Tang BuTian
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Libros y Cuentos de Tang BuTian
Venganza de La Esposa Despreciada
Suspense Llevaba cinco años casada con Mateo, un arquitecto exitoso que me eligió a mí, una simple panadera.
Mi vientre, ahora de ocho meses, era el testimonio de un milagro, la culminación de años de tratamientos y de nuestro amor.
Hoy era su cumpleaños y horneaba su pastel favorito, el de tres leches, lista para darle una sorpresa.
Encendí el monitor de bebés para saber el momento exacto en que él terminaría su llamada de trabajo.
Pero la voz que escuché no era de negocios, era la de su socio: "¿Cuándo le vas a decir a la panadera que el bollo que tiene en el horno no es suyo?".
La risa de Mateo llenó el altavoz: "Es épico. La tienes creyendo que es infértil durante cinco años, metiéndole pastillas en su té, y ahora la usas de incubadora para tu verdadera reina, Camila".
Mi mano soltó el cuchillo, que cayó con un estruendo metálico sobre el mármol, rompiendo mi corazón.
¿Cinco años creyendo que era yo la defectuosa? ¿Mi vientre, mi bebé, era solo un engaño, un medio para un fin depravado?
El té amargo que me daba cada noche. Las fotos que tomaban de mi cuerpo mientras dormía.
La humillación pública en la fiesta de cumpleaños de su amante, donde un "cóctel sin alcohol" provocó una hemorragia y la pérdida de mi hijo.
Ellos creyeron que me habían destruido, pero solo lograron despertar a un monstruo.
Mi venganza comenzó en ese instante, fría, calculadora y letal.
Iban a pagar por cada lágrima, cada humillación, por la vida de mi bebé. Corazón Roto, Alma Vengativa
Xuanhuan La bala helada me atravesó el cráneo, borrando todo en un destello blanco.
Lo último que vi fue el alivio gélido en los ojos de mis padres, mientras mi madre susurraba: "Sofía, es lo mejor. Camila era la verdadera asesina de Pedro. Pero tú debes pagar".
Mi hermana gemela, Camila, se había quitado la vida después de que la expuse por robar mi lugar en la UNAM. Pero su nota de suicidio me acusaba de matar a Pedro, nuestro rival académico.
El mundo me creyó. Me llamaron asesina. Mis propios padres me entregaron a la policía.
"Es un monstruo", sollozó mi padre ante las cámaras. Incluso Mateo, mi mejor amigo, testificó en mi contra.
Grité mi inocencia en el tribunal, supliqué, lloré, pero nadie me escuchó. Fui condenada a muerte.
Pero entonces, abrí los ojos. El sol se filtraba por la ventana de mi antiguo cuarto. Miré mi celular y la fecha: ¡Era el día de la ceremonia de bienvenida de la UNAM!
Había regresado. El día en que mi vida se fue al infierno.
Una risa amarga escapó de mis labios. Lágrimas de furia helada corrían por mis mejillas. En mi vida anterior, fui ingenua. Pero esta vez, no habría piedad.
No solo la expondría; la destruiría. A ella y a todos los que me traicionaron. La Hija Pérdida De La Familia
Moderno Elena, una joven forjada en la miseria, cruzó el umbral de una mansión que olía a dinero y promesas vacías.
Era el hogar de sus padres biológicos, Ricardo e Isabel, quienes, junto a su hijo Javier y la perfecta Sofía, la recibían con lágrimas fingidas y abrazos huecos tras dieciocho años de abandono.
Pero esta cálida bienvenida pronto reveló su verdadera naturaleza: acusaciones de "salvaje" y "mercenaria" por parte de Javier, mientras Sofía, con una sonrisa dulce y ojos calculadores, orquestaba una trampa, culpandola de un "accidente" que la dejó con el brazo herido.
Ricardo e Isabel, en lugar de creer a Elena, exigieron una disculpa y la sometieron a humillación pública, forzándola a asistir a clases de etiqueta y a la fiesta de Sofía, un castigo que la obligaba a perder un tiempo precioso y a someterse a una farsa social.
