Vivie Doeringer
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Libros y Cuentos de Vivie Doeringer
Su Traición Me Lástima
Urban romance Estaba allí, por centésima vez, un anillo en mi bolsillo y la esperanza en mi mirada, listo para sellar siete años de amor y paciencia con Sofía, la reina de los bienes raíces.
Pero mi mundo perfecto se derrumbó con una vibración en mi teléfono: la vi, en la pantalla, en un festival masivo, besando apasionadamente a otro en un video que ya era viral.
La humillación no fue privada; se volvió un espectáculo público, el entretenimiento de la tarde para millones, mientras las notificaciones zumbaban y las miradas de lástima me taladraban el alma.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo la mujer por la que lo di todo, me expuso a la burla más cruel imaginada? ¿Acaso mi lealtad era solo un chiste para ella?
Apagué el teléfono, y con la dignidad hecha jirones, me levanté y supe que era el momento de dejar de esperar por ella y empezar a vivir para mí. La Esposa Olvidada Vuelve
Suspense El aire espeso del salón de fiestas de lujo se convirtió en el grito ahogado de mi hija, Camila, luchando por respirar.
Sus labios se tornaban azules, sus ojos, antes brillantes, ahora nublados por el pánico.
Un trozo de pastel de almendras, obra maestra de Andrea Torres, la nueva pareja de mi esposo y la mujer que me había robado todo, yacía a medio comer.
"¡Ayuda! ¡Mi hija no puede respirar!", imploré, mi voz rota por el terror.
Pero Ricardo, mi esposo, el padre de Camila, no vio a su hija asfixiarse. Me vio a mí.
"¡¿Qué le hiciste?!", espetó, su rostro marcado por una furia que solo yo conocía.
En un acto de humillación pública que se grabaría en mi alma, me arrastró por el cabello y hundió mi cara en el vómito agrio de mi propia hija.
"Límpialo. Ahora", ordenó, mientras la gente observaba, algunos horrorizados, nadie interviniendo.
Mientras yo lamía el suelo, una ambulancia se llevaba a mi pequeña, y Ricardo me lanzó su última advertencia: "Si le pasa algo a mi hija, te juro que te destruyo. Todo esto es tu culpa".
Los siguientes quince días fueron un infierno, noches de desvelo junto a la cama de Camila, mientras Ricardo y Andrea exhibían su "amor" en redes sociales, y yo me consumía con las etiquetas de "zorra negligente" y "mala madre".
"Ricardo Vargas", dije con una calma fría que no sabía que poseía. "Ya no quiero ser tu esposa."
No, no pedía permiso. Informaba. Pero él se negó, y su madre me siseó: "Eres una muerta de hambre que mi hijo recogió de la basura. Camila es una Vargas. Tú no eres nadie para llevártela".
Me fui con mi hija a un pequeño departamento prestado, creyendo que había escapado.
Pero entonces, Instagram me mostró la foto de Ricardo y Andrea en mi casa, formando su "familia", con Andrea etiquetándome para provocar: "@SofiaPerezOficial, espero que tú y Cami estén bien".
Camila me preguntó con su vocecita inocente: "¿Papá ya no nos quiere?".
En ese abrazo desesperado, la verdad me golpeó: Ricardo nunca nos había amado, solo fuimos un error en su vida perfecta.
Por última vez, obedecí una de sus órdenes, asistiendo a la gala de Andrea.
Allí, me enteré de la cruda verdad: mi matrimonio fue una trampa, un sacrificio para liberar a Andrea de un matrimonio forzado. Yo fui el chivo expiatorio en su farsa.
Ricardo me entregó una carta de disculpa, exigiendo que la leyera en voz alta, para limpiar su nombre y el de Andrea.
Pero la Sofía que había lamido el vómito y había sido humillada ya no existía.
"Claro", dije con una sonrisa serena. "Lo haré".
Con una calma aterradora, subí al escenario, lo hice firmar un documento sin leer, y leí cada palabra de esa humillante carta.
Luego, con la espalda recta, bajé. Dejé a mi hija en su auto alquilado y nos dirigimos al aeropuerto.
"Nos vamos lejos, mi amor", le susurré a Camila, "a un lugar donde nadie pueda volver a hacernos daño. A empezar de nuevo".
El avión despegó. Mi guerra había terminado. Y yo, por primera vez, había ganado. Un Destino Cruel: Amor en Cautiverio
Mafia El olor a pintura, cemento y el bullicio de Tepito eran el mundo de Sofía, una artista que plasmaba en murales los rostros olvidados, exigiendo justicia con cada trazo.
