Rugido de Pasión
a
ra lo que quisiera conmigo. Claramente, me estaba entregando a él en bandeja de plata. Después de todo, el Don, quien sabe qué podría hacer conmigo, llevaba años acos
l. Fue como un ángel apareciendo justo cuando esos matones planeaban llevarme a la fuerza, y para colmo, querían lastimar a los pobres niños inocentes, incluy
. ¿A dónde iría? ¿Será que él le pidió que me echara? No dejo que termine de hablar
, qué
é haré en la calle? No quiero que el mafioso
e me acerc
ndo. Solo que tengo miedo, no sé, m
e quiere que me vaya de a
pálida de la luna se refleja en mi rostro, acentuando
vir en paz? ¿Por qué par
s de mi una figura imponente se recorta contra la penumbra del jardín. Sus ojos osc
―pregunta Valentin
r ―respondi acolorada, sintiendo cómo las
í, trabajas aquí ―replica Valenti
ido muy buena conmigo. Espero que no se moleste con ella por
pensamientos. Pero antes de que pueda continuar, una mano cálida se posa suavemente s
tiempo que necesites, y no te preocupes por Lucr
ente a él, depositando un beso en su mejilla como muestra de gratitud. Pero antes de que pueda ret
seo, antes de que sus labios encuentren los mio en un beso sorprendente y apa
cio de la noche, cargadas de un deseo palpable que me deja sin aliento. Necesito má
confusos. ¿Qué debo decir en este repentino momento de vulnerabilidad? Pero una p
autómata, entregándome al impulso del deseo. Esta vez, acerco mis labios a los suyos, dejando
s, cada uno, una caricia suave que despierta emociones dormidas en lo más profundo de mi ser. Nunca antes había besado a alguien con tanta entrega, con tan
s mientras vuelve a besarme con pasión desenfrenada. Cada beso es un vendaval que
interior, envolviéndome en una sensación extraña y desconocida. E
la mirada de la suya, sintiéndome vul
anera. Solo déjate llevar ―responde él con su voz
timar conmigo por haberme s
rame
. Te protegeré de ese italiano, no te preocupes
dejando a un lado las formalidades―. ¿Acostarme con usted? ―
ecesites, incluso los niños estarán protegidos, y las monjas tendrán
smo tiempo. Trago saliva, sintiendo el
llegaría a este punto. Quizás la excusa perfecta es pensar que lo hago por el re
meza, l
orcionará todo lo necesario para que las monjas y los
ue me pidas ―respon
besa, transportándome a un lugar donde parece que