Login to ManoBook
icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
Una noche en las vegas

Una noche en las vegas

Marian

5.0
calificaciones
12.3K
Vistas
4
Capítulo

Alida siempre ha sido una mujer recatada, adoctrinada por las antiguas convenciones de la mujer. Termina siendo secretaria de uno de los empresarios más déspotas, frio y egocéntrico de toda la ciudad siendo el centro de atención por donde quiera que pone un pie, este se fija particularmente en su secretaria, suele apreciarla desde la alguna esquina de su gran empresa solamente para imaginar las miles de formas en que la haría suya, ver su blanca tez roja gracias a sus azotes, ver sus ojos azules llorar gracias al dolor infringido, él lo nota, sabe que es sumisa a todo lo que se le pidiera y no rechistaba para nada. Todo lo que Gael quería era poseerla hasta que ambos desfallezcan

Capítulo 1 CAPITULO 1

Alida nunca se había sentido tan emocionada como ahora, por alguna extraña razón tenía un presentimiento que no sabía identificar, mientras que esperaba su autobús matutino reviso sus solitarias redes sociales, nunca había sido tan social por causales de su crianza, su padre siempre le había dicho que no se podía mezclar entre los hombres ya que el resto de personas puede llegar a creer que es una zorra y con las chicas nunca les fue bien, ya que chocaban en el pensar, muchas veces se preguntó ¿Qué era lo mano que había en ella que nadie la quería? Siempre fue amable y hasta incluso parlanchin

a, pero los duros golpes de la vida la hicieron volverse callada y retraída, ni siquiera en su lugar de trabajo tenía amigos y con la única persona con la que entablaba un poco de conversación era su Jefe.

Gael Morrison.

El solo hecho de pensar en él sus piernas temblaban y es aquel hombre están ridículamente guapo que podría conquistar a cualquiera con tan solo mirarlos fijamente a los ojos, estaba enamorada de él desde el momento 1 que comenzó a trabajar para él y es que el hombre da esas vibras oscuras y misteriosas que a las mujeres les suele gustar, nadie sabía absolutamente nada de su vida privada, los medos de comunicación se han dado la tarea de buscar, pero quedan en cero cuando no encuentran nada y eso es impresionante para una persona que es una figura pública por sus grandes negocios.

Sus pensamientos se ven dispersados cuando el autobús se detiene en frente de ella, paga por su pasaje y se dedica a mirar por la ventana la gran ciudad, había decidió mudarse a Nueva York lejos de sus padres en busca de buenas oportunidades y le funciono, aunque al principio su deseo no era terminar como secretaria, Morrison Corporation le ofreció un gran sueldo con el que puede sostenerse cómodamente. Cuando e dijeron que había quedado seleccionada celebro sola en su pequeño departamento con una botella de vino, pero solo basto una sola copa para dejarla dormida como un bebe y es que en su vida había tomado alcohol de aquella magnitud, sonara estúpido, pero así lo fue, luego llamo a sus padres y les informo acerca del su puesto de trabajo, pero lo que recibió fueron críticas y burlas por parte de sus dos progenitores.

Al llegar a su parada baja y camina unos cuantos pasos para ver el gran edificio en el que trabaja, eran 30 pisos los que debía subir hasta llegar a su puesto. Entra y espera al tan aclamado elevador, todos los días un ataque de claustrofobia la atacaba y lo sabía disimular perfectamente, pero afortunadamente en el día de hoy la caja de metal se encontraba desalojada, las puertas se abren y presiona el piso 30, las puertas están a nada de cerrarse cuando un maletín se interpone y un imponente hombre caucásico aparece en su campo de visión.

Gael. Pensó.

— Buenos días señorita Rowtter. saluda a la secretaria.

— Buenos días señor Morrison. su voz se quebró un poco gracias a los nervios de tener a su jefe más cerca de lo normal.

— Aprovechando que estamos juntos quiero informarle que el día de mañana viajaremos a las vegas, tengo unos socios con los cuales hablar y obviamente necesito de su apoyo para que anote durante en la reunión.

— ¿a qué hora partiremos?

— A eso de las 6:00am, quiero estar en las vegas lo antes posible para organizarnos en los temas que trataremos.

— Está bien. —asiente con su cabeza. —¿eso sería todo?

— Si. – responde a secas. —llama a Arthur para que vaya preparando el avión, no quiero que se presenten los inconvenientes que tuvimos en Berlín el año pasado.

— Ok.

Las puertas se abren y ambos caminan al compás, solo que Alida se queda unos cuantos metros atrás, enciende su computadora y comienza a teclear al correo de Arthur Blade piloto del avión privado de Morrison Corporation. varios papeles llegaron a lo largo de toda la mañana lo cual todo indicaba que a cada minuto Alida debía ver a su intimidante jefe el cual era parecido aun tempano de hielo, organizo los últimos papeles que le llegaron para finalizar la mañana y comenzar el medio día, se levantó de su asiento y camino unos cuantos, hasta llegar a la oficina de su jefe, toca la puerta y la voz gruesa desde dentro responde.