Un día, su vida dio un giro brutal cuando "El Patrón", el temible dueño de la ciudad, se fijó en su talento y, sin dudarlo, la secuestró para convertirla en su "artista personal".
Enjaulada en un palacio de oro y miedo, Sofía se vio forzada a fingir amor y adaptarse a un infierno de lujo y crueldad, sobreviviendo a base de engaños, manipulaciones y sacrificios impensables, incluso el de su inocencia y parte de su alma.
¿Por qué ella? ¿Por qué esta cruel paradoja la obligaba a pintar la jaula que la aprisionaba mientras el odio crecía en su pecho? ¿Por qué el hombre que creyó su única familia, Mateo, se convirtió en una sombra indescifrable?
Pero el golpe más devastador llegó cuando Mateo le reveló la verdad: sus padres no murieron en un accidente, fueron asesinados por "El Patrón". Y su abuela, Doña Elvira, lo sabía todo, preparando el terreno para una venganza que trascendía generaciones.
Con la verdad revelada y el fuego de la venganza ardiendo, Sofía, con la astucia de un depredador y la ayuda leal de quienes amaba, se preparó para tomar el trono, no para gobernar, sino para quemar el imperio de sangre de su captor hasta los cimientos. Mi Venganza Nace del Amor Roto
Xuanhuan Hoy, mi algoritmo "Anima Conexión" debía elegir a mi socio.
En mi vida pasada, este mismo día fue el inicio de mi infierno. Lo manipulé para que Ricardo Montemayor, el hombre que yo amaba con locura, fuera el elegido.
Juntos construimos un imperio, solo para que él me despidiera y me humillara públicamente, acusándome de ser una farsante.
"¡Por tu culpa, Sofía tuvo que casarse con otro y sufrir! ¡Ella era el amor de mi vida y tú te interpusiste con tus trucos! ¡Ahora paga por tus pecados!" me escupió, revelando su traición.
Lo perdí todo: mi empresa, mi fortuna, mi dignidad. Morí sola, con el corazón roto, mientras Ricardo y Sofía anunciaban su compromiso.
¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo mi amor pudo cegarme ante su verdadera naturaleza?
Pero el destino, o la energía de mi abuela, me dio una segunda oportunidad. Desperté de nuevo, con todos los recuerdos intactos. Esta vez, "Anima Conexión" elegiría libremente.
Ricardo volvió a aparecer, tan arrogante como siempre. "Todos aquí sabemos que yo soy la única opción lógica. Saltémonos el teatro y anuncia mi nombre."
Pero ya no era la misma Ximena. Mi algoritmo estaba listo para revelar la verdad, y yo, para enfrentarme a mi pasado. Los Cincos Puntos Misteriosos
Moderno El olor a antiséptico del hospital es el último recuerdo de mi vida anterior.
Mi constructora familiar, el sueño de mi padre, quebró, y mis padres, ya mayores y enfermos, quedaron en la ruina.
La única esperanza era ganar el prestigioso concurso de diseño urbano para pagar sus cirugías, pero Camila, mi eterna rival e hija del hombre que nos lo quitó todo, siempre me superaba por "cinco puntos" .
Luché con alma y vida, noches sin dormir; pero Camila ganó, y mis padres, sin esperanzas, murieron poco después, yo les seguí, mi corazón dejó de latir del dolor.
¡Hasta que abrí los ojos! Estaba de vuelta en mi pequeño cuarto, un día antes de la entrega final del concurso, con el amargo mensaje de Camila en mi teléfono: "Sofía, ¿lista para perder mañana? Siempre serás la segunda."
La rabia y la humillación de la vida pasada me inundaron; las "derrotas" previas, siempre por cinco puntos, no eran coincidencia, y cada burla de Camila sobre mi "mediocridad" y el destino de mis padres me taladraba el alma.
El día del concurso, cambié los asientos para que Camila no hiciera trampa, pero aun así, ¡ella volvió a ganarme por cinco puntos!
La desesperación me invadió, hasta que, al ver a mi exnovio Miguel, cómplice y ahora pareja de Camila, recordar su "regalo" y su extraña advertencia de no "mojarlo".
Ahí lo entendí, un dispositivo de escucha en mi collar, ¡Miguel era la clave! Me habían estado engañando, robándome cada idea.
