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Amor de cristal

Capítulo 4 El rey

Palabras:4864    |    Actualizado en: 18/12/2023

o discutir como ocurrió, pero ella no veía las cosas del mismo modo que yo y con lo que paso comprendí que no podía hacerla camb

e abordara con preguntas y sugerencias sobre listones, guantes y abanicos que podrían combinar con mi vestido, siendo sincera, eso era de lo que m

jo que finalmente había llegado esa etapa de mi vida en la que era necesario madurar y mi hermana me estaba guiando por ese camino y lo supe porque ella comenzó a mostrarse más compren

ficios como el descubrir que mi madre había mantenido correspondencia con lady Shwarz y que entre

debía ser el objeto más anhelado entre todas las jóvenes nobles aptas para ser elegidas y aunque sabíamos que Jane era quien menos probabilidades tenía, confiábamos en su belleza. Aunque me desagradaba la idea de que

ue al igual que Jane y mi madre, estaba nerviosa y no

peine de plata con el que trataba de alisar mi cabel

mis oraciones añadía una última petición, que Jane encontrara la felicidad que estaba buscando. Lo

n algunos pasadores que imitaban la forma de una perla, el resto de mi cabello fue rociado del mismo aceite qué, además de perfumar mi cabellera, también me ayudaba a mantener los rizos

ña de rosadas mejillas y de rostro estilizado que no apartaba de mí su mirada color marrón y que me regal

solo que no lo habia notado hasta ver mi reflejo, pensé que tal vez ese vestid

s-me ru

ncipal resonó y su eco se escuchó por doquier, me pareció que el sonido traspasaba los

tíbulo aguardando a que bajáramos, lucía un traje negro de gala, alrededor de su cuello llevaba puesto un pañuelo de lino con un estampado exquisito,

r varios minutos de retraso, pero cuando alzo la mirada, y me v

rmine de bajar, me miro de pies a cabeza y me tomo de las manos, er

go de su parte, tan sorpresivamente, solo confirmaba

en lo desafortunados que serán si se atreven a cortejarte en mi presencia-aludió

acho, son muy aburridos-respondí avergonzada de sus palabras, no era común ser observada por un ch

rillo de su mirada revelaba la dicha que sentia y su sonrisa era la prueba más clara que necesitaba para dejar de p

dos hijas lucen radiantes, temo que este baile pued

ro Adolf, ya no son unas niñas y que mejor

fería mi madre, la miro confundido, pero no se at

nde se celebraría el baile y donde finalmente se definiría la situación polít

o de que las ruedas del carruaje quedaran atascadas sobre el fango. Todos estábamos tranquilos, todos, excepto mi madre, a quien no le parecía adecuado ir a la velocidad de un caracol, se quejaba en cada ocasión en que el cochero debía deteners

haya marchado -se quejaba mi madre abanicando con fuerza

añadir -vamos a buena hora, no exijas demasiado a lo

te culpare a ti y a tus ca

Vamos a un baile, no a un juicio- s

esta noche nuestra s

al igual que yo, entendíamos que esa vida jamás volvería, que el conde y la condesa Hamilton

osotros volveremos a tener la vida que merecemos-vocifero en voz alta, lanzándonos a

pueblos que posteriormente se convertían en grandes ciudades hasta que finalmente nos encontramos en Sacris. La Capital era un símbolo de poder, sobr

nadas por faroles donde alcanzaba a ver velas de buen grosor. Las personas que caminaban en este entorno lucían tal y como la ciudad lo ame

bía ser el hogar de un monarca. Jane también miro por la ventanilla, asombrada por la belleza que había afuera y de aquel lugar que anhelaba hacer su hogar. Una media hora de camino después, llegamos a la man

aquel recibimiento fue de asombro al darme cuenta de la oportunidad que tendría al poder ser testigo de tan suntuoso evento. Todo el mundo o al menos todo el

me di cuenta que, aunque lo deseara no lograría destacar entre la multitud con el atuendo sobrio y conservador que llevaba puesto. Al entrar era igual el asombro, la

quien lucía un bello vestido rojo con hermosas flores verdes sobre la orilla. Mi madre sonrió al verla y

ine, muchas gracia

llevando la mano a su pecho, justo en el lugar donde está situado su corazó

hermana, para que pudieran saludarse o quizás para record

sa como siempre.

