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Mi Venganza:No Más Ingenua

Capítulo 4 

Palabras:700    |    Actualizado en: 19/06/2025

dose en mis labios. "¿No crees que eso es un poco... cruel? Además, no cre

o se ens

s así,

, Ricardo?

a, dejándolo solo con su sorpresa

me imp

comprar algunas cosas para mi viaje a Oaxaca, cosas

rida calle del centro de Guadala

Algunos incl

incómoda,

e un teléfono de un joven

vid

roso, pero clarament

os, eso

lgunos fotogramas. La figura

de forma burda,

empresario tequilero y su sobri

elo desaparecía

Rabia. De

que nadie en particular me

d, Luis, que casualmente

el video en el telé

que tú no harías algo así. Esto es obra de alguien que

un pequeño báls

e controlar el tem

do. Él tenía que saberlo.

hacienda he

en su despacho, rev

" le dije, mi voz temblando. Le

esión endureciéndos

miró con una friald

élida. "¿Aplaudirte por tu ingenio? ¿Filtrar un vide

é sin p

había hecho esto?

naban por salir,

ía esa sa

, Ricardo," logré decir,

has estado obsesionada conmigo. Es

ó, acercá

Isabela. Me casaré con Isabela.

ón fue como

ncapaz de defenderme

momento, como atraí

mor?" preguntó, co

u expresión cambi

ensé que ya te habrías ido

u voz bajando a u

dote a un hombre que te desprecia. Deberí

sorprendente para su apar

alinata de cantera que dominab

el equ

a

duros escalon

rrió la espalda, la ca

fingiendo tro

cardo, m

lo un instante, co

a examinó con

mi amor? ¿Te

a escalera, dolorida

iquiera

bela. Siemp

so, pero el dolor de su i

se de que Isabela estaba perfec

escaler

ba preocupada, pero y

abía visto sus prioridade

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Mi Venganza:No Más Ingenua
Mi Venganza:No Más Ingenua
“Siempre creí que mi vida con Ricardo De la Vega era un idilio. Él, mi tutor tras la muerte de mis padres, era mi protector, mi confidente, mi primer y secreto amor. Yo, una muchacha ingenua, estaba ciega de agradecimiento y devoción hacia el hombre que me había acogido en su hacienda tequilera en Jalisco. Esa dulzura se convirtió en veneno el día que me pidió lo impensable: donar un riñón para Isabela Montenegro, el amor de su vida que reaparecía en nuestras vidas gravemente enferma. Mi negativa, impulsada por el miedo y la traición ante su frialdad hacia mí, desató mi propio infierno: él me culpó de la muerte de Isabela, filtró mis diarios y cartas íntimas a la prensa, convirtiéndome en el hazmerreír de la alta sociedad. Luego, me despojó de mi herencia, me acusó falsamente de robo. Pero lo peor fue el día de mi cumpleaños, cuando me drogó, permitió que unos matones me golpearan brutalmente y abusaran de mí ante sus propios ojos, antes de herirme gravemente con un machete. "Esto es por Isabela", susurró, mientras me dejaba morir. El dolor físico no era nada comparado con la humillación y el horror de su indiferencia. ¿Cómo pudo un hombre al que amé tanto, que juró cuidarme, convertirme en su monstruo particular, en la víctima de su más cruel venganza? La pregunta me quemaba el alma. Pero el destino me dio una segunda oportunidad. Desperté, confundida, de nuevo en el hospital. ¡Había regresado! Estaba en el día exacto en que Ricardo me suplicó el riñón. Ya no era la ingenua Sofía; el trauma vivido había forjado en mí una frialdad calculada. "Acepto", le dije, mi voz inquebrantable, mientras planeaba mi escape y mi nueva vida lejos de ese infierno.”
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