Con una calma gélida, Elena aceptó el trato: se disculparía, asistiría a la fiesta y tomaría las clases, pero no sin antes transformar cada imposición en una oportunidad para adquirir los recursos necesarios para su verdadera meta: estudiar derecho y escapar de esa pesadilla. El Paradeo de la Azul Cobalto Lunar
Moderno El estridente sonido del teléfono desgarró la tranquila noche, clavándose en el cerebro de Javier como una premonición. Era el hospital.
Una voz monótona le informó del accidente de su abuela, Elena Torres, ingresada en urgencias. El mundo de Javier se detuvo, su pilar, la mujer que lo crió, ahora estaba en estado crítico con una fractura craneal.
Mientras Javier intentaba procesar la noticia, Sofía, su esposa, llegó, sus ojos fríos buscando a otra persona. "¿Dónde está Rodrigo? ¿Está bien?". Rodrigo, el joven diseñador al que Sofía protegía.
La incredulidad de Javier se convirtió en furia cuando Sofía defendió a Rodrigo, culpó a su abuela del "accidente" y le reveló que había manipulado la investigación. Él descubrió que Rodrigo se había saltado un semáforo en rojo. La amenaza de Sofía, de congelar sus cuentas y prohibirle ver a su abuela si la demandaba, lo dejó sin aliento, sintiéndose atrapado.
En medio de su desesperación, recogiendo las últimas cosas de su abuela, Javier las encontró en su propia casa: Sofía y Rodrigo, coqueteando, conspirando, llamándolo "la pequeña piedra en el zapato". La traición se clavó en su corazón.
De repente, un sobre polvoriento reveló un secreto: la patente del esmalte "Azul Cobalto Lunar" de su abuela, la base del imperio de Sofía, ahora le pertenecía. El poder había cambiado de manos. Con esta revelación, Javier recuperó su voz, su propósito: "Voy a destruir tu negocio para salvarla a ella". La guerra acababa de comenzar. La Bailaora y el Heredero
Romance La noche sevillana olía a azahar y a peligro, una realidad que Luciana García, una bailaora de Triana, conocía bien.
Pero esa noche, el peligro la encontró cuando un matón obsesionado la drogó, obligándola a lanzarse al Guadalquivir para escapar.
Máximo Castillo, un apuesto heredero de viñedos, la rescató del río, solo para despreciarla de inmediato, viéndola como una vulgar cazafortunas que osaba besarlo.
Días después, la vida de Luciana dio un giro impensable: fue reclamada como la hija perdida de la rica familia Castillo, solo para ser recibida con desdén y constantes humillaciones por parte de la envidiosa Sabrina, la hija adoptiva, y la maliciosa Tía Teresa.
¿Cómo era posible que el hombre que la había salvado ahora la mirara con asco, o que una familia que debería acogerla la tratara como una sucia intrusa?
Máximo, sin saberlo, comenzó una correspondencia secreta con "El Cuervo de la Giralda", una escritora de misterio que lo cautivaba, ignorando que se estaba enamorando de la misma mujer a la que despreciaba.
Pero el juego de Sabrina escaló: reveló el oscuro secreto familiar del suicidio de la madre biológica de Luciana, destrozando su mundo y forzándola a huir para reconstruir su propia verdad.
Mientras Luciana desenterraba el devastador engaño de su Tía Teresa en Madrid, Máximo se dio cuenta de que la mujer que odiaba y la mujer que amaba eran la misma.
Ahora, armada con la verdad y un corazón más fuerte, Luciana regresa a Jerez, no como una víctima, sino con fuego en los ojos para desvelar cada mentira y reclamar su lugar.
¿Podrá, finalmente, el amor y la verdad derribar el peso del prejuicio y la intriga que tanto los ha separado? Le puede gustar
Venganza de La Esposa Despreciada
Tang BuTian Llevaba cinco años casada con Mateo, un arquitecto exitoso que me eligió a mí, una simple panadera.
Mi vientre, ahora de ocho meses, era el testimonio de un milagro, la culminación de años de tratamientos y de nuestro amor.
Hoy era su cumpleaños y horneaba su pastel favorito, el de tres leches, lista para darle una sorpresa.
Encendí el monitor de bebés para saber el momento exacto en que él terminaría su llamada de trabajo.
Pero la voz que escuché no era de negocios, era la de su socio: "¿Cuándo le vas a decir a la panadera que el bollo que tiene en el horno no es suyo?".