Pero lo más doloroso fue cuando, al deshacerme del collar, Camila volvió a ganarme por cinco puntos y se burló de mis padres enfermos, revelando que el fraude era más profundo, una estafa orquestada.
Esta vez, no iba a caer. Si no podía ganar limpiamente, me aseguraría de que ella tampoco lo hiciera.
En el concurso de becas, entregué un examen en blanco, exponiendo su sistema: ¡Camila sacó un "cinco" ridículo!
Su juego de manipular los "cinco puntos" quedó en evidencia, ¡y ya no me volvería a llevar! La jugada era mía y su imperio de mentiras caería ante la verdad de cómo se levantó sobre las ruinas de mi familia. Renacer de salto de puente
Romance Mi médico suspiró, confirmando lo inevitable: mi leucemia estaba en etapa terminal, y yo solo anhelaba la paz de la muerte.
Para mí, morir no era una pena, sino la única liberación de una culpa que nadie, excepto él, entendía.
Luego, mi teléfono sonó, y la voz fría de Mateo Ferrari, mi jefe y antiguo amor, me arrastró de nuevo a un purgatorio autoimpuesto.
Cinco años atrás, en los viñedos de Mendoza, su hermana y mi mejor amiga, Valeria, me empujó por la ventana para salvarme de unos asaltantes.
Su grito y el sonidFmao de un disparo resonaron mientras huía, y cuando la policía me encontró, Mateo me sentenció con un odio helado: "Tú la dejaste morir. Es tu culpa."
Desde entonces, cada día ha sido una expiación, una condena silenciosa bajo la crueldad de Mateo.
Él me humillaba, me obligaba a beber hasta que mi cuerpo dolía, disfrutando mi sufrimiento como parte de esa penitencia interminable.
Mi existencia se consumía bajo su sombra, una lenta autodestrucción en busca del final.
La leucemia era solo el último acto de esta tragedia personal, la forma final de un pago que creía deber.
¿Por qué yo había sobrevivido para cargar con esta culpa insoportable y el odio de quienes una vez amé?
Solo ansiaba el final, la paz que la vida me había negado, el perdón de Valeria.
Una noche, tras una humillación brutal, una hemorragia masiva me llevó al borde de la muerte.
Sin embargo, el rostro angustiado de mi amigo Andrés, y la inocencia de una niña que lo acompañaba, Luna, me abrieron una grieta de luz inesperada.
¿Podría haber una promesa más allá de la muerte, una oportunidad para el perdón y una nueva vida que no fuera de expiación? Le puede gustar
Anhelando al hombre incorrecto
Elysian Sparrow Pasó diez años persiguiendo al hombre correcto, solo para enamorarse del incorrecto en un fin de semana.
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Sloane Mercer ha estado locamente enamorada de su mejor amigo, Finn Hartley, desde la universidad. Durante diez largos años, ha estado a su lado, reparándolo cada vez que Delilah Crestfield, su novia, le destrozaba su corazón.
Cuando Delilah se compromete con otro hombre, Sloane piensa que finalmente podrá tener a Finn para ella. No podría estar más equivocada.
Desesperado y con el corazón roto, Finn decide presentarse en la boda de Delilah y luchar por ella una última vez. Y quiere a Sloane a su lado.
A pesar de sus dudas, ella lo acompaña a Asheville, esperando que estar cerca de Finn de alguna manera lo haga verla como ella siempre lo ha visto.
Todo cambia cuando conoce a Knox Hartley, el hermano mayor de Finn, un hombre que no podría ser más diferente a su amigo. Es peligrosamente magnético. Knox entiende a Sloane y se propone atraerla a su mundo.
Lo que comienza como un juego arriesgado entre ellos, pronto se convierte en algo más profundo. Sloane está atrapada entre dos hermanos: uno que siempre ha roto su corazón y otro que parece decidido a conquistarlo... sin importar el costo.
AVISO DE CONTENIDO:
Esta historia está destinada exclusivamente a mayores de 18 años.
Explora temas de romance oscuro como la obsesión y el deseo con personajes moralmente complejos.
Aunque es una historia de amor, se recomienda discreción al lector. De Joven Pobre A Esposo Adecuado
Little Red Cap La vida me dio una bofetada sin mano, dejándome de la realeza a vendedora de bolsos de lujo, los mismos que antes compraba sin pestañear.