aire del campo es muy beneficioso para el cuerpo-mintió, odiaba el campo, pero a

había podido entablar una mejor relación con ella debido a que mi madre y Jane siempre acaparaban su atención, pero me pareció que algo era dif

na, er

e ruborice por el hecho de haber sido observada por lady Shwar

ro al acercarse- a quien mejor le h

la vergüenza no me permitió p

spuesta de mi extraordinario, aunque poco importante cambio, ni siquiera yo lo había notado hasta esa misma

una niña-explico Jane desde su sitio, qui

l rostro, después se alejó de mi para guiarnos a un saloncito d

decuado para poder presentar a Jane a su majestad, pe

tro al enterarse de tan terrible noticia-ella también busca emparejar al rey con otra joven, así que es probable q

gamos? -interpelo mi

ivo que nosotras, sino porque nuestra familia había sido repudiada por ella en persona y el poder acercarnos

mi madre no parecía tener la misma opinión, pude notarlo en su rostro, pero deposito

a las protestas que se habían llevado a cabo en el norte del reino esa misma tarde y que era solo cuestión de tiempo para que el mensajero real llegara con la noticia. Aquel rumor ocasiono un gran bullicio entre las damas del lugar, sin embargo, mi madre mantuvo si

í, pero los murmullos y las miradas prejuiciosas estaban ahí, nos juzgaban e incluso podía asegurar que decían injurias sobre mi familia, todo eso frente a nosotros, pero disfrazado de conversacion

secreto que tuvo con la mujer que hoy en día llama esposa, pero gracias a la intercesión de muchas personas y por supuesto del actual rey, fue liberado y absuelto para poder contra

partir palabras, mientras que mi hermana y yo observábamos a los gr

ferente al estado en que se encontraba una comunidad de la que cual su esposo era mandatario. Un rio se había desbocado llevándose la vida de casi cuarenta personas y los asesor

a llevado a cabo por una gran explosión que destruyó una presa no muy lejos de aquel pueblo. Debido a eso tuvo la suerte de viajar con su esposo para poder conocer al rey debido al protocolo. La mujer relato co

ra la esposa de un Lord de buena reputación del sur del reino, afirmo haber podido visitar el palacio el invierno pasado, habían sido invitados por la reina madre a su acostumbrada cena navideña. Expreso que, a pesar de e

esos eran por menores que podían pasarse por alto, lo que realmente importab

quiera le tomo importancia a esas conversaciones, pues su atención estaba sobre el pasillo de la entrada princip

la llegada del rey. Nadie daba crédito a lo que aquel chico había pronunciado, de verdad nadie esperaba que un hombre de tal importancia se presentara justo en ese lugar. Lady Shwarz le g

i mano entre la suya oprimiéndola con fuerza, estaba ner

urmure-todo

de nos encontrábamos apenas logramos distinguirlos entre los peinados de las mujeres frente a nosotras, pero el panorama cambió drásticamente cuando todo el mu

les dorados en los botones y en las hombreras, sobre su pecho se distinguían varias medallas conmemorativas de varios colores y a su lado, tomada de su brazo, caminaba la reina madre. Un extraño estremecimiento en

otros accesorios de las damas, así que nos fue imposible seguir observándolo y sabíamos que, para lograrl

to lo mismo que yo antes de bajar la mirada al hacer la reverencia, el rey no solo iba acompañado de su madre, sino que

adre arrugando un poco la piel de su frente, gesto que me

ino que también era un hombre muy educado y elegante, mis modales sobre la mesa eran los mismo de un puerco al comer si me comparaba con él y es que normalmente no estaba acostumbrada a sentarme tan recta

s de buena salud al rey. De entre esas personas reconocí algunos rostros que había visto en el periódico que mi padre suele leer todas las mañanas, esos hombres que habían tenid

