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El amor no tiene edad

La esposa rechazada es multimillonaria

La esposa rechazada es multimillonaria

Leeland Lizardo
Durante siete años fui la esposa perfecta y silenciosa, ocultando mi verdadera identidad mientras trabajaba como enfermera de urgencias. Hasta que mi multimillonario esposo irrumpió en mi sala con una mujer cubierta de sangre en sus brazos. Era Allena, la prometida de su primo. Me empujó con violencia para protegerla. Al examinarla, mis instintos médicos revelaron la repugnante verdad: una hemorragia interna masiva causada por relaciones sexuales salvajes. Él me arrojó un cheque de cien mil dólares para comprar mi silencio. Poco después, cuando sus amigos me acorralaron para humillarme, él volvió a empujarme para salvar a su amante de un simple café derramado. Mi cuerpo salió volando y mi brazo se estrelló contra una mesa de cristal, abriendo una herida profunda que empapó la alfombra de sangre. Él se quedó paralizado, pero ni siquiera intentó ayudarme; seguía abrazándola a ella. Recordé cómo tuve que falsificar un aborto y esconder a nuestra hija durante cinco años porque él amenazó con destruirme si alguna vez quedaba embarazada. Todo mi amor y sumisión se convirtieron en puro asco. Con escalofriante calma, me até un torniquete con los dientes, estampé mi sangre directamente en su impecable traje a medida y lo miré a los ojos. "Terminé contigo." El contrato matrimonial expira en tres días. Es hora de despertar a mi verdadera identidad, vaciar su penthouse y dejarlo rogando entre las ruinas.
Moderno Doctor
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RELATO 1: Un invitado en casa.

 Camila y Lorenzo llevan más de quince años de matrimonio, sin embargo, los últimos dos años han sido todo un caos... 

¿Podrán hacer que las llamas de la pasión en su relación vuelvan a aparecer cuando Simón, el primo de Lorenzo llegue a quedarse una temporada con ellos?

**********

Camila suspiró y lanzó todo lo que tenía sobre la mesa. El silencio de la casa ya no era perturbador, por el contrario, el silencio se había convertido en su mejor compañía. 

Se sentía completamente agotada, la rutina la estaba consumiendo por completo. 

Sus días estaban llenos de monotonía. Sus hijos eran grandes y ya no dependían tanto de ella. 

Había momentos en los que se sentía completamente inútil estando sola en casa, su vida social era únicamente compartir con sus hijos y su esposo. 

Aunque él parecía ya no notarla. 

Las fiestas, las reuniones con amigos, habían quedado en el pasado. 

Y aunque en el momento en que se casó estaba completamente segura que era la mejor decisión, con el tiempo se había dado cuenta que el amor no lo era todo en la vida. 

Ahora no solo estaba viviendo una rutina diaria totalmente desgastante, si no que también vivía en completa abstinencia. 

Y eso era lo que más le estaba afectando en ese momento. A veces tocarse, no era suficiente. 

Amaba a su esposo, eso no iba a cambiar nunca. Pero el paso de los años, el agotamiento mental, físico, el trabajo, los hijos y varias excusas más que podía decir en el momento había generado una desconexión sexual entre los dos. 

Una desconexión que le estaba pasando factura a ella... 

Porque en esos momentos de su vida su deseo sexual en lugar de apagarse, estaba completamente encendido. 

Quería sentirse deseada, que la volviera a tomar como solía hacerlo. Que la hiciera venirse una y otra vez dejándola completamente exhausta pidiendo más. 

Miró la hora, aún tenía tiempo para ella antes de que llegara su esposo o sus hijos.

Ella fue hasta la habitación, cerró con seguro y sacó del cajón a su pequeño amigo. 

Su confidente como solía decirle en la soledad, sin eso posiblemente se hubiese vuelto loca. 

Últimamente su líbido había aumentado y ni siquiera las pocas veces que su esposo llegaba con ganas, la satisfacía. 

Ella se miró en el espejo, lo ubicó frente a la cama en la posición correcta en donde podía verse de la mejor manera, como siempre. 

Retiró sus prendas lentamente mientras que pasaba sus dedos deslizándolos por su piel. 

Su mirada cambió, sus pupilas se dilataron, su cuerpo se excitó por completo de solo imaginar que alguien la podía tocar de esa manera de nuevo. 

Camila pasó las manos por sus pezones, una y otra vez de manera circular hasta dejarlos completamente erectos. 

Su pecho comenzó a agitarse a medida que sus manos iban bajando. Su intimidad estaba completamente húmeda, cerró los ojos e insertó su dildo. 

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Irresistible tentación, relatos eróticos

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Yina Zabala
El deseo y la pasión se complementan cuando tienen el mismo objetivo: el clímax. Desde lo prohibido hasta lo fugaz, lo intenso y lo predeterminado. Cuando la excitación se apodera de tu cuerpo, la única forma de saciar cada una de tus necesidades carnales es poder llegar al orgasmo.
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