Justo cuando pensaba que nada más podía sorprenderme, él, Mateo, el chico becado que solía seguirme con la mirada, cruzó la puerta de la tienda, transformado en un hombre imponente y millonario.
Mi corazón traicionero empezó a latir desbocado, mientras sus ojos oscuros me analizaban con una sonrisa casi imperceptible.
Aunque ahora era un poderoso magnate, para mí, seguía siendo el Mateo que, en la prepa, aceptaba mis almuerzos bajo el pretexto de ser "mi tutor" en un trato secreto inquebrantable.
Pero nuestro secreto no duró: la envidia de la profesora de física y la crueldad de Raúl lo expusieron.
Raúl, ciego de celos, lo golpeó brutalmente, y por protegerme, Mateo lo soportó todo en silencio para no perder su beca.
"Si me expulsan, no puedo ir a la universidad. Y si no voy a la universidad... nunca podré darte nada", me dijo, mientras lo llevaba a rastras a la clínica de mi familia.
Me destrozó ver cómo ese noble chico, que juraba protegerme, recibía golpes por mí, una "princesa" acostumbrada a que el mundo girara a su alrededor.
Y yo, cegada por la ira y el dolor, usé la influencia de mi padre para destruir a Raúl, sin medir las consecuencias.
Esa fue la última vez que le vi.
Me fui a la universidad, esperando que me buscara, pero nunca lo hizo.
Hasta que la vida nos golpeó, mi familia lo perdió todo, y yo me vi obligada a trabajar en una cafetería para sobrevivir.
Un día, mi celular sonó y era su voz, profunda y madura, "Me enteré de lo que pasó. Lo siento tanto" , me dijo.
De la nada, hizo una transferencia millonaria para ayudarme y, como en el pasado, no aceptó un "no" por respuesta.
"Una vez me dijiste que era un trato. Tú me ayudabas con las tutorías, yo te pagaba con comida. Bueno, ahora el trato se invierte".
Y así, de nuevo, nos conectamos en un torbellino de emociones y recuerdos.
Hasta que una tarde, la campana de mi cafetería sonó y él apareció, de pie, más alto y delgado que nunca, con esa sonrisa tímida.
"Vine solo para verte. Y para asegurarme de que estabas bien", susurró, mientras me abrazaba.
"Voy a trabajar muy duro, Sofía. Voy a conseguir un buen trabajo, y voy a sacarte de aquí. Te lo prometo. Te daré una vida mejor."
En ese momento, apareció Raúl, para burlarse de nuestro reencuentro, pero Mateo, con una calma aterradora, le soltó una verdad demoledora, "Con mi cerebro y determinación, construiré un futuro que con tu dinero heredado, jamás podrías imaginar" .
Mateo se marchó, dejándome con la sensación de que, a pesar de todo, siempre lo elegiría a él.
Años después, en esa misma tienda de lujo en la que trabajo, el destino irrumpió con Mateo.
Me entregó bolsas y bolsas de bolsos de diseñador, y dijo, "Te espero afuera... súbete, tenemos mucho de qué hablar".
En el coche, me reveló que su padre biológico, un magnate tecnológico, lo había encontrado y él, siendo su único heredero, había comprado la deuda de mi padre.
Él había cumplido su promesa de darme una vida mejor, pero a pesar de la cercanía, mantenía una extraña distancia emocional, como si yo fuera solo un "proyecto de caridad".
Frustrada y con el corazón en la mano, decidí salir con otro hombre, Carlos, para intentar borrarlo de mi cabeza.
Pero Mateo no lo permitió, saboteando cada cita, demostrando ser un genio controlador con un lado posesivo aterrador.
Hasta que, agotada, lo enfrenté: "Mateo, tú y yo solo somos amigos. Necesito que respetes eso".
Él apareció en la puerta de mi casa, pálido y con los ojos rojos, y con la voz llena de un doloroso arrepentimiento, me confesó una verdad aplastante.
"Te he amado desde el primer día que me hablaste en el salón de clases, Sofía. Te he estado perdiendo por mi estúpido miedo. No puedo... no puedo verte con otro".
Me arrodillé con él, y entre lágrimas, le susurré, "Llegas diez años tarde... me has hecho sufrir como nadie, y te amo como a nadie" .
Nos besamos, y me volví a sentir en casa.
Nos convertimos en una pareja poderosa, y en nuestro primer aniversario, me pidió que me casara con él.
Luego, en nuestra boda, Raúl apareció, y al intentar humillar a Mateo, lo derroté con una confesión que lo dejó pálido.