— Pase. —abre la puerta de la oficina y agacha su mirada, no le gustaba ver a su jefe a los ojos porque sentía que podía decir cualquier barbaridad de lo nerviosa que la ponía.

— Señor Morrison estos son los papeles que envío el departamento de economía. — le tiende los papeles y se hace unos cuantos pasos atrás.

— Gracias, estaba esperando estos papeles. —comienza a ojearlo.

— ¿necesita algo más? —pregunta la tímida secretaria.

— Por ahora no señorita Rowtter.

— Está bien.

Cuando se da la vuelta Gael mira la hermosa figura de su secretaria, Dios, sintió como su miembro se endureció al ver el vaivén de sus caderas, llevaba una coleta alta que lo hacía imaginar agarrándola mientras que la poseía y la hacía suya, soñaba tarde y noche con amarrarla a su cama y no dejarla salir por un buen tiempo.

Podía recordar el día en que la vio entrar por la puerta de su empresa, le atrajo de inmediato sus labios rosados los cuales contrastaban con su blanca tez, todo aquel día paso empalmado gracias a sus pecaminosos pensamientos, pero era inevitable no sentirse atraído por una guapa chica como lo era Alida Rowtter, pero de algo estaba seguro y es que él no la merecía para nada y ella no hacía parte de su mundo y estilo de vida, aunque moría por marcarla también quería tenerla sobre un pedestal para que no lo sucediera absolutamente nada.

Una llamada lo hizo salir de su oficina, Christopher su mejor amigo lo invito a almorzar.

Vio a su apreciada blanca nieves picoteando su comida con el tenedor, vio a su alrededor y todo estaba desolado solamente se encontraba ella en aquel piso, sabía que no tenía amigos porque siempre la veía sola caminar por los pasillos y no estaba incluida en los chismes de oficina, por una parte, estaba feliz de que ningún hombre se le acercara, ninguno de ellos merecía tenerla en sus brazos, ni siquiera eran dignos de verla porque solo él podía hacerlo.

Él fue igual de monótono que el resto, apago el computador, tomo sus cosas y se dirigió al elevador donde varios de sus compañeros lo estaban tomando. Al llegar al primero piso salió y se dirigió a la parada de autobús donde esperaría su medio de transporte, relámpagos comenzaron a iluminar el cielo oscuro, Alida maldijo por lo bajo al rebuscar en su bolso y no encontrar su paragua, solo rezaba para que la lluvia no la tomara en aquella parada, no quería enfermarse porque o si no estaría moqueando durante el vuelo a la ciudad del pecado.

Un elegante auto se detiene en frente de ella, lo conocía a la perfección, era el auto del señor Morrison. La ventana del copiloto baja dejando ver a su jefe dentro.

— Sube. — le dice demandante. Sin rechistar se sube al auto y este se coloca en marcha y como por arte de magia una torrencial lluvia comienza a descender.

— Gracias. — habla tímida mientras acomoda unos cuantos cabellos rebeldes que se salen de su lugar.

— No es nada, te necesito sana y salva para el día de mañana, de nada me sirves que estés enferma. —suelta con brusquedad. Ella simplemente asintió con su cabeza, al ver aquel movimiento Gael sonrió satisfecho.

— Puede dejarme cerca del Subway, desde allí podre tomar un tres hasta mi casa.

— De eso nada Alida, yo te llevare hasta casa. —quería pasar el mayor tiempo posible con ella en un espacio tan reducido como lo era el del auto. Escuchar su nombre saliendo de los labios de su jefe erizo todo su cuerpo.

— No sabe dónde vivo.

— Yo lo sé todo acerca de mis secretarias. — mintió, solamente había buscado información acerca de la ojiazul. — me gusta seccionarme de que puedo confiar de que no filtren información.

— Yo sería incapaz de revelar información de usted.

— Lo sé, lo sé perfectamente querida Alida Rowtter. —por alguna extraña razón sintió una corriente recorrer todo su cuerpo, era algo que no sabía cómo explicar, pero le había guastado. —pasare a buscarte y quiero verte lista cuando llegues, sabes que odio las demoras, empaca ropa de noche, vestidos elegantes, tacones, maquillaje, etc. Estos socios son importantes y quiero que todos estén completamente presentables.

— como diga señor. – Alida anota inocentemente todo mental, ya que Gael al escuchar que lo llamo señor sus fuentes inhibitorias hicieron corto. — Arthur me comunico que lo más probable es que se presentara un poco de turbulencia porque estamos en temporada de lluvia, pero es algo que puede controlar.

— Es uno de los mejores pilotos de la ciudad, claro que puede controlar un avión.

— ¿no le da un poco de miedo? — le pregunta Alida con ceño fruncido gracias a la preocupación. — mire como está lloviendo.

