "torpeza" un arma calculada. Me sirvió té hirviendo. Me dio paella con mariscos, sabiendo mi alergia, provocando un shock anafiláctico. Mientras yo convulsionaba, Javier la abrazaba a ella y me exigía disculpas por "asustarla". Pero el culmen de su sadismo llegó al drogarme y robarme un riñón para salvar al abuelo de Sofía. El dolor físico era mínimo comparado con la violación de mi cuerpo y de mi alma. Mis doce pergaminos de amor, mis promesas eternas, ya habían ardido en cenizas. ¿Cómo pudo el hombre que una vez me juró amor transformarse en este monstruo sin límites? En aquel acuerdo de divorcio, no vi una derrota, sino la única vía de escape. Firmé, no como aceptación, sino como mi última declaración de libertad. Y, como una sombra desaparecí de su vida, rumbo a un nuevo comienzo en la inmensidad de la Patagonia. Lo dejé con la mujer que había elegido y con las consecuencias de sus actos. Mi libertad era la única venganza que valía la pena.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10