La risa de Mateo llenó el altavoz: "Es épico. La tienes creyendo que es infértil durante cinco años, metiéndole pastillas en su té, y ahora la usas de incubadora para tu verdadera reina, Camila".
Mi mano soltó el cuchillo, que cayó con un estruendo metálico sobre el mármol, rompiendo mi corazón.
¿Cinco años creyendo que era yo la defectuosa? ¿Mi vientre, mi bebé, era solo un engaño, un medio para un fin depravado?
El té amargo que me daba cada noche. Las fotos que tomaban de mi cuerpo mientras dormía.
La humillación pública en la fiesta de cumpleaños de su amante, donde un "cóctel sin alcohol" provocó una hemorragia y la pérdida de mi hijo.
Ellos creyeron que me habían destruido, pero solo lograron despertar a un monstruo.
Mi venganza comenzó en ese instante, fría, calculadora y letal.
Iban a pagar por cada lágrima, cada humillación, por la vida de mi bebé. La Vida Mentirosa: No perdonaré Nunca
Gong Zi Qian Yan Introducción
Durante siete años, viví una farsa, creyendo ser la amada prometida de Máximo Castillo y la madre feliz de Leo.
Mi rostro no era mío, mis recuerdos eran falsos; era la copia de una mujer muerta.
Pero la mentira estalló en pedazos cuando la verdadera Sofía Salazar regresó en medio de una fiesta.
Mi hijo, Leo, con la inocencia de sus siete años, la señaló y dijo: "Mamá, esa mujer no eres tú".
El pánico se desató, Sofía cayó a la piscina, y Máximo, con una furia incomprensible, arrastró a nuestro hijo al borde.
Él, que tenía un miedo terrible al agua, fue arrojado sin piedad al fondo.
Lo saqué inerte, mientras Máximo consolaba a Sofía, y la televisión anunciaba que él celebraba su "séptimo aniversario" con ella.
En ese instante, algo se rompió en mi cabeza y la verdad me golpeó como un aluvión: mi nombre era Lina Garcia, y Leo era el hijo de una violación atroz, no de un amor idílico.
Máximo no solo me había engañado, sino que al enterarse de la muerte de Leo, se burló, arrojó sus cenizas al suelo y me mostró un informe falso de ADN, golpeándome brutalmente.
¿Cómo pude amar, o creer que amaba, a un monstruo capaz de tanto horror?
Pero el destino tenía otros planes; los secretos finalmente salieron a la luz.
Su tía Isabel reveló la verdad en su funeral: Leo era su hijo biológico, el ADN había sido falsificado por Sofía, y la misma Sofía había manipulado la medicación de su madre.
Además, la herencia de Máximo, su imperio vinícola, ahora me pertenecía a mí.
Con el dolor aún fresco, tomé mi lugar para desmantelar su imperio de mentiras y asegurar que cada uno pagara por sus crímenes.
La sumisa "Sofía" había muerto con su hijo, y Lina Garcia, la verdadera Lina Garcia, se levantaría de las cenizas para reclamar justicia y su propia vida. La Historia de los Asesinos
Chen ziluo Era viernes por la tarde, un día que prometía la alegría habitual con mi hija.
Mis suegros se llevaron a Luna, y una premonición me oprimió el pecho.
Ricardo, mi esposo, desestimaba mis temores con condescendencia.
«¡Estás exagerando!», me dijo.
Pero su paciencia se quebró cuando le pedí que la trajera antes.
Entonces, soltó esa frase mortal, casi como un pensamiento secundario.
«Además, Isabel también irá. Ayudará a cuidarla».
Isabel, esa mujer que mi esposo admiraba de forma inapropiada.
La traición me golpeó como un rayo, la cena se volvió cenizas en mi boca.
Las excusas de mis suegros al día siguiente, evitándome hablar con mi niña, solo alimentaron mi pánico.
«Está durmiendo», decían, y el clic del teléfono al colgar resonaba como un disparo.
La presa se rompió; grité a Ricardo: «¡Me están mintiendo!».
Pero él defendió a su familia, a Isabel.
«¡Cálmate de una vez! ¡Estás haciendo un escándalo por absolutamente nada!».
Me sentí sola, atrapada en una pesadilla.