El padre de Mateo reveló que él era el presidente y único heredero del imperio tecnológico en el que nos movíamos, dejando a Raúl humillado.
De vuelta en su antigua casa, le dije: "No cambiaste tu destino, solo estuve aquí para verlo florecer".
Y sellamos nuestro amor con un beso, sabiendo que nuestro "para siempre" era real y absoluto. Ya No Era La Novia Abandonada
A Chu El evento "Aura de Moda" era la cumbre de mi éxito, mi marca "Renacer" brillaba como patrocinador principal, y mis diseños eran la envidia de todos.
Pero entonces, Ricardo Vargas y Sofía irrumpieron, su mera presencia un eco de la humillación que me infligieron hace cinco años, cuando mi mundo se hizo pedazos en el altar.
Me humillaron, escupieron veneno sobre mi pasado y se burlaron de mi supuesta desgracia, sin saber que su desprecio solo alimentaba mi fuego interior.
¿Acaso olvidaron que la mujer que abandonaron a las puertas de una iglesia fue capaz de levantarse y construir un imperio con sus propias manos?
Se atrevieron a dudar de mi felicidad, de mi valía, e incluso de mi anillo de bodas, ese que Ricardo intentó arrancar de mi dedo con una furia ciega, para luego arrastrarme y encerrarme como un animal.
Mientras yacía herida en la oscuridad, la voz de una amable limpiadora me dio la clave: mi esposo, el poderoso Marcos Vélez, venía a buscarme.
Y cuando Ricardo me arrastró de regreso para consumar su cruel espectáculo de humillación pública, blandiendo un cinturón para castigar mis manos, Marcos Vélez apareció, y con un solo golpe, el destino de Ricardo cambió para siempre. La Traición del Mole
Chen ziluo Hoy, nuestro séptimo aniversario de bodas, se suponía que sería un día de dulces recuerdos.
Pero el único sabor que sentía era la amargura de la traición, una foto en mi teléfono, mi esposo Ricardo y su asistente, Valentina, besándose apasionadamente en su oficina.
"A Ricardo le aburren los sabores tradicionales, Sofía. Él prefiere un juego más… prohibido. Y ese juego soy yo", leí el mensaje y mi mundo se vino abajo mientras seguía envolviendo tamales, los favoritos de Ricardo, para una celebración que nunca sería.
Horas después, las risas de Ricardo y Valentina resonaron en mi hogar, y mi pequeña Lucía se detuvo en seco al ver a la mujer colgada de su brazo.
"¡Qué bien huele!", exclamó Valentina, "Pero, ay, Ricardo, ya sabes que a mí el mole no me gusta. Se me antojan unos tamales de dulce, de esos rositas."
"Sofía, hazle unos tamales de dulce a Valentina", ordenó Ricardo, sin siquiera mirarme, su voz fría.
Con una calma que no sentía, le respondí: "No hay. Hice de mole, tus favoritos, para celebrar nuestro aniversario".
La respuesta de Ricardo fue violenta: gritó, tiró del mantel, destrozando todo, salpicando mole en Lucía y en mí, y nos encerró en la cocina, prometiendo una cena en el mejor restaurante para Valentina.
Acurrucada con Lucía en el suelo frío de la cocina, con el olor a mole y humillación impregnado en nosotras, supe que mi matrimonio no estaba roto, sino muerto.
Ricardo lo había matado mucho antes.
A la mañana siguiente, las risas crueles de Ricardo y Valentina nos recibieron.
"Pronto todo lo de tu papá será mío, escuincla. Y tú y tu mamá se irán a la calle, que es donde pertenecen", le dijo Valentina a Lucía.
Cuando Lucía la enfrentó, Valentina le derramó café caliente en el brazo. Ricardo entró, y en lugar de defender a nuestra hija, la abofeteó.
"¡Ni se te ocurra volver a tocarla!" , grité, abalanzándome sobre él.
"Mi lugar ya no es aquí", le anuncié. "Quiero el divorcio, Ricardo. Ahora mismo."
Su sonrisa torcida y cruel me heló: "Te vas a quedar aquí. Tú y ese estorbo. Y voy a hacer de cada día de tu vida un infierno".
En la oscuridad de la cocina, planeé mi escape. Le había entregado un acuerdo de divorcio legal entre sus documentos, que él, confiado en su control, había firmado.
Solo necesitaba el momento perfecto para mi venganza.
