THORNS
dre claro estaba, ambas eran las cosas que me mantenían viva, me mante
olvía con brazos imaginarios reconfortándome, así me sentía en ese momento mientras
abrir, el dueño del lugar me escuchó y me propuso trabajar de mesera medio tiempo y el rest
nte comenzó a escucharme elegía las horas en la que cantaba para venir y el lugar
interpretar transmitía todo lo contrario. Con una sonrisa bajé del escenario para dirigirme a la parte trasera del improvisado escenario. Con la
vil de sus manos cuidadosamente, pero ella parecía choqueada -¿Sucede algo, L
ra tu madre por algo importante -ella miró mis ojos dejá
emente, abrazo que no corres
escuché esas palabras la separé bruscamente de mi cuerpo para mirar c
erse un poco más -mi madre muerta -susurré y ella se abalanzó
cuarenta años sin ninguna complicación, no salía de casa a menos que fuese conmi
separándome de ella y t
el número registrado en tu teléfono móvi
naba el primer tono comencé a salir del restaurante por la puerta trasera sin percatarme de nada, mientras sonaba el segundo tono emestra primera vez hablando sea para una pésima situación, pero necesito que se reúna conmi
único que se había grabado a fuego en mi mente fue aquel análisis médico en donde certificaba que mi madre tenía cáncer desde
s años aun cuando yo podía de alguna forma aliviar su dolor, hacerla olvidar, ella se
n alcohol y comida enlatada. Me la pasaba llorando y cuando Lina golpeó la puerta de mi casa no abrí. Ni siquiera recordab
e terminé la escuela busqué un trabajo para aliviar su carga, me pasaba mis días libres con ella, vacacionaba con ella,
a ella, porque mi vida dependía totalmente de ella,
a la música que sonaba a través de los auriculares, ya ni recordaba cómo se llamaba ni le pr
traña del piso, caí hacia adelante debido a los reflejos de los que carecía por tanto alco
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comido hasta las cosas que no me gustaban solo para no tener que abandonar la protección que me daba mi hogar, las cuatro paredes que habían visto morir a mi madre, pero t
ida mi resaca. Mis pies ocultos tras unas Adidas negras se dirigieron hasta la puerta con la tarjeta de crédito en mano y las llaves. Era de noche, por lo que no me preocupab
compraría, busqué todo lo que necesitaba para alimentarme incluyendo dos cajas de auriculares y tres bot
tomar seis cervezas. En cuanto estuve en la caja
pidió. Yo solté u
ación esperando que so
declaró masticando severam
rcó una ceja y sin siquiera responder te
ufé en respuesta casi mole
irmara. De mala gana tomé el lapicero y firmé sobre el papel para luego tirarlo sobre el mostrador y arrebatarle mi ta
on qué anestesiar mis oscuros pensamientos, d
ra a este mundo, no tenía trabajo, no tenía amigos, novio o algún otro familiar, mis abuelos habían muerto cuando era niña y mi padre abandonó a mi madre cuando quedó embarazada de mi a los 19 años, ambos estaban en la universidad, pero el decidió
la casa, mi madre no tomaba alcohol, pero la vecina solía enviarle canastas durante todo el año, aunque no fuese diciembre ella enviaba una canasta llena de alcohol y dulces ¿Por qué
hasta la cocina para dejarlas sobre la isla. Ahora que me encontraba sobria podía percibir el desagradable olor que des
a mi misma mientras abría la nevera para asegura
so los pensamientos viajaban a través de los años intentando agobiarme,
é junto con las otras para salir hasta el frente y colocarla en la acera, pues el recolector de basura pasaba a las diez de la noche. Volví dentro para continuar con la limpieza ahora que me encontraba parcialmente sobria, gracias al golpe que me di en la cabeza pude dormir por lo q
ndo la de mi madre y lavé los trastes de la cocina, la casa estaba limpia y yo seguía más sucia que antes
años, era el lugar donde ella me había visto crecer y yo la había visto envejecer. Entré en mi habitación y seguí hasta el baño para abrir la llave de la tina.
ta misma tina, de cuando me celebró mi cumpleaños número diez con niños que ni conocía solo para que no me sintiera sola, las tardes de té con galletas con la vecina de al lado, me hundí completamente en la tina y gri
tiempo sin ti, te necesito -dije esperando una respuesta, si
el agua escapara. Tomé mi toalla y comencé a secar mi cuerpo y luego mi cabello, por
ue envolvían mis curvas hacía un par de semanas, mis ojos castaños se encontraban a
ba considerablemente grande. Me puse toda la ropa para después secar mi cabello y colocar desodorante. No tenía idea de po
ita de noche las llaves de su viejo auto y luego de cerrar todas las ventanas simplemente salí de la casa hasta el a