Tomé el teléfono y, al llamar a Ricardo, escuché su risa cómplice con Isabel.
«Tu esposa es tan intensa», dijo ella.
Y él respondió: «Déjala. Ya se le pasará el berrinche. Está loca».
El mundo se detuvo, el dolor era insoportable, pero Luna era lo único que importaba.
«¿Dónde está mi hija?».
«Está… con mis padres. Ya te lo dije. Deja de molestar», me interrumpió y colgó.
Corrí a la policía, pero mis ruegos fueron en vano; dijeron que era una "disputa familiar" .
Luego, una llamada del hospital: «Accidente… Luna Patterson».
Corrí sin aliento, solo para encontrar un pequeño cuerpo bajo una sábana blanca, con su pulsera de listones.
Ricardo, pálido, me gritó: «¡Tú tienes la culpa!».
Ese fue el final.
Mi dolor se transformó en rabia; la bofetada resonó en la morgue.
La cámara de seguridad falló en el momento crucial, y mi suegra había autorizado la cremación.
«¿Cómo pueden cremar a un niño sin la firma de ambos padres?».
Entonces, recordé el bolso de Luna en el coche de Ricardo; Isabel tenía los documentos de mi hija.
Esto no fue un accidente.
Yo me encargaría de que él y los suyos pagaran. Venganza Perfecta: Amor Falso
Yi Xiaoxin Mi teléfono sonó con urgencia, la voz agitada de mi asistente confirmaba que algo terrible había pasado.
"Señor Alejandro, tiene que venir al club... Es... es Camila..."
Un grito desgarrador, seguido de golpes sordos, me heló la sangre.
Corrí al Club, las sirenas ya se escuchaban a lo lejos.
Adentro, el caos; mesas volcadas, botellas rotas. Y en la sala VIP, un hombre yacía golpeado y ensangrentado.
En el centro de todo, Camila, con su vestido empapado en sangre, una botella rota en la mano y una mirada salvaje.
Justo cuando entré, blandió la botella de nuevo, lista para un golpe más.
"¡Camila!" , le grité.
Ella se detuvo, como despertando de un trance.
"Alejandro…", susurró con una sonrisa extraña. "Quería tocarme… Dijo que tú ya no me querías".
De repente, se lanzó hacia el hombre, pateándolo brutalmente.
Todos contuvieron el aliento, mientras ella me miraba con una devoción enfermiza.
"Nadie puede hablar mal de ti, mi amor" .
Siempre había sido mi "Camila la Loca" , mi sombra, la que se arrastraba por mí.
Pero la verdad era más oscura. No era yo a quien ella amaba, sino a Eva, mi hermana desaparecida.
Camila se había convertido en mi perfecta obsesión, la imagen viva de Eva, y yo, ciego, la había usado.
Ella me había permitido creer que era mi juguete, mi perra faldera, la mujer que mataría por mí.
Incluso cuando Sofía llegó y la humillé públicamente, la vi arrodillarse, y fingir devastación.
Todo era una actuación.
Una trampa, una venganza fría y calculada.
Pero ¿por qué? ¿Qué había detrás de esa mirada, ese odio oculto?
Ahora lo sé. Y mi imperio de mentiras ha caído.
Ella lo planeó todo, cada paso, cada lágrima.
Y yo, el depredador, fui su presa.
Porque la "loca" de Camila nunca me amó.
Y yo nunca supe con quién estaba tratando realmente. El Beso de la Víbora: La Venganza de una Esposa
Liu Jia Bao Er La llamada entró en el día más caluroso del año. Mi hijo, Leo, estaba encerrado en un coche hirviendo por culpa de la hermanastra de mi esposo, Sofía, mientras mi marido, Mateo, se quedaba de brazos cruzados, más preocupado por su Mustang clásico que por nuestro hijo, que apenas estaba consciente.
Cuando rompí la ventanilla para salvar a Leo, Mateo me obligó a disculparme con Sofía, grabando mi humillación para exhibirla públicamente. Pronto descubrí su escalofriante secreto: se casó conmigo solo para poner celosa a Sofía, viéndome como nada más que una herramienta en su juego retorcido.
Con el corazón destrozado, solicité el divorcio, pero su tormento se intensificó. Me robaron mi empresa, secuestraron a Leo e incluso orquestaron una mordedura de serpiente venenosa, dándome por muerta.
