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Mi Venganza:No Más Ingenua

Capítulo 2 

Palabras:708    |    Actualizado en: 19/06/2025

n pie", confirmó el profesor Ra

cálida, c

Las condiciones son básicas. ¿Estás segura? Además, ¿qué

casi se me esc

ecisiones son mías. Ricardo no t

s firme de lo

ondo. Un paso más

el hospital cuando Ricard

?" preguntó, su ceño

de aire," mentí.

iendo satisfecho

fía," añadió, su tono volviéndose un poco más duro, "espero que esas cartas y poemas que solías es

lación d

sin dec

s podía

biendo esos versos, vaciando mi

él. Todo

con Isabela, que lo esperaba apoyada en el marco

Ricardo sosteniendo a

yo era la som

sola en e

do me llevara de v

éfono vibró

Ric

ente bien. Tuve que llevarla direct

sobre cómo me sentía yo,

lemente me mostraría más consideración qu

y salí a la calle

sol de la tarde bañaba los cam

ar. Ahora solo sentía u

asa. El silen

ruido proveniente

qué con

estaba ent

estaba

das a mí, hurga

el relicario de plata

a herencia

ras de mis padres. M

pregunté, mi voz más ag

ó y se giró, el reli

aliciosa curv

, querida. Esta es bastante bon

ndiendo la mano. "No tienes

n la habitación

preguntó, mirand

melosa. "Solo le decía a Sofía que, como futura

hombros con fi

lmente", el relicario

aldosas con un rui

ñas miniaturas de m

das bisagras de f

cogiendo los pedazos

ré, sintiendo cómo las lá

que me qued

Isabela, sin una pizca de

puso una mano en e

ono minimizando mi dolor. "Te compraré o

jor? ¿Má

tendí

rio era irr

on ellos, con el

ardo, lueg

d en sus ojos

ntos no valían nada. Mis

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Mi Venganza:No Más Ingenua
Mi Venganza:No Más Ingenua
“Siempre creí que mi vida con Ricardo De la Vega era un idilio. Él, mi tutor tras la muerte de mis padres, era mi protector, mi confidente, mi primer y secreto amor. Yo, una muchacha ingenua, estaba ciega de agradecimiento y devoción hacia el hombre que me había acogido en su hacienda tequilera en Jalisco. Esa dulzura se convirtió en veneno el día que me pidió lo impensable: donar un riñón para Isabela Montenegro, el amor de su vida que reaparecía en nuestras vidas gravemente enferma. Mi negativa, impulsada por el miedo y la traición ante su frialdad hacia mí, desató mi propio infierno: él me culpó de la muerte de Isabela, filtró mis diarios y cartas íntimas a la prensa, convirtiéndome en el hazmerreír de la alta sociedad. Luego, me despojó de mi herencia, me acusó falsamente de robo. Pero lo peor fue el día de mi cumpleaños, cuando me drogó, permitió que unos matones me golpearan brutalmente y abusaran de mí ante sus propios ojos, antes de herirme gravemente con un machete. "Esto es por Isabela", susurró, mientras me dejaba morir. El dolor físico no era nada comparado con la humillación y el horror de su indiferencia. ¿Cómo pudo un hombre al que amé tanto, que juró cuidarme, convertirme en su monstruo particular, en la víctima de su más cruel venganza? La pregunta me quemaba el alma. Pero el destino me dio una segunda oportunidad. Desperté, confundida, de nuevo en el hospital. ¡Había regresado! Estaba en el día exacto en que Ricardo me suplicó el riñón. Ya no era la ingenua Sofía; el trauma vivido había forjado en mí una frialdad calculada. "Acepto", le dije, mi voz inquebrantable, mientras planeaba mi escape y mi nueva vida lejos de ese infierno.”
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