El caos estalló un sábado cuando Lucía, harta de Valentina, la pateó, y esta la empujó, haciendo que la cabeza de mi hija golpeara la mesa.
Un hilo de sangre brotó de su sien y el pánico me invadió.
"¡LA MATASTE! ¡VOY A MATARTE, VALENTINA! ¡LO JURO!", grité, golpeando la puerta.
Ricardo llegó, y Valentina, llorando, lo manipuló: "¡Ricardo, mi amor! ¡Ayúdame! ¡Esta niña salvaje me atacó y Sofía me está amenazando de muerte!".
Él me gruñó: "¿Qué demonios hiciste ahora, Sofía?" .
"¡Fue ella! ¡La empujó!" , lloré. "¡Lucía no se mueve, Ricardo! ¡Tenemos que llevarla a un hospital!" .
Su respuesta fue cruel: "La llevaré al hospital. Pero con una condición. Pídele perdón a Valentina. De rodillas" .
"Ponte de rodillas y suplícale a Valentina que te perdone por haber criado a una hija tan agresiva. O la dejo aquí, en el suelo, hasta que se desangre. Tú decides."
Por Lucía, me arrodillé, la humillación quemándome la garganta.
"Perdóname, Valentina. Te ruego que me perdones".
Ricardo, con gélida satisfacción, exigió más: "No es suficiente. No parece sincero. Valentina quería tamales de dulce, ¿recuerdas? Vas a prepararlos. Ahora mismo. Los mejores tamales de dulce que hayas hecho en tu vida".
Amasé los tamales con lágrimas, el veneno de mi odio mezclándose con el dulce. Cuando terminé, me derrumbé.
Ricardo, al principio indiferente, entró en pánico al verme inconsciente.
Vio mis moretones, cicatrices de su propia violencia, y una culpa abrumadora lo golpeó.
En la ambulancia, entre Lucía y yo, susurró: "Perdóname, Sofía. No sé en qué me convertí".
Desperté en el hospital, y Ricardo, con una muñeca, intentó redimirse, pero Lucía, con una frialdad adulta, lo rechazó: "No quiero tu muñeca. Y no me llames princesa. Tú no eres mi papá" .
"Tú no eres mi papá. Mi papá no me pega. Mi papá no deja que esa mujer mala me lastime. Vete", le dijo Lucía.
Mi risa seca resonó. "¿Como antes, Ricardo? ¿Lo de ayer, o lo de hace años, cuando me abandonaste por tu amante?"
Cuando le pregunté si Valentina le había dicho que Lucía no era su hija, su silencio confirmó que su crueldad nació de una mentira.
Horrorizado, Ricardo obtuvo una prueba de paternidad que confirmó que Lucía era suya.
Dejó a Valentina y llamó a la policía para denunciarla por agresión a un menor, fraude y extorsión.
Valentina, acorralada, gritó maldiciones, pero Ricardo, ya sin nada que perder, la entregó a las autoridades.
Al día siguiente, Ricardo nos esperaba en casa. "Lo siento", dijo, su voz ronca.
"Ahorrátelas, Ricardo. Solo venimos por nuestras cosas", le corté.
Le entregué el sobre que lo hizo palidecer. Era el acuerdo de divorcio, firmado por él mismo.
"El daño que nos hiciste a mí y a mi hija no se arregla con dinero, Ricardo", le dije. "Hay cosas que se rompen para siempre. Y tú rompiste esto".
Lucía y yo nos fuimos, dejándolo sollozando en la sala.
En el taxi, Lucía preguntó: "¿A dónde vamos ahora, mami?".
"A donde queramos, mi amor. A empezar de nuevo". Y por primera vez en años, respiré libre. LA CHICA
YorickoP "La chica": ella era una habitante de la calle, analfabeta, sin apellidos, cabello rubio, ojos con evidente heterocromía, muy delgada, sucia, con la ropa raída y edad incierta.
Un día fue atropellada por el auto super lujoso de un hombre serio, calculador, amargado y despiadado que tuvo que detener su camino porque había muchos testigos alrededor y con sus teléfonos listos grabando todo, así que le ordenó a su chofer que saliera y se hiciera cargo de lo que fuera que hubieran golpeado.
Al tenerla en el automóvil el olor nauseabundo que desprendía ella, lo asqueaba, pero solo fue una primera impresión, el tiempo lo hará desearla, anhelarla y buscarla con desesperación.