¿Por qué me odiaban tanto? ¿Qué clase de hombre usaría a su propio hijo como un peón, y a su esposa como un arma, en una farsa tan cruel?
Pero su crueldad encendió una furia helada dentro de mí. No me romperían. Iba a contraatacar, y les haría pagar. Ceguera Parental: Mi Último Aliento
Bao Fu Ya Ya Soy un fantasma, suspendido sobre mi propio cadáver.
Mi padre, el mejor detective de la ciudad, y mi madre, la forense más respetada, no saben que este cuerpo desfigurado tendido en un callejón es Ricardo, su único hijo.
El hombre que me asesinó se reía, su aliento apestaba a alcohol y a una venganza añeja, exigiendo un dolor inolvidable a mi padre.
En ese instante de terror, cuando la sangre me ahogaba y mis ojos y lengua habían sido arrancados, mi celular sonó.
Era mi padre, impaciente y molesto, "Ricardo, ¿dónde demonios estás? El partido de tenis de Miguel está por empezar."
Solo pude emitir un gorgoteo ahogado, "¡Papá, ayú…!" , antes de que colgara, regañándome por ser egoísta y no pensar en Miguel, su hijo adoptivo perfecto.
Mi asesino se rio con una carcajada infernal mientras la última gota de esperanza se me escapaba.
Ahora, mis padres examinan mi cuerpo en la escena, dictando órdenes con distancia clínica, mi madre incluso toca el anillo que les di de aniversario, pero no me reconoce.
Para ellos, soy un "John Doe" , un caso más, un "lío" , mientras colman de orgullo y amor a Miguel, felicitándolo por su campeonato.
Escucho su hartazgo por mi "irresponsabilidad" y me pregunto si existí en sus corazones, o solo fui un recordatorio de un trauma que preferían olvidar.
Mi propio padre maldijo mi existencia, deseando que me pasara algo, justo cuando yo moría.
En la morgue, mi madre pasa junto a mi cuerpo casi con ternura, tocando mi cicatriz de la infancia, pero solo dictando: "Cicatriz antigua, probablemente de la infancia" .
La esperanza se desvanece; soy una pista anónima.
El papel que se encuentra en mi estómago, una lista de compras que hice para ellos, y el farmacéutico que me reconoció, revelan la verdad.
Mis padres se paralizan; las palabras del forense resuenan: "La víctima es Ricardo."
Mi padre suelta el auricular, su negación se desmorona; mi madre se aferra al anillo, el grabado de "Mamá y Papá" revela la devastadora verdad.
En la morgue, sus lágrimas caen sobre mi cuerpo, sus súplicas de perdón llenan el vacío.
Observo a Miguel, mi hermano adoptivo, actuando su dolor, mientras mis padres defienden su "perfección".
Pero mi tía Elena ve la verdad, y mi padre descubre mi diario, las pistas de Miguel.
Finalmente, en la premiación de Miguel, la verdad explota.
Mi padre lo detiene, el criminal confiesa la traición de Miguel, revelando su odio y celos.
Miguel, con su máscara caída, grita su confesión, destruyendo a mis padres.
Mi padre renuncia, mi madre se quiebra, susurrando mi nombre en el hospital.
Mi rabia se disipa; solo queda tristeza.
El eco de mis palabras vacías resuena: "Si tan solo me hubieran visto antes." La Venganza de la Heredera Renacida
Yu Xin El sabor amargo de la sidra barata se mezclaba con el veneno en mi garganta.
Caí al suelo de la sidrería, mis pulmones luchaban por aire. Lo último que vi fue el rostro de Valentina, mi compañera de piso, mi amiga.
En sus ojos no había pánico, solo una fría satisfacción. Me había asesinado.
Todo por envidia. Por mi apellido, por mi vida, por todo lo que yo, Sofía Soler, inconscientemente le había arrebatado. Y antes de que mi mundo se oscureciera, vi a Javier, el chico que me gustaba, de la mano de ella.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¡Yo solo quería vivir mi vida! ¿Por qué fui tan ciega?
Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en mi cama. El calendario marcaba el día de mi muerte. Y allí estaba ella, ¡Valentina, como si nada! Esta vez, el veneno no sería para mí. El Chat Encriptado y Secreto
Yi Shi Mi amigo me metió en un chat encriptado, "Pasión Brava". Al principio creí que era de toros, de los de verdad, pero lo que vi me revolvió el estómago: peleas clandestinas, sangrientas, por dinero. Mucho dinero.
Quise salir de inmediato, pero entonces un anuncio me heló la sangre: "Próximamente, el duelo a muerte definitivo". En el video, una marca de plata en el lomo de un toro me destrozó el alma. Era la P y la L entrelazadas que diseñé para Lina, el regalo de nuestro aniversario.
Mi esposa, mi dulce Lina, ¿involucrada en esto? Las sospechas se volvieron una pesadilla. Contraté a un detective y las fotos que recibí me hirieron hasta lo más profundo: Lina riendo con otro hombre, entrando a un hotel boutique. No solo la traición era doble, sino que al intentar confrontarla, un mensaje en el chat confirmaba mis peores miedos: "Nuestra proveedora informa que su marido empieza a sospechar. Si se convierte en un problema, habrá que solucionarlo."
Sabía lo que significaba ese "solucionarlo" . El miedo me paralizó, pero no podía permitirlo. Rastree a Lina, la encontré en un matadero abandonado, el mismo donde entregarían al toro. Fui directo a enfrentarla, a pedir explicaciones. Pero justo cuando iba a entrar, un golpe seco y eléctrico me dejó inconsciente.
Desperté solo, en medio de la nada, sin nada. Cuando llegué a casa, Lina me recibió con la misma sonrisa de siempre, fingiendo preocupación. ¡Se acabó el teatro! Le grité, saqué las fotos, la confronté con la marca y el matadero. Su rostro palideció, pero entonces, susurró una verdad que me dejó helado: el hombre era su hermano, y el diseño de la marca fue la carnada perfecta en una venganza que llevaban años planeando.
¿Una venganza? ¿Yo solo un peón en su juego? Mi vida se había convertido en un infierno por estos monstruos. Pero al ver el fuego en sus ojos, la determinación en su voz, supe que era hora de que pagaran. "De acuerdo," le dije. "Lo haré." La Esposa Abandonada, El Arrepentimiento del Multimillonario
Blake Finch Mi vuelo de aniversario estaba a punto de abordar cuando apareció Carla, la asistente de mi esposo, con el rostro bañado en lágrimas, suplicándome que le diera mi boleto porque su madre supuestamente se estaba muriendo. Era absurdo, pero le dije que buscara otra forma, sin saber la trampa en la que estaba cayendo.
Cuando llegué a casa, mi esposo, Leonardo, me confrontó, acusándome de abandonar a Carla. Luego me ofreció un vaso de agua que, sin que yo lo supiera, estaba drogada. Desperté sola, varada en un desierto abrasador, con el sol como un infierno ardiente sobre mí.
Un helicóptero apareció en el cielo. Vi a Leonardo con Carla, quien sostenía un teléfono, transmitiendo en vivo mi tormento con el hashtag #AriCaminaElDesierto. Se jactaron de la supuesta bancarrota de mi familia y me ordenaron que me disculpara con Carla. Cuando me negué, los guardaespaldas de Leonardo me quitaron los zapatos, dejándome descalza sobre la arena ardiente, donde luego arrojaron clavos oxidados frente a mí.
Me obligué a caminar, con los clavos perforando mis pies, dejando un rastro de sangre. El médico a bordo gritaba que estaba perdiendo demasiada sangre, pero a Leonardo no le importó. Luego, un saco de víboras de cascabel, las más venenosas del desierto, fue arrojado en mi camino, atacando mi miedo más profundo.
Me quedé helada, paralizada por el terror, mientras una víbora se deslizaba hacia mí y me mordía la pantorrilla. El médico gritó pidiendo el antídoto, pero Carla "accidentalmente" tiró el frasco, haciéndolo añicos. Leonardo, más preocupado por su orgullo y la transmisión en vivo que por mi vida, exigió que me disculpara con Carla y con la cámara por su "espectáculo".
—Nunca —grazné, negándome a darle esa satisfacción. Justo cuando los guardaespaldas de Leonardo me obligaban a ponerme de rodillas, un helicóptero de grado militar descendió del cielo.