— No me da miedo, algún día moriremos, pero mi reunión no la cancelare.

— Está bien. – no le quedó más remedio que callar, después de todo este era su trabajo, no encontraría otro con esta jugosa paga.

Ninguno de los dos se volvió a dirigir la palabra hasta llegar a la zona donde Alida vivía, a Gael no le parecía el sitio más seguro de toda la ciudad, pero no podía mandar en lo que hacía o no su secretaria, por lo menos el edificio donde vivía era lindo y decente que el resto, se notaba que era un edificio viejo por se podía notar a leguas por el color de los ladrillos y de las escaleras de emergencias color rojo.

— Gracias por traerme. — una débil sonrisa se asoma por sus labios.

— No hay de que Alida, ahora ve y descansa que mañana será un día bastante largo.

— Hasta mañana señor Morrison.

— Hasta mañana señorita Rowtter.

La chica sale del auto dejando a su jefe más caliente que nunca, corrió tratando de cubrirse de la lluvia y funciono un poco porque no termino empapada como hubiera quedado si Gael no la hubiera recogido.

Al abrir la puerta de su departamento se dirige a la ducha y se da una muy caliente para aliviar su cuerpo de la lluvia fría que cayó sobre su cuerpo, a medida que pasaba el jabón por todo su cuerpo imagino los ojos de Gael viéndola fijamente con aquellos ojos que solo reflejaban frialdad, también podía imaginar cómo besaba todo su cuerpo y como sus manos se amoldaban perfectamente a sus senos, gimió ligeramente cuando pellizco sus pezones, poco a poco sus manos fueron bajando hasta ubicarse en su intimidad, con suaves movimientos comenzó a darse placer imaginando que era su candente jefe. Una voz imaginaria con el mismo timbre de Gael le comenzó a decir que hacer para llegar lo más pronto posible al tan aclamado orgasmo, sus movimientos se volvieron frenéticos hasta el punto de causar un calambre en el brazo, pero no se detuvo, siguió metiendo y sacando los dedos de su interior hasta explotar y convertirse en un humano desmenguado sobre las baldosas de la pared, temblaba gracias al placer dado y ni hablar de lo arrugado que se encontraban sus dedos.

Nunca se sintió avergonzada de querer explorar su cuerpo, la primera vez se masturbo tenía 13 años luego de llegar de la escuela, y todo gracias a que pillo infraganti a varios de sus compañeros viendo un video pornográfico, una extraña sensación la invadió y tuvo la necesidad de tocarse y lo hizo, comenzó a conocer la anatomía de una mujer y cuáles eran sus puntos erógenos y en cuales causaba molestia. Tuvo una muy mala experiencia en la escuela cuando conoció a un chico llamado Jaden, su primera vez, pero ambos eran tan inexpertos que el sexo se volvió doloroso y un condón dentro de ella, es la peor primera vez que alguien puede tener en su vida.

Se enrollo en su bata de baño cuando estuvo más calmada y se dirigió a su closet para sacar su maleta y la ropa que necesitaba, selecciono todo perfectamente como lo quería el señor Morrison.

Gael miraba al techo de su cuarto, mientras que su mano masajeaba el bulto creciente en su bóxer, cada vez que cerraba sus ojos podía ver los de Alida viéndolo fijamente mientras que la poseía y ella le decía que le diera más duro.

— Esa chica me va a matar. — dice mientras que su mano sube y baja por el largo falo.

Nunca había sido un hombre de tocarse por sí mismo, siempre tenía una chica a su lado para complacerlo de todas las maneras posible y es que es un fanático de las mujeres, le encanta verlas retorcerse de placer y de dolor a la vez, y es que sus gustos por el sexo son diferentes, el mundo del BDSM se volvió su medio para sentirse libre y poder disfrutar de una compañía femenina. Había tenido exactamente 5 sumisas y todas han dado la talla y ninguna se quejó, al contario, lo alabaron por ser lo mejor en lo que hace.

Su mano subía y bajaba imaginando la boca de Alida sobre su pene, pero no era lo mismo, quería sentir la humedad de su boca subiendo y bajando mientras que babea por más, ver sus ojos llorosos al ver que toda su verga no cabe por completo en su boca, y es que esos zafiros que tiene por ojos son imposibles de olvidar y es que tienen ese toque de ternura que te cuestan creer que harían tal cosa como chupar una verga. El movimiento se vuelve aún más frenético cuando siente sus bolas tensarse y pronto todo su ser se esparce por toda su mano, mientras que los espasmos se comienzan a pasar. Agitado se levanta de su cama y se dirige al cuarto de baño para limpiarse, al mirar al espejo nota sus mejillas rojas por tanto movimiento.

(…)

Seguir leyendo

Quizás también le guste

Otros libros de Marian

Ver más
Capítulo
Leer ahora
Descargar libro