nas influyentes se encontraban a pocos pasos de mí, era inevitab

de cristal que colgaban de un recién remodelado cielo raso en el que se distinguían ángeles con apariencia infantil que nos miraban tiernamente, además sobresalían dos lobos tallados sobre un excepcional y fino mármol, las figuras estaban paradas sobre sus dos patas y entre ellos se encontr

res quienes ya se encontraban en un pequeño vestíbulo escribiendo nuestros nombres en una pequeña tarjeta para poder ser presentado

stra presencia la mayor parte de la cena, de hecho, habían logrado ignorarnos con éxito hasta ese momento. Era claro que nadie nos quería ahí, ni siquiera la reina madre, quien se mostró ligeramente

nuestra tarjeta de presentación. Hicimos una reverencia y por supuesto

eso, quizás por orgullo o simplemente por amor a mi hermana, ella más que nadie debía odiar que hablaran de nosotros, sobre todo porque pretendía obtener la c

yo quería creer que se debía a la indudable belleza de Jane. Era una mirada intensa, pero poco expresiva

á tema de conversación- pronuncio

trato de conservarse tranquila, vaya que apenaba verla tan ca

presencia del rey, espero la sepan disculpar- expreso Sir

enfrentar al venir aquí. Ustedes son el motivo de nuestra visita a Sacris, no

ba de defender a su familia, estaba obligado a hablar hasta por los co

ra futura reina esta noche-aludió Sir Archer

ansiosa-respondió él dirigiendo la mirada hacia el

hora de que dejara el puesto a una mujer más jo

iento pena por la desafortunada mujer que sea elegida como la próxima reina-manifestó sin ning

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Amor de cristal
Amor de cristal
“Helena Hamilton es una chica tierna e inteligente. Sin embargo odia la vida social a la que está sujeta por ser hija de un conde. Aprender a tocar instrumentos musicales, hablar otros idiomas, asistir a bailes es la tortura de cada día. La llegada de una carta puede empeorar su situación, el rey busca esposa y la elegida puede ser su hermana, Jane. Ella es más hermosa, más refinada y educada, sin embargo el rey tiene en mente otros planes. Él busca una mujer que sea digna de ocupar el puesto de una buena reina que sea capaz de sonreír con sinceridad en vez de una sonrisa forzada. Helena es elegida, pero con su nuevo título puede sacar a la luz las envidias, resentimientos y nuevos enemigos. Poco a poco comienza a sentir algo por el hombre que duerme con ella, pero tiene miedo de rebelar sus emociones sabiendo que su matrimonio fue arreglado y que ninguno de los dos sentía algo el uno por el otro.”
1 Capítulo 1 Prefacio2 Capítulo 2 El comienzo3 Capítulo 3 Decepción4 Capítulo 4 El rey5 Capítulo 5 La elegida6 Capítulo 6 Crimen7 Capítulo 7 La carta8 Capítulo 8 El compromiso9 Capítulo 9 Intranquilidad10 Capítulo 10 Quiebra11 Capítulo 11 Decisión12 Capítulo 12 Aflicción13 Capítulo 13 El incidente14 Capítulo 14 Comportamiento15 Capítulo 15 Regalo16 Capítulo 16 Celebración17 Capítulo 17 Teatro18 Capítulo 18 Instrucciones19 Capítulo 19 Partida20 Capítulo 20 Protocolo21 Capítulo 21 La boda22 Capítulo 22 Guerra23 Capítulo 23 La primera noche24 Capítulo 24 Realidad25 Capítulo 25 Acuerdo26 Capítulo 26 Cromenia27 Capítulo 27 Alfiler28 Capítulo 28 Respeto29 Capítulo 29 Deseo30 Capítulo 30 El zar31 Capítulo 31 Bromas32 Capítulo 32 Ramera33 Capítulo 33 Motivo34 Capítulo 34 Relación35 Capítulo 35 La frontera36 Capítulo 36 Ataque37 Capítulo 37 Complicidad38 Capítulo 38 Preocupación39 Capítulo 39 Promesa40 Capítulo 40 Declaración41 Capítulo 41 Noticia42 Capítulo 42 Pena43 Capítulo 43 Epílogo